“Juega conmigo” y una historia sobre clavos.

En mi vida he usado múltiples veces la frase que dice “un clavo saca a otro clavo”. Nunca creí ser ese clavo.

La historia comienza cuando ella conoció a alguien, en su juventud pre-puberta, alguien que estaba claramente interesado en ella; él hacía por ella lo que podía para demostrar su aprecio, más ella mantenía su distancia por miedo a lo desconocido; para él, ella fué su primer amor, para ella, él era una molestia en las mejengas del recreo.

Ambos crecieron solo un poco, y ya fuera de la primaria la oportunidad se presentó nuevamente; ella ya había pensado en él y había tenido sensaciones extrañas, él ya había pasado por sus primeras veces en otro lado. Ella esta vez lo intentó, sin saber bien como hacerlo, él correspondió solo el tiempo necesario para romperle el corazón, y él siguió adelante, ella no.

Ella descubrió que quién estuvo enamorado de ella, había sido convertido por el mundo en un corazón frío más del montón que ya hay caminando por las calles; ella creía estar segura que él la quería, pero él estaba ocupado con alguien más en cada brazo; cada una de ellas, expandía más aún sus horizontes y ella se sentía atrapada en su propia realidad.

El tiempo pasó, él se fué, ella se quedó con alguien más. “Esto es suficiente”, se dijo ella. Y lo era, hasta que ya no lo fue, y sus ojos se abrieron de repente, o al contrario.

Ella se fue también, de la prisión en la que se había encerrado ella sola, no lo buscó, porque no sabía de él, y había mucho dolor que ella pensaba era imperdonable. Trató de hacer su vida, de sacar sus alas y volar, y aunque perdió muchas plumas en el camino, logró encontrar donde asentarse, con espacio suficiente para volar, y la puerta abierta para salir cuando fuese necesario.

Hasta que un día lo vio:

“Yo quería decirte que, a pesar de tantos años que han pasado, de vez en cuando pienso en ti”, dijo él. Ella cambió de color, su respiración aumentó hasta casi hiperventilación; la sudoración en sus manos que trataba de ocultar se volvió inmanejable, “el piensa en mi”, se dijo emocionada como niña con su primer navidad.

“¿En Serio?, y ¿que piensas?”, respondió ella lo más serena posible, olvidando totalmente como era él.

“En las cosas que pasaron, la verdad, me hubiera gustado que todo hubiese sido diferente; sé que no fui lo más cercano de un buen… enamorado, para ti, y de verdad lo siento. Te tengo mucho aprecio de verdad”.

Antes de que ella pudiera si quiera reaccionar, su teléfono vibró: su carcelero nuevo estaba llegando en unos pocos minutos.

Él entendió y dijo emocionado: “Yo lo quiero conocer”. Ella no entendía si era una reacción genuina o no. Resultó si serlo.

Él no mostraba más allá que la cara de amigo. Parecía todo perdido.


“No puedo creer que esto haya terminado pasando”, dijo él. “TODAS mis reglas las he roto en las últimas horas; y honestamente no me siento para nada molesto”, terminó.

“Lo sé. Cuando te hablé aquel día no creía honestamente, pero siento como que tenemos una conexión, aún, tenue aunque sea” contestó ella.


Ella estaba preocupada; no entendía el mensaje tan críptico que él le envió: “Necesitamos hablar, voy en camino. ¿estás sola?” decía.

Él la saludó como de costumbre, con un beso apasionado fugitivo, con los ojos abiertos vigilando su alrededor. Ella estaba demasiado expectante, y no lo pudo evitar.

“¡Vas a terminar conmigo!”, dijo ella.

“Déjame hablar primero… pero si”.

“Todo esto que ha pasado, ha sido sublime, no te puedo ocultar la verdad, sabes que me derrito por ti, sabes que mueves todas las fibras de mi cuerpo de formas que nunca había sentido, ni siquiera antes cuando creí que estaba enamorado”. Continuó él. Ella lo miraba fijamente, tratando de no mostrar emociones.

“Me encantas, como hace mucho no pasa. Pero te fui sincero al principio, nuestra situación, ahora, siempre, nunca nos ha permitido, ni nos permitirá, ser más que amantes bandidos”, recordando él la canción de la que tantas veces se habían burlado juntos.

“Te dije que, si comenzábamos esto, terminaría eventualmente. Te dije que a diferencia tuya, yo si sería fiel si alguien aparecía. Y alguien apareció….”

“Pero, ¿entonces que?, ¿terminamos acá?” preguntó ella.

“Déjame terminar…” insistió él casi molesto ya.

“Nunca te mentí. Te quiero, te he querido por mucho tiempo… Solo que no te puedo querer como tu quieres que te quiera, ni te puedo querer como te mereces… Por eso insistía al principio, juega conmigo, por tu propia protección, que yo aguanto”.

“Yo a partir de este momento, dejaré de buscarte, de escribirte, de contestarte y de hablarte por horas por Skype. Dejaré de dedicarte mis noches completas a ti, volveré a dormir, volveré a mis cosas, y dejaré de sudar contigo hasta que el sol vuelve a salir. No te puedo amar, no como quieres, no puedo permitirme eso, no ahora, no pronto”.

“¿Quién es ella?”, preguntó ella.

“No hay nadie, no hay nadie aún… La verdad es realmente que me asusta — me aterra — como me estoy sintiendo por ti… Necesito parar, detenerme, alejarme ya, o pronto no podré protegerme”.

“¿Pero realmente hace falta?”, ella ya con sus ojos húmedos.

“Si, es necesario protegerme. Me tomó muchos años volver a levantarme, pero especialmente, no confío en ti y tu no deberías de confiar en mi…”

“Mis paredes son necesarias. No puedo permitirme volver a pasar por esto ahora. Cuando te acepté, estaba creo que curado, y siento que lo estoy, pero una recaída ahorita no podría soportarla. Yo sé que suena cliché, pero realmente, es por mi…”

Tres minutos de silencio pasaron, y él le dio un beso en la frente, y se fue. Ya conocía la salida.

“Un clavo saca a otro clavo”, pensó ella, y se estiró para tomar su teléfono y buscar a quién escribirle….

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