Fariseos “”

El ‘progresismo’ considera que la oposición de los cristianos al liberalismo teológico está fundando sobre un espíritu farisáico. Dicen que los que hablamos de doctrina, pureza, pecado y santidad y nos oponemos a declarar bendición sobre las prácticas de la ideología de género (homosexualismo cultural, aborto y feminismo) somos como los fariseos del tiempo de Jesús. En este escenario el ‘progresista’ se ve a sí mismo como si fuera Jesús. De este modo, para ellos nuestras observaciones contra las apostasías y herejías liberales son exactamente* lo mismo que las acusaciones que Jesús recibió de fariseos y escribas. Su lectura de la Biblia adquiere nueva fuerza porque consideran que poseen el carácter de Cristo frente a nosotros, los fariseos modernos.

Pero es bueno que aclaremos este malentendido.

Quiénes eran los fariseos

Los fariseos eran un grupo minoritario en el tiempo de Jesús. Se puede trazar su origen hasta poco después de los tiempos de la reforma de Esdras que busco básicamente dos cosas:

  1. Conocer el texto y la enseñanza de la ley a detalle;y
  2. Practicar lo que dicha ley prescribía.

La reforma con Esdras fue un extraordinario regreso a la Palabra de Dios. Trajo consigo renovados esfuerzos y anhelos de santidad.

El nombre “fariseo” aparece temprano entre los reyes y sacerdotes asmoneos. Decepcionados con el sacerdocio y el abandono de ciertas tradiciones algunos se retiraron de la vida pública pero muchos comenzaron a trabajar activamente para lograr el control de la religión. Para el 134–104 a. C., los fariseos obtuvieron un gran apoyo popular pero fue solo momentáneo -los saduceos reemplazaron en seguidores a los fariseos luego del rompimiento con Juan Hircano.

Más tarde, luego de la muerte de Alejandro Janeo en el 76 a. C., el fariseísmo recibió poder de parte de la esposa de Alejandro, Alejandra Salomé, y su influencia en el sanedrín se disparó.

En los tiempos de Jesús ser fariseo no era sencillo como algunos opinan. El ‘progresista’ asocia al fariseísmo indistintamente con poder ilimitado y dinero en abundancia. La realidad es que bajo Antípater y Herodes fueron un grupo bastante sufrido al grado que a la muerte de Herodes algunos pidieron un gobierno romano directo en vez de un sucesor. Además, hay que hablar de dos grupos de fariseos: los presididos por Shammai que eran rigurosos y tenían lazos aristocráticos, y los que eran de la escuela de Hillel, grupo liberal y más humilde (‘liberal’ no en el sentido que usamos aquí para referirnos al ‘progresismo’) . No es causalidad que para el 66–70 d. C., los fariseos se opusiera a la rebelión contra Roma. Aunque les resultaban impuros creían que las cosas irían ‘mejor’ si Roma los regía.

Bajo Herodes los fariseos se contaban entre alrededor de 6000. El pueblo gustaba de los fariseos por varias razones entre las que se cuenta que provenían de la clase media baja, de entre los artesanos, lo cual hacía más fácil su identificación con ellos y su admiración al verlos intentar que el pueblo pudiera cumplir la ley.

Cumplir la ley era la prioridad para el fariseo promedio.

La lectura que hace el ‘progresismo’ del fariseísmo no es la más equilibrada. Subrayan demasiado las acusaciones de Jesús contra ellos por los cargos de hipocresía y añadiduras a la ley. Solo observan la condena del ritualismo y la fe vacía que Jesús señalaba contra su grupo pero no observan que existían fariseos piadosos cuyo deseo de observancia estricta de la ley y las tradiciones no era mala fe sino celo por Dios. Nicodemo es un caso de esta clase de religiosos que buscaban la verdad más allá de las limitaciones de las exigencias humanas. Jesús entendía esto y estaba dispuesto a enseñar y amar.

Qué enseñaban los fariseos

Los fariseos creían que el exilio babilónico había ocurrido porque el pueblo no había guardado la ley mosaica o Torá. Aquí aparece algo sumamente interesante: la Torá no solo era la ley de Moisés sino también instrucciones adicionales no reveladas que resultaban de la adaptación de su fe a lo largo del tiempo y los acontecimientos. El problema fue que las inferencias de los fariseos obtuvieron en su práctica la misma autoridad que la revelación de Dios. Así, el problema no fue la inferencia sino el valor que le dieron a esta a la par de las Escrituras.

ATENCIÓN A ESTO. - El ‘progresismo’ dice que los cristianos inerrantistas o también llamados “conservadores, fundamentalistas o literalistas” (según entienden estas palabras ellos mismos) son ‘fariseos modernos’. Sin embargo, ES el creyente ‘progresista’ el que incurre en el fariseísmo al colocar sus conjeturas e inferencias posmodernas en el mismo nivel autoritativo que las Sagradas Escrituras. Nosotros, en nuestra imperfección, anhelamos andar solo en la Escritura (Sola Scriptura) . Pero ellos quiere que la Escritura sea leída bajo el lente de la psicología, las ciencias sociales, la filosofía existencialista y la ideología de género. Junto a la Biblia dan autoridad a conclusiones personales y así añaden a la Palabra “tradiciones de hombres”. Lo que ocurre es que es fácil centrarse en el llamado externo del fariseo a la observancia de la ley y pasar por alto el verdadero cargo que Jesús les hacía: hipocresía y añadiduras; “echan cargas sobre los hombres que ustedes no quieren llevar” -decía Jesús (Mt. 23.4). ¿No es una carga para el cristiano el obligarlo a aceptar cosas contrarias al consejo revelado? ¿No es una religión de obras el exigir que la Iglesia ame lo que Dios odia, como la práctica homosexual, y crea lo que Dios maldice como los “otros evangelios” (Gál.1.8), los sociales, progresistas y de la liberación y el activismo político? ¿No es, amigos, una carga que la Iglesia sea juzgada por oponerse a las herejías de las teorías de la expiación liberales, a negaciones de la Trinidad y otras cosas parecidas?

El fariseísmo de la religión humanista

Puede uno buscar en la Biblia y fracasar en el intento de encontrar UNA SOLA VEZ en que Jesús haya condenado el celo por cumplir la ley-el celo como tal. Él mismo se hubiera condenado de haberlo hecho porque él vino a cumplir la voluntad y la ley de Dios (Mt. 5.17). Su condena fue, insistimos, por la hipocresía y las añadiduras a la ley de su Padre. El ‘progresismo’ condena que la Iglesia quiera ser fiel a la revelación bíblica y la lea a la luz no de las ciencias sociales, la psicología, la filosofía y la ideología de género, sino de la misma Palabra de Dios. Por eso, al acusar de fariseísmo no es honesto. Este cargo solo sería conducente si se demostrara que nosotros decimos una cosa y hacemos otra diferente, o si se demostrara que hemos añadido a la Palabra de Dios alguna novedad. Aunque no estoy seguro del primer cargo, sí se puede probar que es el ‘progresismo’ el que ha incurrido en fariseísmo con su religión humanista.

Los escribas tuvieron una tarea doble: primero, establecer que la Torá tenía 613 mandamientos (365 negativos y 248 positivos);y segundo, elaborar principios que impidieran que estos mandamientos fueran transgredido por error o ignorancia. Por ello había una lista de 39 actos prohibidos para el Día de Reposo que junto a las 31 costumbres de “uso inmemorial” constituyeron la “ley oral”. Durante el ministerio de Jesús esta ley aún estaba por completarse. Aquí los fariseos cometieron el mismo exceso ya referido: decir que esta interpretación oral no solo era la única correcta sino que provenía de Moisés y el Sinaí.

El ‘progresista’ dice que esta actitud es la que la Iglesia toma al condenar las lecturas liberales de las Sagradas Escrituras y pronunciarse seguros de la validez de sus réplicas. Es verdad que existen entre cristianos algunos que creen que sus inferencias confesionales son absolutas como si fueran parte de la revelación. Pero no es así en la mayoría de los casos. La convicción cristiana que no cede terreno y que más aborrecen los liberales no tiene que ver con inferencias sino con la letra del texto bíblico mismo. Por ejemplo, sabemos que Jesús murió en la cruz en lugar de los pecadores pero hay ‘progresistas’ que niegan esta revelación. Nos oponemos a ellos no porque estemos cegados como los fariseos dándole a nuestra interpretación una categoría revelada. Nos oponemos porque ESO dice la Biblia de forma clara en varios pasajes claros y bien concatenados. No es interpretación caprichosa. Además, ha sido la lectura de la Iglesia por siglos.

Ensañados contra la teología bíblica

El problema del fariseo era ético y no tanto teológico. Jesús repudiaba que hombres éticamente tan exaltados como ellos fueran tan hipócritas y tan mezquinos con el cumplimiento de la esencia o corazón de la ley que era la justicia, el amor a Dios y el amor al prójimo. Jesús no negaba la ley de su Padre sino que les hacía ver que su fingimiento y falsedad religiosas impedían su cumplimiento. El ‘progresismo’ no distingue y se ensaña contra la teología bíblica armándose de las palabras de Jesús contra los fariseos en un contexto ético. Es una revoltura bastante convincente para los que se alimentan de las mentiras del liberalismo.

Todos podemos caer en fariseísmo cuando cometemos estos dos pecados:

  1. Exigir la santidad bíblica cuando nosotros no la practicamos;y
  2. Añadir a la Palabra de Dios mandamientos humanos.

Yo veo que el ‘progresismo’ está volviéndose fariseo desde el momento en que añade a la Palabra de Dios ideas extravagantes, a veces hasta irrisorias, necedades vestidas de sabiduría y adjetivos pomposos, y trampas del secularismo propio de los burladores de Dios.


Ser fariseo no es esa caricatura que pintan los ‘progresistas’ de un hombre serio, amargado, narizón, con la Biblia bajo el brazo arruinándole la fiesta a todos. Eso es distraer a la gente de la historia y las Escrituras. Por este error el ‘progresismo’ consigue que su imagen desilachada, de hombres recién salidos de un bar, trasnochados y con ropas informales, que en lugar de Biblia traen una Mac o tablet en la mano, con enseñanzas pro ideología de género, se venda muy bien como lo opuesto al fariseísmo. Pero Satanás se viste como ángel de luz (2 Co. 11.14). Creo que también esa fotografía ‘progresista’ esconde a grandes fariseos que añaden a la Biblia su religión humanista cada vez que tienen oportunidad y echan sobre la Iglesia la carga de aceptar lo que Dios odia como algo bienaventurado.

No te dejes engañar por las apariencias.