Todo lo importante se aprende compartiendo, no con discursos.

En el marco de Lee para un niño, la reconocida psiquiatra infantil Natalia Trenchi nos cuenta cuáles son los principales beneficios de la lectura para los más chicos de la familia. Con el consultorio siempre lleno y autora de éxitos de venta como “Todo sobre tu hijo” (2007) y “Tus hijos hoy” (2011), Trenchi asegura que si bien la lectura siempre es una tarea desafiante para el cerebro, no es lo mismo hacerlo por placer que por necesidad. Allí, en el encuentro con autores que disparan el disfrute, está la magia de crecer y de vivir siempre acompañado por buenas historias. En tiempos de crianza 3.0, sostiene que la falta de tiempo es el factor que más le juega en contra a los libros y lejos de demonizar a los e-books, los recomienda.

¿A partir de qué edad se le puede empezar a leer cuentos a los niños?

— Desde que son muy chiquitos. No es necesario que sepan hablar por ejemplo para hacerles o leerles cuentos. Podemos mirar juntos las ilustraciones, ir diciendo los nombres de los que vemos, dejarlos explorar el objeto “libro”…

Además de estimular la imaginación, ¿qué otros beneficios a nivel emocional y psíquico tiene la lectura para los más chicos de la casa?

— La lectura es una tarea muy ardua para el cerebro. Cada vez se descubren más regiones involucradas en esta tarea que implica mucho más que reconocer formas, darles sonido y descifrar el mensaje. No es igual un cerebro que lee que uno que no lo hace. Aprender a leer es otro de los regalos que nos trae este órgano tan milagroso. Pero una cosa es leer por necesidad y otra leer por placer. Para eso es necesario mucho más que reconocer las letras: es necesario encontrarse con textos que te provocan, que te hacen pensar y sentir, que te dibujan cuadros y paisajes, que te llevan de la mano por mundos que no conocés. Y para que eso suceda es necesario encontrar creadores capaces de escribir para llegar al interior de los lectores. A veces hay mediadores, como son los padres, abuelos, educadores, que te introducen en la aventura de leer por placer. Otras veces es un descubrimiento personal. Lo que es un hecho es que no podemos obligar a nadie a que le guste leer. Podemos, en todo caso, tentarlo con nuestro disfrute, comentarle algo que descubrimos o paladeamos, pero no mucho más.

¿Qué resortes se disparan cuando uno lee por placer, entonces?

— Leer por placer tiene muchos beneficios potenciales para las personas de todas las edades. Te permite conocer mundos desconocidos, vivir vidas increíbles, sentir lo que nunca sentiste. Todo eso son experiencias de enriquecimiento humano. No sos la misma persona después de haber estado en los zapatos de Anna Frank o de Guillermo Tell o de un personaje de Mujercitas. Sabés mucho más de la vida, de las personas y de ti mismo. Pero además la lectura te acompaña. Quien lee por placer no se sentirá solo, aunque lo esté. En el caso de los niños de hoy, que pasan apurados y saltando de una actividad multisensorial a la otra, detenerse a hacer una tarea tan personal y sedentaria, tan focalizada, silenciosa y sostenida como es la lectura, puede ser especialmente saludable. Los desestresa y los devuelve a una “longitud de onda” mucho más amigable que el de las corridas, la excitación y el estruendo.

En contrapartida, ¿qué consecuencias negativas puede llegar a tener no leer?

— Hay gente que no lee con fluidez por problemas del neurodesarrollo: la dislexia. Algunos de ellos tienen que hacer tanto esfuerzo para decodificar que les impide sentir disfrute. Otras personas no leen por placer porque su sensibilidad va por otro lado: la música, la pintura, la naturaleza… y están en todo su derecho. No son peores por no leer. Lo verdaderamente triste es encontrar seres a quienes nadie les abrió la puerta a la sensibilidad, que no logran vibrar con la experiencia estética de ningún tipo, que no se maravillan con la creatividad humana ni se interesan por explorar lo que no conocen.

¿Es la lectura una herramienta útil para trabajar en psiquiatría y psicoterapia?

— Sí, lo es. Tanto la lectura como la escritura permiten un contacto muy peculiar con los hechos. Todos nos contamos historias, aún sin darnos cuenta. La historia de nuestras vidas. Los psicoterapeutas muchas veces lo que ayudamos es a corregir esa historia que nos contamos a nosotros mismos.

A veces, las historias de los libros pueden ser disparadores de los grandes temas de la vida, como la muerte, difíciles de explicar para los niños más pequeños…

— Seguro que sí. La muerte, la maldad, el abandono… Muchas veces los cuentos nos sirven para ir generando algunas ideas, como por ejemplo que hay mamás que no tuvieron a sus hijos en la panza, o que hay familias con una mamá y un papá y otras con dos mamás, o dos papás , o uno solo…en fin. Apoyados en un libro, su texto y sus dibujos podemos abordar temas que a los adultos nos cuesta mucho encarar.

Se suele decir que los niños y adolescentes de hoy no leen. ¿Qué opinás?

— ¿Que no leen? Cualquiera que vaya a las ferias de libros se sorprenderá con la cantidad enorme de autores nacionales y extranjeros que escriben para niños. Y hay tantos libros porque los niños leen y mucho. No todos, claro. Tampoco leen todos los adultos. Hay casas donde no hay libros. Pero hay un gran grupo de padres que les compran libros a sus hijos, los leen con ellos y los disfrutan mucho. Hay muchos chiquilines que leen libros y mucho. Otros no leen libros de papel, pero leen en las pantallas y debemos aceptar que eso también es leer.

¿Qué opinás del libro electrónico?

— No creo en la dicotomía “libro de papel” versus “e-book”. Muchos de mis amigos desprecian los libros electrónicos “porque les gusta el olor a libros y el tacto del papel”… y yo me pregunto: ¿Siguen escuchando música en vitrola? ¿Siguen comprando bloques de hielo? Los e-book han venido a sumar, no a restar, y vaya si es más práctico llevarlos en los viajes, por no pensar la cantidad de árboles que se salvan gracias a ellos.

En pos de promover la lectura, ¿vale todo?

— No me sumo a la “oda a la lectura” por la lectura en sí misma: hay gente que lee mucho pero lee porquerías. En lugar de que un niño esté leyendo sobre crímenes y violaciones prefiero que esté pateando una pelota o contándose chistes con una amiga. Tenemos que enseñarles a discernir lo que es bueno de lo que es basura. Que esté escrito no vuelve buena a una porquería.

¿Cuáles creés que son los principales escollos para la lectura?

— La falta de tiempo libre creo que es lo peor. Si tenés todo tu día agendado con actividades y parás solo para comer y dormir… ¿cuándo vas a leer? También es cierto que hoy en día los chiquilines tienen muchas más cosas con las que entretenerse y la lectura por placer es solo una de ellas. Pero a pesar de consolas, tabletas y celulares hay una cantidad de niños que se van a la cama con un libro. Claro, atrás de eso hay adultos que saben hacer las cosas y saben contagiar buenas costumbres a sus hijos.

¿De qué maneras se puede estimular la lectura en el hogar?

— Yo soy de las que cree que uno tiene que tratar de criar niños sensibles a la estética y la ética y curiosos en general. Que tenés que acompañarlos en la exploración de los colores, los sonidos, la vida de las hormigas o el brote de las tomateras. Si en ese clima de sensibilidad general y de amor por la vida y valoración de lo estético y ético se vuelven lectores, buenísimo. Pero quizás para alguno el camino vaya por otro lado y también vamos a respetarlo y valorarlo. ¡Tampoco es sano que se pasen todo su tiempo libre leyendo! Los niños sanos tienen que hacer cosas variadas : jugar con otros y solos, mover el cuerpo, ver películas, jugar a las cartas y a los videojuegos, escuchar y hacer música, pintar, plantar, cocinar…

Al hablar de crianza, muchos psicólogos sostienen que más allá de todo lo que les podemos “decir” a nuestros hijos, ellos “nos miran vivir”. ¿Estás de acuerdo con este concepto? ¿Se aplica a la lectura?

— Sin dudas. Si en tu casa es costumbre contarse historias, comentar algo que leíste, prestarse libros, alegrarte por conseguir uno que buscabas….eso se va incorporando naturalmente. Lo mismo que disfrutar una buena película, o tomarse el tiempo para hacer pan casero o para compartir historias viejas de la familia. Todo lo importante se aprende compartiendo. No con discursos. Lo que atrapa es la cualidad emocional de la interacción mientras se hace algo.

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