Vuela alto, Angelito



Era el minuto 14 de la prórroga. El Madrid se enfrentaba al mejor Barcelona de la historia tratando de comenzar a arrebatarle el cetro gobernante del fútbol español en la final de la Copa del Rey. Ese minuto pasará a la historia por el cabezazo de Cristiano Ronaldo a lo Santillana, por la gloria, por la alegría, por las ganas de sacarnos de encima ese lastre de segundón al que jamás, por Chamartín, hemos estado acostumbrados. Pero ese minuto tuvo un dueño, un origen, un Ángel que lo fabricó y que hizo volar ese balón tras una carrera peleada, trabada, hombro con hombro. Fueron muchos los que a partir de ese momento se enamoraron de Ángel Di María.

Volante ofensivo con desborde, habilidad y gol. Con buen remate de media distancia. Velocidad, proyección y presencia en ataque y en labores defensivas. Ese 22 correteaba como nadie, subía y bajaba, subía y bajaba, desbordaba, centraba y la pegaba después de hacer una diagonal que podía ser perfectamente firmada por Messi o Robben. Y de rabona. ¡Ay esas rabonas! Cuentan los que le conocen que su madre Diana no sabía qué hacer con ese delgadito que no paraba un segundo quieto. La mamá acudió al médico y éste le dio, gracias a Dios, la única respuesta posible, que jugase al fútbol. Su padre Miguel, deseaba que las lesiones no se cebasen con su hijo de la misma forma que lo habían hecho con él cuando, siendo joven, a punto estuvo de firmar por River Plate. Ahora trabajaba en una carbonería y recibía la ayuda del pequeño e hiperactivo Ángel. Hoy, el hijo del carbonero, Angelito, sigue siendo el Flaco, el Fideo, y corre a la misma velocidad y con las mismas ganas de siempre. Sin embargo, en aquella final de Copa, la carrera fue inolvidable igual que otras tantas que le han llevado a ser uno de los mejores jugadores del presente del Real Madrid (el mejor muchas veces y el único revulsivo en otras tantas), el hombre que llegó al Mundial de Brasil 2014 como el futbolista argentino en mejor estado de forma por encima del “O Rei” Lionel Messi. Ese que hizo emocionar a los 40 millones con su gol ante Suiza y ese que este verano paso de ángel blanco a diablo rojo en el fichaje más sonado por el Manchester United. Ahora, Angelito vuela lejos de Madrid y somos muchos los que le echamos de menos.

“Uno veía que jugaba bien, pero nunca imaginé que iba a llegar a donde está. Era un jugador para arribar joven a la Primera de Rosario Central. Luego, todo dependía de él. Ahora, lo veo hablando con Mourinho, Ancelotti, Maradona y no puede creer que ese es Angelito”, se emociona Marcelo Trivisonno, ex defensor canalla y a cargo de la categoría inferior de Rosario que le vio debutar.

El flaco juega con una alegría de potrero. “Para mí es como si siguiera jugando con mis amigos en el barrio”. Esa es una de las virtudes que le hacen tan grande y que nos llenan el pecho de orgullo cada vez que le vemos dibujar su ya famoso corazón con las manos, un corazón que tiene nombre y apellidos: “Mi hija me enseñó que todo se puede, a saber que lo más difícil a veces se puede convertir en algo fácil, en que el esfuerzo de uno puede tener recompensa, me enseñó a saber sufrir y a saber aguantar el dolor, a ser más fuerte. Se lo debo a ella y a mi mujer, que son las que siempre están a mi lado y siempre apuestan por mí”. Con el primer contrato del Benfica construyó una casa para sus padres, en el barrio Alberdi de la ciudad de Rosario, con los pasados, ayudó a su hija a sobrevivir.

A Di María le espera la tarea de ser uno de los artífices de la vuelta del Manchester United a la Champions. De deslumbrar en Old Trafford como ya lo hizo en el Bernabeú y de demostrar que el precio que se pagó por él se quedó corto. Porque actualmente y desde la temporada pasada, Ángel Di María se asienta en el Olimpo de los mejores jugadores del mundo. Vuela alto, Ángelito.