¿Haz estado en una novela de Murakami?

Yo estuve.

Hace unos días visité una pequeña panadería dedicada a hacer pan japonés. Hasta ahí todo normal, sin embargo tan sólo al entrar al pequeño local enclavado en una desconocida calle de la ciudad de México me transporté a miles de kilómetros de aquí, por no decir que crucé la línea entre la realidad y la fantasía. O al menos eso creo yo…

Abrí la puerta para ingresar al local y sonó una pequeña campana: “Tin tin…” Mientras el débil eco del tintineo aún resonaba algo se transformó en el aire. Era mas pesado, más ligero, o tal vez estaba volteado de cabeza, no lo sé, pero definitivamente el ambiente se transformó. Lo noté de inmediato, se me hizo raro, pero como el sentimiento me encantó no puse mayor atención y me dediqué a disfrutarlo.

Mis ojos se pasearon por encima de las figuras de pan que habitaban dentro de esa “pequeña fábrica”. Los había con forma de Totoro, de flores, manzanas, duraznos, gatos, osos sonrientes e incluso ramas torcidas. Una deliciosa variedad.

El olor. ¡Uh! Ese maravilloso olor a dulce y madera. A manzana, miel y primavera. Ese aroma penetró hasta lo profundo de mis pulmones y de mi alma.

Cogí uno, dos, tres panes… ¿Uno más? ¡Sí! Uno más. Bien vale la pena. Quería llevarme todo. Sí existiera una especie de grúa sobrenatural que permitiera cargar el ambiente de ese lugar y de ese momento la hubiera usado para llevarme todo… Tonterías. Eso no existe. En fin. Visiten la panadería que, por cierto, está en una calle de la Ciudad de México llamada Tokio…