Desenmarañando la frase bíblica “Atar y desatar”

La expresión relacionada con “Atar y desatar” (en adelante, AyD) es cien porciento bíblica. No cuestionamos que estos verbos formen parte del texto revelado del Nuevo Testamento. Lo que estamos por probar es que aunque AyD está en la Biblia y forma parte de su doctrina, la interpretación que algunos hermanos le han dado no es la mejor. Y como ocurre con toda confusión en la aplicación de las Escrituras esta ha logrado enmarañar la antropología cristiana.

AyD según algunos carismáticos

La interpretación de tipo carismática y pentecostal que más fácilmente se ha expandido por las iglesias de todas las clases* es aquella que dice que AyD es un poder que Dios pone a disposición de todos sus hijos santos- mismo que deben reclamar- y que los dota de autoridad espiritual para cambiar el rumbo de sus vidas, sus familias, ciudades y naciones. AyD asume como poder individual varias aristas relacionadas: poder sobre principados y potestades, y huestes de maldad, poder sobre las finanzas personales y poder sobre los eventos políticos mundiales.

Según algunos carismáticos AyD es un poder que Dios pone a disposición de todos sus hijos santos- mismo que deben reclamar- y que los dota de autoridad espiritual para cambiar el rumbo de sus vidas, sus familias, ciudades y naciones.

La exégesis de concordancia

¿De dónde proviene esta interpretación? Uno de los factores que genera esta lectura de AyD que me parece muy recurrente y de la cual me ocuparé es esta: resulta de una exégesis de concordancia. La exégesis de concordancia- que en realidad no es una exégesis- consiste en interpretar la Biblia por medio de la búsqueda de la misma palabra o grupo de palabras que son objeto de estudio, a lo largo y ancho de toda la Escritura. Por ejemplo, si se estudia Dt.10.18 que habla sobre demostrar “amor a los extranjeros” y se intenta dilucidar qué significa “amor”, el estudiante abre su concordancia e intenta explicar el versículo a la luz de todos los versículos –o una gran cantidad de ellos- en donde aparezca la palabra “amor” (v. gr. Jer. 31.3;Os.6.6; Mt.24.12;Lc. 11.42; Jn.15.9; Ro.5.8, etcétera). Aunque puede ser útil no es el camino idóneo para arribar a una conclusión herméutica fiel. Porque la traducción “amor” en nuestras Biblias puede significar un deseo malsano (v. gr. 1 Ti.6.10), un deseo erótico (v. gr. en Cantares) o un acto redentivo (v. gr. Jn.3.16), y estas diferencias solo las podemos conocer si vamos a la lengua original del texto leído y estudiamos el contexto, y no por simple referencia marginal.

AyD es palabra que proviene de Mt.18.18 que dice:

En verdad os digo: todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo (LBLA).

Lo que hace la exégesis de concordancia es interpretar este pasaje buscando en qué otros lugares de la Biblia aparece la palabra “atar”. Así, el estudiante (pastor, maestro, evangelista…) encuentra en Mt.12.29 que Jesús habla de “atar al hombre fuerte”, esto es, a Satanás, y también lee que este poder exorcista se le dio en Mt.10.1 a los doce discípulos como “la autoridad para expulsar espíritus malignos y sanar toda clase de enfermedades y dolencias” (NTV). Más aún, esta autoridad y poder se les promete a los discípulos futuros, “a los que creen”, en Mc.16:17-18. Y en Mt.16.19 se relaciona este poder con el Reino de los Cielos, lo cual suele intensificar la noción de poder y autoridad.

Hilvanando estos pasajes, la exégesis de concordancia hace arribar a la convicción de que el cristiano tiene poder y autoridad- personal y delegada- para AyD a Satanás y sus demonios, y por extensión, para acabar con los problemas que enfrenta el individuo, la familia, la ciudad y la nación. La inferencia es que estas dificultades personales, económicas y sociales persisten porque el creyente no reclama esa autoridad y poder para AyD. Es aquí donde la antropología cristiana sufre una desviación porque como se verá, si el cristiano posee poder y autoridad no es del tipo que proponen los que enseñan la exégesis que acabamos de comentar.

AyD según una mejor exégesis

Una exégesis adecuada nos aclarará que Mt.18.18 no debe leerse primeramente en relación a Mt.12.29, 10.1 ni Mc.16:17-18.

Mt.18.18 donde aparece la expresión AyD tiene que verse en especial como una aplicación de Mt.16.19. En esta porción bíblica se lee:

Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos (LBLA).

Esta palabra es dicha a Pedro como el primero entre iguales, es decir, como el que habría de liderar la primera expansión del Evangelio aunque ninguno de los apóstoles fuera inferior en rango y autoridad, ni poseyera en modo alguno infalibilidad o representatividad y sacerdocio exclusivo de Cristo. Todos los apóstoles eran iguales pero Pedro recibía el solemne encargo de trabajar como punta del iceberg (v. gr. Jn.21:15-19). Es en este contexto que Mt.18.18 debe ser leído. AyD es un principio relativo en primer lugar a la disciplina eclesiástica.

AyD es un principio relativo en primer lugar a la disciplina eclesiástica.

AyD significa que Pedro y los apٌóstoles tendrían la autoridad para “abrir y cerrar” el Reino de los Cielos, es decir, para confirmar a los creyentes en la fe y también para sancionar a aquellos que dieran la espalda sin arrepentimiento a la Iglesia de Cristo. Una acción disciplinaria en la tierra quedaría admitida en el cielo al igual que la restauración de un cristiano arrepentido. La disciplina eclesiástica es tan real que las Escrituras dicen que Dios aprueba y desaprueba lo que la Iglesia reunida como autoridad decida, aprobando o desaprobando, dejando que algo proceda o se detenga en relación a la conducta de sus miembros. ¿No es este un enorme estimulo para caminar de manera santa y apegada al texto revelado? La NTV traduce Mt.18.18 utilizando las palabras “permitir” y “no permitir” en lugar de AyD, que perfectamente reflejan lo anterior.

Por eso, el mismo pasaje de Mt.18.18 está seguido por esta declaración:

Además os digo, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan aquí en la tierra, les será hecho por mi Padre que está en los cielos (v.19).

Esto se refiere al acuerdo disciplinario que la Iglesia y su liderazgo emitan sobre alguna cuestión que resolver. Aunque muchos cristianos usan este pasaje para hablar del poder de la oración y otras veces para argumentar a favor de algún proyecto de misión donde hay pocas personas, el texto se aboca a terminar de explicar la sanción que Cristo da a sus apóstoles y a la Iglesia en relación a sus decisiones judiciales, es decir, a sus procesos disciplinarios que pueden o no involucrar la excomunión.

Estamos ahora en condiciones de decir que atar (δήσητε) implica obligar legalmente, y desatar (λύσητε) subvertir, anular o disolver, para el caso, esa decisión vinculante. Atendiendo al contexto, el estudiante se dará cuenta de que aunque la palabra atar (δήσῃ) en Mt.12.29 es de la misma raíz que la usada en Mt.18.18, no significan lo mismo en tanto que esta es dicha en referencia al poder de Dios de gobernar a los demonios y someterlos, y aquella respecto al poder y autoridad de la Iglesia de gobernar ejerciendo disciplina eclesiástica con la legitimación divina.

El poder que mora en nosotros y la fuente de nuestra autoridad

En las Sagradas Escrituras existen pasajes que tratan del poder que mora en los cristianos y que nos permite salir victorioso de las pruebas. Es el caso del mismo poder que resucitó a Cristo y que ahora nos da vida espiritual (Ef.1:19-20; para más véase el capítulo 3 de mi trabajo “Efesios”). La potencia con que Cristo venció a la muerte es la misma que garantiza la plenitud de las riquezas espirituales para todos los de la familia de la fe. El temor de la muerte explotado por Satanás es completamente eclipsado por el poder y la esperanza de la resurrección.

Y para el tema de la autoridad del cristiano yo me ceñiría a la autoridad de las Sagradas Escrituras. Al carismático del tipo citado en este artículo le gusta hablar de su autoridad en Cristo para gobernar su vida de forma piadosa y cambiar su entorno. No haré aquí más comentario que este: bástenos con la autoridad de la Sola Scriptura y del poder soberano de Dios. Si tenemos alguna autoridad dada por Dios, en el sentido de impactar con liderazgo eficaz, seguro que existen otras formas de construir una tesis bíblica que no sea Mt.18.18 y su AyD. Pero aún en este caso aconsejo proceder con cautela. Porque la confusión está a la orden del día entre los que no tienen cuidado de revisar sus métodos exegéticos.


Recordemos también el dicho: “Al mejor cazador se le va la liebre”. No hay estudiantes de la Palabra que sean infalibles. Hay una sola Palabra infalible que es estudiada por estudiantes imperfectos.


Notas :

*Me reservo la expresión “todas las denominaciones” porque hay quienes se deslindan de cualquier denominación para colocarse en una posición que llaman “iglesias bíblicas” “centros cristianos”… , entre las cuales también ha llegado a permearse lo que estamos por anotar.