Amy Winehouse en Madrid, 2008.

Una adicción bajo la lupa

Consideraciones sobre el documental Amy

Amy es más de lo que la gente imagina.

Si el personaje objeto del documental es lo que nos arrastra a verlo, la personalidad de Amy Winehouse es la que queda expuesta al final. Del documental saldremos con la sensación de que esa voz de oro para el jazz y el R&B, era propiedad de un ser humano como cualquier otro, expuesto a la enfermedad y la adicción.

Porque si bien las adicciones hicieron de su vida lo que hacen con cualquier adicto: una aglomeración de errores, excesos y relaciones codependientes; hay que recordar que la adicción es “un amor patológico y una relación de confianza con un objeto o alguna conducta”.

En ese sentido la historia de amor que cuenta el documental no es el de los amores filial o romántico en la vida de Winehouse. Es la historia de amor de Amy con las drogas y el alcohol. Un amor, que como sabemos de sobra, sólo termina con la muerte de uno de los amantes.

Otro acierto del documental es su narrativa, sin el recurrente recurso de la voz en off. Tampoco busca una sola estética visual, recurre a fuentes como videos de celular, de televisión, telefónico y metraje propio. Un pastiche que representa muy bien la era en que vivió Amy Winehouse: una donde las estrellas de la música ya no pueden vivir bajo los reflectores con iluminación a modo y filtros alagadores; una era donde todo queda expuesto al ojo poco halagador de la sociedad del espectáculo.

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