Carrasco sobre dos ruedas

Andar en bici te permite ver la ciudad desde otra perspectiva. Por eso ponemos a tu disposición las bicis Itaú y creamos este circuito para que redescubras Carrasco.

El pronóstico del tiempo anuncia una de las primeras semanas completas de sol y con más de 20 grados de la primavera que tardó en comenzar. En Arocena, principal avenida comercial de Carrasco, el movimiento es continuo. Casi no quedan espacios libres para estacionar y las terrazas de los bares y cafeterías comienzan a llenarse. Allí no hay ciclovías ni bicisendas — no, no es lo mismo, las primeras son sobre el asfalto y las segundas en las aceras — , pero el ciclista naturalmente forma parte del paisaje. Es que para pedalear, el barrio que nació con espíritu de balneario es uno de los mejores lugares de la ciudad.

Con el casco colocado y una botella de agua al alcance la mano, el recorrido arranca en Gabriel Otero y Arocena. Basta cruzar Arocena hacia el Este para dejar el bullicio atrás. Además, allí está uno de los tesoros arquitectónicos del barrio, la parroquia Stella Maris, proyectada por el arquitecto Rafael Ruano y construida por el ingeniero Fernando Capurro en 1918. Ubicada en un lugar de privilegio, rodeada de pinos y mirando hacia la actual calle Rostand — originalmente llamada Comercios por ser ese su principal fin — , es ejemplo de sencillez tanto en su interior como en el exterior, aunque aún para los lugareños resulta imposible no detenerse a mirar su altísimo techo coronado con la torre campanario.

Stella Maris
Carrasco fue el primer caso en la historia uruguaya de planeamiento urbano y diseño de todo un barrio encarado exclusivamente por la iniciativa privada. Y aún hoy mantiene la majestuosidad de antaño.

Recorrer la calle Costa Rica (donde en cruce con Rivera durante años funcionó el Cine Carrasco) es un viaje en el tiempo. Pese a los pronunciados baches de la calle, en sus veredas las viviendas modestas se mezclan con las grandes residencias, todas ellas con vista a uno de los paseos más clásicos del barrio, la vieja plaza Conaprole.

Mientras el nombre del barrio rinde homenaje al primer dueño de aquellos terrenos, Juan Sebastián Carrasco, la principal avenida lo hace con Alfredo Arocena, su gran impulsor. Con los años, esta calle se convirtió en la principal arteria comercial. A una cuadra de la movida comercial, Eduardo Couture se abre a la naturaleza. Los lomos de burro ayudan a frenar la marcha, que gana velocidad cuando entre curvas y jardines nace Almirante Harwood.

Pequeño jardín botánico

Para un ciclista montevideano, esa vía ancha con cantero al medio es lo más cercano al paraíso. O como lo califican desde el Servicio de Áreas Verdes de la Intendencia de Montevideo: “Es un jardín botánico en miniatura”. Allí conviven cipreses calvos, robles, araucarias, álamos, lapachos y eucaliptus. El tránsito no es un problema, ni siquiera en las horas pico.

Almirante Harwood

Según un estudio del Banco Interamericano (BID), en la capital se registran 47.741 viajes en bicicleta por día; Bogotá, con 611.472, es la ciudad que lidera el ranking latinoamericano. Los recorridos de los montevideanos promedian una distancia que los expertos califican como “ideal”: 4 kilómetros. Y aunque Montevideo aun cuenta con poca infraestructura vial para bicicletas (solo 35,9 kilómetros), estas son uno de los medios de transporte preferidos entre los estudiantes universitarios, que desde 2012 tienen su propio circuito en la ciudad.

Es que la capital ofrece varias ventajas para subirse a una chiva. Las distancias cortas para desplazarse y el clima benévolo — sobre todo entre octubre y abril — son puntos que juegan a favor. También su geografía levemente ondulada, que se pone a prueba cuando después de pedalear por San Marino, el circuito toma la calle Brenda para subir al lomo de Punta Gorda. “Ese es el tramo más desafiante y que requiere más esfuerzo, porque permite llegar a la cima de Coimbra y tomar la Rambla”, explica el licenciado en educación física Leonardo Yozzi, autor del recorrido. El paisaje, bien vale el esfuerzo. Después de un desfile de palmeras Pindó, Butiás, Anacahuitas y Paraísos, ya se empieza a sentir la brisa del mar.

Plaza Virgilio

No sería raro llegar a la Plaza Virgilio con ganas de descansar. Y de paso, es una buena excusa para admirar la vista, que en un día despejado muestra hasta el Faro de Punta Carretas. Allí también está la escultura en bronce de Eduardo Díaz Yepes a los caídos en los actos de servicio de la Armada, imagen de más de una postal de la ciudad. “Para hacer este circuito no se requiere gran preparación física, la idea es que sea un paseo y se pueda tomar como una actividad en familia, apta para todas las edades”, explica Yozzi. Para llegar a la Rambla, el paseo preferido de los montevideanos, hay que bajar por una escalera al costado del restaurante Hemingway. Ahí si hay que dejar los pedales por unos minutos.

Ejercicio para todos

Más allá de favorecer la movilidad urbana o evitar la contaminación, en Uruguay la bicicleta todavía es ante todo sinónimo de ejercicio y salud. “Le da la chance a cualquier persona sana, de hacer una actividad aeróbica sostenida en el tiempo”, dice Yozzi. Pedalear mejora la condición cardiovascular y el tono muscular, además de quemar calorías y reducir el porcentaje de grasa en el cuerpo. “Es una opción emergente en la práctica del deporte”, reflexiona el instructor, “es cierto que cada vez hay más autos circulando en la ciudad, pero también hay más bicis, y con la ventaja de que no se contamina”.

Recorrer la rambla a menos de 20 kilómetros por hora nos regala una experiencia urbana, al menos, distinta a la habitual. De un lado, es posible sentir el ruido de las olas y el olor a mar. Del otro, se despliega a la vista una especie de muestrario con estilos arquitectónicos de todos los tiempos. Desde Punta Gorda hasta Carrasco se suceden el Club Náutico y el hotel Cottage, pero también casas históricas como la Strauch, a la altura de Divina Comedia, construida en 1930 con destino residencial y restaurada hace unos años como sede de una empresa de seguros médicos. Hoy, la casona de estilo centro europeo abre sus puertas cada Día del Patrimonio.

Hotel Carrasco

A esa altura, ya se adivina la imponente silueta del Hotel Carrasco, principal ícono del barrio que se levantó bajo su mismo impulso. Con proyecto de los arquitectos franceses Jaques Dunant y Gastón Mallet, la construcción del edificio comenzó en 1912, pero el estallido de la Primera Guerra Mundial frenó la venta de los solares del barrio y desfinanció a la sociedad a cargo de la obra. Así, inconcluso, el municipio lo adquirió en 1915, junto a 12 hectáreas de terrenos destinados a parque público. Finalmente, la obra se terminó en 1921 y durante décadas el hotel y su Casino fueron lugar de encuentro y celebración de una sociedad lujosa y opulenta. El declive se hizo sentir nuevamente en a fines del siglo XX y tras años de marchas y contramarchas, el hotel Carrasco volvió a abrir sus puertas en 2013.

Tras una hora de pedaleo, los bancos de madera estratégicamente ubicados frente al hotel invitan a detenerse. El sol está alto y el calor templa la tarde. Allí termina el recorrido, con 350 calorías quemadas y más de una postal montevideana grabada en la retina.

Cómo hacer los circuitos

Para todos los que quieran hacer este y otros circuitos, las bicicletas de Itaú estarán disponibles a partir del 21 de noviembre en los locales de Prüne, San Roque y Veroca Joyas. Y el procedimiento es súper sencillo: solo es necesario presentar una tarjeta de crédito, el documento de identidad y aceptar las condiciones de uso. Tampoco hay límite de bicis por usuario, aunque quien retira debe ser mayor de edad. El servicio es sin costo durante una hora para los no clientes del banco y de 3 horas para los clientes Itaú.

Consejos

  • El uso del casco es obligatorio.
  • Regular la altura del asiento y el manillar según la estatura.
  • Se recomienda llevar una botella con medio litro de agua.
  • Se aconseja usar chaleco reflectivo.

Otros circuitos, otros atractivos

Calle Rostand. Originalmente llamada Comercios, hoy alberga algunas de las tiendas más exclusivas del barrio. Vale la pena hacerla en bici y a pie, para poder mirar las vidrieras. Además, desde la explanada de la parte trasera del Hotel Carrasco se puede disfrutar de la vista a la parroquia Stella Maris.

Blanes Viale. Es una vía casi tan rápida como Rivera, pero con un poco menos de tránsito, sobre todo de ómnibus. Además, tiene la majestuosidad del balneario devenido en barrio.

Duración. Hacer el circuito corto insume 45 minutos y según el instructor de educación física Leo Yozzi, a ritmo de paseo, se queman unas 250 calorías.

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