Levantarse

Ese día se despertó. Temprano, mucho más que ella. Sabía que se tenía que ir, pero no quería; había pasado tan bien la noche anterior, haciendo lo que hicieron, con el “shut up and kiss me”. Pero tenía que trabajar. Le besó la frente, ella se dió vuelta, y le dió un beso más en los labios antes de irse.

Ahí estaba, sentado en un archivero, con su vida pasando frente a sus ojos, tantos pensamientos a la vez que se volvía complicado tener una conversación inteligente, y le aterrorizaba esa primera impresión que no tendría oportunidad de repetir.

Estaba realmente aterrado; esto era diferente esta vez. En su via crucis por salir del pozo, no se había atrevido a levantar su mirada hasta ese momento. Ese día lo hizo, casi por instinto natural, ese que creyó habia perdido. La sonrisa que no podía ocultar, disfrazaba el hecho de que concientemente sabía que estaba mal; “me dejaré llevar por primera vez, nada malo puede pasar”.

Se sabía el camino como la palma de su mano; iba camino al trabajo pero esta vez iba escuchando Kelly Clarkson por alguna extraña razón, pero estaba en ese humor. Le preocupó por exactamente 5 segundos el hecho de que iba a trabajar con la misma ropa que el día anterior, y el resto del tiempo pensó en todo lo que pasó la noche anterior. El conteo de meses sin sexo se mantuvo corriendo, sin embargo, por dentro sintió por primera vez, en años, que la luz estaba cerca, que alguien podría alcanzarle la escalera para salir de donde él mismo se había enterrado.

….

Luego, ella dijo en tono seguro: “lo que pasó anoche, anoche quedará. Sorry, pero no era mi intención”.

….

Ya había podido caminar de nuevo, dejó de arrastrarse y por primera vez sentía que sus pies no estaban amarrados; por eso dejó que todo pasara de la forma en que pasó. No era su estilo, siempre probando la profundidad del lago antes de hacer el clavado, que incluso había logrado perfeccionar la técnica de vencer la gravedad y caer en cámara lenta.

Ella se convirtió en todo, en su musa, en su mejor amiga, en su confidente y terapista, más no en su media naranja; era claro cada vez más que eran dos realmente distintos envaces para un corazón roto, por distintas razones. Era increiblemente placentero en una forma no sexual despertarse a su lado, luego de una noche simplemente abrazados, sin mayores intenciones, sin respuestas involuntarias de ninguno de sus dos trajes de carne.

Pero de pronto, ella se recuperó. Él se mantuvo donde estaba porque estaba cerca, sin embargo, no siguió con la idea de mejorar, ella si, y ya él no era suficiente; necesitaba más. Para él, seguía siendo la mitad perfecta que no pasó nunca más de la zona, y dijo: “al menos aprenderé a superar, rápido”.

Un día despertó, solo esta vez, y abrió los ojos y notó algo diferente: ya veía otros colores, el brillante dorado que lo mantenía deslumbrado había desaparecido, el rojo y el azul volvieron a su tono natural. Y el sonrió, por primera vez en semanas, y se declaró curado, unas semanas después. Miró hacia el cielo y dijo: “ya van dos que me quitas, pero, me dolió solo una. La próxima no me vas a ganar”.

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