Comienza el MONFIC

Llega una nueva edición del Festival Internacional de Cine de Montevideo y nadie mejor que Miguel Ángel Dobrich para contarnos por qué no hay que perdérselo. Enterate de qué se trata el festival y conocé su opinión en esta nota.

Les voy a contar por qué son esenciales los festivales de cine. Permítanme dar un poco de contexto.

El mayor exportador mundial de cine es EE.UU. Según la UNESCO, los estudios cinematográficos de Hollywood controlan el 85% del mercado cinematográfico mundial. Eso estimula que veamos cierta clase de films y, como contrapartida, provoca que no accedamos a una cantidad enorme de obras que van por otros lados, que apuestan a otras poéticas.

Se puede distinguir tres grandes categorías de países productores:

  1. Aquellos que producen al año más de 200 películas, como la India, EE.UU., Japón y China.
  2. Unos 25 países que realizan entre 20 y 199 films al año. Fundamentalmente, los miembros de la Unión Europea (los mayores coproductores del mundo).
  3. Los que tienen una producción entre 1 y 19 películas al año (serían unos 72 Estados, sobre todo de Latinoamérica y de Europa del Este).

Como Hollywood domina el juego, solemos enfrentarnos a algunas obras de género memorables y a una tonelada de pelis de calidad dudosa que parecen variaciones de otras que ya vimos.

Edward Jay Epstein hace foco en la receta de esos blockbusters. ¿En qué se basa la “fórmula Midas”?

  • Estos films están basados en historias para niños, cómics, seriales, dibujos animados o, en el caso de Piratas del Caribe, un parque temático (aclaro que le aguanto los trapos a las primeras 3 pelis de la saga).
  • Son protagonizados por un niño o un joven que está destinado a convertirse en un poderoso héroe con propósito.
  • Contienen relaciones castas entre los sexos. No hay desnudos ni coqueteo sexual, no descuidan el lenguaje y evitan los indicios de pasión consumada (la calificación de una peli en EE.UU. condiciona su vida comercial).
  • Tienen personajes secundarios excéntricos, de look llamativo, que son ideales para ser adaptados a muñecos (o para que se vendan licencias con el fin de desarrollar juegos).
  • Se evita la sangre, y las pelis terminan bien, con el héroe imponiéndose sobre poderosos villanos y fuerzas sobrenaturales (sugeridas y aptas para ser desarrolladas en secuelas).

¿Es esto, únicamente, el cine? No, claro que no. Esto es lo que suele imperar en las multisalas pero el séptimo arte es infinitamente más grande que Los juegos del hambre y Divergente.

Insisto: el cine supera al cine de Hollywood y, por las dudas, aclaro: amo centenares de pelis de la meca. Pero admitamos que, en general, en las salas se exhiben productos de baja calidad que nos obvian: el cine de las multiplex va por los niños y los adolescentes. Por criaturas adictas al pop y el merchandising.

Los festivales, damas y caballeros, nos tienen presente, no se olvidan de la gente con dolor de espalda.

Además de llamar la atención de la prensa, generar negocios y estimular el desarrollo de proyectos, los festivales funcionan como espacios didácticos. No exagero al afirmar que nos permiten conocer otros modos de hacer cine, filmografías distantes y cercanas (vamos, es ridículo lo poco que vemos de cine latinoamericano) y, algo que no es menor, óperas primas.

En el MONFIC hay mucho para ver de América, Europa y el Norte. Por aquí les iré sugiriendo qué pelis pueden ir a mirar.

Miguel Ángel Dobrich (twitter: @migueldobrich, Facebook: @Dobcast) es licenciado en Comunicación Social. En la actualidad, él divide sus horas entre la docencia universitaria, como profesor de Cine Contemporáneo de la Licenciatura de Medios Audiovisuales de la Udelar, mientras redacta la tesis de Maestría de Literatura Latinoamericana de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Dobrich es el autor de La Intemperie (Estuario, 2009), columnista del periodístico radial No Toquen Nada (www.oceano.uy) y host del podcast Montevideo No (www.dobcast.uy).

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