El hábito de la lectura hay que incentivarlo desde pequeños

Niré Collazo creció entre libros. Fueron su hobby y su perdición. Todavía hoy recuerda entre qué páginas aprendió a leer. Fue con los cómics, a los que en aquella época les decía “revistas de chistes” y cambiaba en la feria del barrio por unos pocos centavos. Por sus manos pasaron las historias de La pequeña Lulú, Archie, Tarzán, Batman, Roy Rogers y muchos más héroes de acción y princesas de rizos dorados. A los 12, por iniciativa de su madre, donó su biblioteca de la infancia y conservó unos pocos títulos. Pero ni corta ni perezosa volvió a armar su colección, que nunca paró de crecer. En su casa, convirtió su escritorio en un “búnker”, con libros de piso a techo, en el ropero y arriba de la mesa. También tiene algunos ejemplares en el baño, al que no concibe sin ellos.

Es que Niré ha dedicado su vida a promover la lectura y el libro, una dupla indivisible que la ha llevado a recorrer Uruguay y la región. “Casi” maestra, también estudió ballet y teatro, se diplomó como gestora cultural y fue Dama Rosada en el Hospital de Clínicas. En la Biblioteca Nacional se especializó en literatura infantil y juvenil. Y gracias a esos estudios descubrió la narración oral, pasión que mantiene a través de su escuela, Caszacuentos, que funciona en el Teatro Solís y en cada encuentro con el público.

De historias, niños, hábitos y vínculos conversamos con ella para celebrar el Día del Libro.

-¿Desde qué edad se le puede empezar a leer a un niño?

-Desde antes de nacer, en la panza. Eso es maravilloso. Así como se les puede poner música, también se les puede contar o leer historias, cuentos. Los talleres con bebés son fantásticos. El niño chico tiene un acercamiento al libro objeto que entra por la vista, por el tacto… pero todos los sentidos son importantes. No solo ‘se mira y no se toca’, como era en mi época, cuando tenías unas muñecas hermosas pero no para jugar… eso no está bueno. Los libros, que antes se decía que no se doblan ni se rayan, yo los marco, los escribo, los subrayo… porque de repente alguna palabra es un disparador para generar una idea.

-Sos mamá de tres y abuela de cinco. ¿Practicás con tus nietos la promoción de la lectura?

-Uno intenta, como madre y como abuela. Mis hijos lo tomaban más como que había que leer, era una obligación aprender a leer. Después yo aprendí que la lectura es por placer y no por obligación. Entonces ahora con mis nietos tengo otros métodos que les fascinan. Muchas veces ahora los maestros me piden por favor que les de algunos piques para que los niños lean. Hace poco fui a una charla en un 6° año y de 30 alumnos había como seis a los que no les gustaba leer. Pero cuando pregunté qué temas les gustaban uno me dijo el surf, otro la moda… ¡entonces que lean revistas de surf o de moda! Y que vayan leyendo de a poco, no hay que comprarles un libro de Harry Potter para que lean de una. Creo que esto hay que cultivarlo desde pequeños; hay niños que ofrecen más resistencia o que tienen otros intereses, pero hay que buscar la forma de acercarlos al libro y a la lectura en todos los soportes. Claro que para mí el libro objeto es maravilloso, es una obra de arte en sí mismo.

-También es cierto que hoy el libro tiene más competencia que antes…

-Sí, igual en las instituciones educativas se fomenta el libro, en algunas más y en otras menos. A veces me asombro cuando pregunto por la biblioteca y veo que está con llave, eso me parte el alma, tengo ganas de pedir la llave y esconderla o de tirarla por la ventana. También se pueden hacer bibliotecas de aula, que no se necesita ni un mueble, puede ser hasta en un cajón de verduras, que ahora están de moda. También hay que mirar la agenda de esos niños. A veces el niño no lee porque no tiene tiempo, o sea, todos los días tiene una actividad distinta, no tiene tiempo libre… no hay tiempo de ocio. Los mandan todo el día al colegio y después van al club, es un horror. Hay que criar a los hijos, hay que estar más. Y el rato que estamos que sea de calidad, que se pueda compartir una lectura, por placer, no por obligación.

-¿Todo libro es válido con tal de que se genere el hábito? ¿O siempre hay que apostar a la buena literatura?

-Yo prefiero que lean lo que quieran, al menos al principio. Obviamente hay una selección de parte del adulto, pero que lean, no importa tanto qué sino generar el hábito. Yo hace años que en los cursos de narración oral estoy trabajando más el cómo y no tanto el qué. Obviamente, la buena literatura es fantástica y lo va a ser siempre. Ahora a los liceales, por ejemplo, les estoy narrando Benedetti, Galeano, Cortázar, Vargas Llosa con “Fonchito y la luna”. Y los niños escuchan. Para los más chicos son muy atractivos los libros álbum, que tienen historias cortas, grandes ilustraciones y me gustan mucho. Con esos libros uno también puede inventar historias o usar las imágenes para que ellos hagan las propias.

-Decías que muchos maestros te piden consejos, ¿cuáles serían los básicos para empezar?

-Uno es tener un ratito todos los días. Y otro es invitarlo a que escuche, que si no le gusta leer sea como una diversión. Hay que mostrarle lo que uno encontró, leer tres frases y si el niño dice que no le interesa al otro día captarlo con otro libro. Es un tema de paciencia de parte del adulto, cosa que es difícil. Hay que captar la atención hasta que el niño escucha, porque hay que rescatar la escucha, no decirle ‘ah, ya sabes leer, lee solo’. El adulto tiene que sentarse o acostarse y leer juntos…

-¿La lectura es, además de todo, una forma más de fomentar el vinculo adulto — niño?

-La lectura establece un vínculo fuerte y difícil de olvidar. Los profesores y maestros que no olvidamos son los que nos leyeron y nos contaron historias. Las historias de familia también mantienen la identidad, cuando no tenemos libros, siempre tenemos historias de familia, del barrio, de la niñez y eso es muy atractivo, porque al niño le interesa saber qué pasaba con su familia cuando ellos no existían.

-A partir de tu experiencia, ¿qué áreas se despiertan a través de la lectura?

-Yo diría que todas, porque la lectura ayuda a desarrollar la imaginación, a conocer otras culturas, a conocer autores, a afirmar la identidad, a respetar al otro, rescatar la escucha… Creo que ayuda en la formación del ser humano todo, porque en realidad somos un todo, no es que por un lado leo y por otro me gusta la danza. Por suerte ahora existen los bachilleratos artísticos, estoy esperando que un día salga el preescolar artístico, sin tanta exigencia y apostando más a la creatividad. Si la gente es creativa, me parece que puede ser feliz… o casi feliz.