Por la friega de ser madre

Creo que fue en primero de primaria, o tal vez en preescolar, cuando tuve que conseguirme un traje de soldado para la ceremonia del día de las madres. También me acuerdo de aquel otro diez de mayo en el que me negué a participar en el festival del Instituto México por razones políticas (así de loco estoy). Y el mayor recuerdo que tengo de esta fecha es cuando fuimos a un restaurante con Luz y Clara, pedí​ unos camarones empanizados y quien sea que haya sido el chef los frio sin pelarlos primero; aunque ese día estaba muy molesto, hoy que ya he trabajado en restaurantes, he empatizado con la gente en la cocina.

Un compañero de trabajo una vez me dijo, sabiamente, que las madres, más que amor, merecen admiración porque nos tuvieron nueve meses dentro de ellas sin un solo día de descanso. La verdad yo no me puedo imaginar esa friega.

Ser madre es una de las labores más difíciles que hay en muchas sociedades, incluyendo por supuesto a la mexicana y a la latina en general. No, no estoy apoyando a Alfredo del Mazo con su salario rosa para la gobernatura en el Estado de México; pero estoy convencido de que la maternidad es uno de los más importantes trabajos que cualquier persona puede tener dentro de una comunidad. Curiosamente también creo que ser maestro o maestra es una de las profesiones más fundamentales para cualquier nación. Y en muchas medidas tuve la suerte de que mi madre haya cumplido con ambos trabajos muy eficientemente: como madre amorosa y como maestra de vida.

Mi regalo son tres en uno y ella lo sabe: un concierto para ver a ese hombre con dientes de perlas que sin ti “no puede sonreír” y que es casi casi un Luis Miguel a la gringa; pero honestamente pienso que un regalo así, y perdonen el francés, no es suficiente para agradecerle la chinga de ser mi madre.

Y esa misma mujer que me enseñó que mi palabra es lo máximo que le puedo ofrecer a cualquier otro ser humano, es a la persona a la que hoy le quiero hacer una promesa. El mejor regalo que te puedo dar, mamá, es comprometerme a siempre ser un hombre con integridad y siempre luchar por los derechos de las mujeres, por esa lucha feminista que nos hace falta tanto en un país como México, una sociedad como Latinoamérica, o incluso aquí en los Estados Unidos.

Más que recordar cualquier día de las madres, quiero recordar esta promesa.

Feliz día mamá.

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