“La literatura te prepara para los dilemas humanos”

El arte de hacer de la lectura un momento de encuentro. Tranquilidad, tiempo y disfrute. Para el psicólogo Alejandro De Barbieri esos son los conceptos fundamentales que debe incluir todo momento de lectura entre un adulto y un niño. En la era de las mil y una pantallas, el autor de “Educar sin culpa” rescata la función formativa del libro, que a la vez que enriquece el lenguaje y la imaginación, dispara los “grandes dilemas” de la vida. Aunque no existe una única receta, aconseja predicar con el ejemplo y tener la paciencia de escuchar. Así, en cualquier momento y frente a cualquier libro, es posible generar el encuentro.

— ¿Qué tipos de vínculos se generan cuando un adulto se sienta a leerle un cuento a un niño pequeño?

— Se generan todas las virtudes de las que hoy habla mucho el Mindfulness, que son la paciencia, la calma, la palabra… También aparece la confianza, el respeto, la admiración. Además, al sentarme a leer le estoy dando tiempo, y eso cobra especial fuerza en el día de hoy, cuando los padres no leen cuentos con sus hijos porque están cansados y los chicos se acuestan con una pantalla. Si un papá se acuesta y le lee un cuento a un niño de dos o tres años, le está enseñando a calmar el cerebro, está moldeando un sistema nervioso central que a los 4 años tiene que lograr la autorregulación emocional. Y eso se puede hacer con un cuento porque logro paz, tranquilidad y que el niño aprenda a dormirse solo.

— ¿Con qué tipo de libros conviene empezar?

— Con cualquiera que genere en el niño una predisposición afectiva. Puede ser desde algo que esté de moda en el momento o lo que al chico le interese. Con los niños que todavía no saben leer ni escribir hay que ir generando la aptitud para la palabra, para el vocabulario, más allá de estimular la imaginación. Además, para salir del lenguaje que escuchan en la televisión, yo le leería libros de autores nacionales como Verónica Leite o Susana Olaondo, que manejen nuestro lenguaje.

— ¿Recordás los primeros libros que te leyeron a tí o los primeros que tú le leíste a tus hijas?

— Lo que más recuerdo es ver a mis abuelos y a mi madre leyendo y comentando, eso es importantísimo… Es fundamental ver la imagen de mamá y papá leyendo. De la escuela, recuerdo “Mi planta de naranja lima” y los libros de Robinson Crusoe. Y también me recuerdo a mí mismo leyendo siempre, todo lo que llegaba a mis manos lo leía.

— ¿Qué diferencia a la lectura de otras actividades recreativas?

— A mí me gusta mucho citar una frase de un alemán que dice que “el límite del lenguaje es el límite del mundo”. Es un concepto profundamente existencial, porque en la medida en que se puede promover la lectura en una familia también se promueve que se amplíe el mundo del niño y del adolescente, su alma, la subjetividad… y todo eso en un mundo que está cada vez más fascinado por la técnica.

— ¿En el mundo de las mil y una pantallas, la lectura, entonces, es como volver a las bases?

— Claro, yo lo veo mucho en mis hijas, que ahora tienen 18 y 15 años. Cuando ellas tenían un interés por la lectura nosotros siempre lo estimulamos, mismo con libros que capaz no tenían gran valor literario, porque sé que leer te va templando el alma. Para los vínculos tener un espacio de lectura es fundamental, sino te vas quedando con poco vocabulario para crecer vos como persona.

— ¿Utilizás la lectura como herramienta también en los abordajes psicoterapéuticos?

— Sí, con los pacientes tenemos una actividad que se llama “Cuentos que curan”, que ha sido una manera de difundir que la literatura está llena de psicología, de personajes con los cuales te podés identificar y trabajar temas como la libertad, la muerte, la soledad, el sentido de la vida, que son los temas que aparecen siempre.

— Con los niños pequeños, ¿la lectura también oficia como disparador de tópicos que pueden ser difíciles de trabajar, como la muerte o la separación de los padres?

— Es como la filosofía, la literatura te prepara para los dilemas humanos. Allí encontrás la muerte, los celos, la envidia, la infidelidad… las emociones de los personajes que de alguna manera le permiten al niño y al adolescente trabajar sobre sus propias emociones.

— ¿Qué le recomendás a los padres para fomentar la lectura en casa?

— Yo recomiendo esa cosa natural de pasarse un libro, de ver qué está leyendo el otro, de ‘te dejo este’, ‘te lo cambio…’ eso genera un clima lindo de intercambio familiar. Hoy en día todos hablan de las series, pero yo prefiero los libros. Los libros vos los recordás de una manera distinta. Hacer eso natural, no hacer una cosa forzada. Como decía Borges, si el libro no te invita a leerlo no hay que forzarlo. Los gurises le hacen mucho caso a las maestras, por eso siempre les digo que ellos recomienden libros, porque los padres estamos ubicados en un lugar como los que les rompemos los quinotos. En cambio si viene un maestro, un abuelo, un tío y les sugiere un libro, los gurises lo escuchan desde otro lugar. Y en eso hay que insistir.

— ¿Hay momentos ideales para sentarse a leer?

— El momento en que uno esté tranquilo. Para mí leer es un momento de paz y a la vez un momento de encuentro. Con los niños tiene que ser un momento donde se les pueda dar calma, no estrés. Una cosa linda que tiene los libros es que estimulan la imaginación, pero ya alcanza con que el chico esté un rato recorriendo las páginas, mirando los dibujos, preguntando por las palabras.

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