“¡Fuera, teólogos gringos!”

“¡Yankee, go back!” “¡Go home, imperialista!”. Así hablaban algunos caudillos latinoamericanos venezolanos, cubanos, ecuatorianos y demás cuando los intelectuales “de izquierda” como Noam Chomsky, Althusser, Heinz Dieterich y Martha Haernecker apuntalaron al socialismo como la respuesta a los problemas de nuestra sociedad. Ellos fueron, la estela de intelectuales de este tipo, desde el génesis de obras como El Capital y El Manifiesto del Partido Comunista, quienes moldearon mucho del nacionalismo latinoamericano de hoy.

No es raro hallar atisbos de esta ideología política en la Teología: el movimiento teológico “De La Liberación”. Esta corriente nació en latinoamérica el siglo pasado en los sesenta. El enfoque fundamental de esta teología es responder desde la fe a las necesidades de los pobres y marginados; no sólo han sido los oprimidos latinoamericanos los que han armado sus luchas desde este punto de partida (la pobreza es contra la voluntad de Dios) sino también los negros en EEUU, África del Sur y los luchadores políticos en Irlanda del Norte.

Estamos en presencia de una mezcla de cristianismo y marxismo donde este ha sido usado para realizar el análisis social, observar los factores económicos y retratar la lucha entre ricos y pobres para sustentar la misión cristiana. La Iglesia está en el mundo no para hablar de un Dios inmutable, santo y Salvador, sino para “aterrizar” las enseñanzas bíblicas a favor de los que menos tienen, de todos los pobres que esperan su “éxodo” hacia la emancipación de la tiranía de la burguesía.

Este preámbulo nos sirve para identificar el resentimiento que algunos hermanos latinoamericanos demuestran ante los teólogos extranjeros, especialmente los norteamericanos. Se puede trazar una línea ideológica que explique esta oposición -a menudo pueril- inclusive mucho antes de que los detractores de los teólogos norteamericanos se volvieran cristianos. A menudo, los que rechazan de tajo la enseñanza teológica extranjera, o al menos la toman con recelo, tuvieron antes sus relaciones con las teorías socialistas que aún hoy se enseñan en muchas aulas de primaria latinoamericanas.

Esta actitud agria hacia el extranjero en materia de Teología, empero, carece del realismo que tanto enorgullece al socialismo nacionalista. Porque no puede ser posible que una teología como la reformada, de sistematización europea, se convierta para algunos en indeseable solo porque son norteamericanos quienes la trabajan y la diseminan en latinoamérica. Es ridículo.

La verdad no es un asunto nacional, ni de etnias, razas o pueblos específicos, al menos después de la plena revelación en Jesús (Gá.3.28). No importa si es Martínez, Grau, LaCueva, Grudem, Berkhof, MacArthur o Sproul el que habla cuando se trata de la verdad. Condicionar a la raza el hecho de que la escucharemos o no es todo menos una postura cristiana. Estorba a la verdad nuestra antipatía arraigada en prejuicios políticos y territoriales. Tener ojos azules y ganar en dólares, o negros y hacerlo en pesos no define la veracidad de lo que se enseña. Sólo la Palabra de Dios.

Es holandés el mejor teólogo que ha existido en la historia contemporánea en mi opinión. Y en esta misma línea es norteamericano el mejor predicador que he conocido; son ingleses los más exquisitos escritores devocionales y sistemáticos que he leído, y alemanes los peores teólogos de las últimas cinco décadas.

El hecho de que no cite a un latinoamericano no es “traición a la patria”. La única traición a la que temo es la traición a mi Señor. Y si me maravillo con autores extranjeros no es por otra cosa sino porque sé reconocer su trabajo. No me siento inferior, vasallo y servil ante la bota opresora del “gringo”. Estas son tonterías de gente que está acomplejada y no comprende que delante de Dios todos somos ciudadanos del cielo (Fil.3.20). Y esta posición personal algunos la anteponen en sus ministerios sin que los demás se percaten del pecado de xenofobia que cometen.

Me cautiva ver en latinoamérica a un Tim Conway preguntando: “¿Hay pastoras aquí?” para luego poner en su lugar las cosas según la Biblia. ¿Por qué no fue un latinoamericano el que arregló el enredo en que se hallan muchos ministerios allí? No lo sé. ¿Por qué tiene que ser un extranjero? No lo sé. Lo que cuenta es la verdad, dígala quien la diga. En todas partes hay grandes herejías. Muchas de las peores nacieron en EEUU, pero las fronteras no vienen para nada al caso aquí. La herejía es herejía, y si son extranjeros los que la reconocen y denuncian, excelente. Sí nacionales, también.

No perdamos más el tiempo en intrigas xenofóbicas. Seamos humildes para reconocer nuestro orgullo malsano y dejemos de “encarcelar” en la jaula de nuestra ignorancia personal al Espíritu de Dios. Por favor.

Blog de Juan Paulo Martínez Menchaca

Written by

Teólogo y escritor. www.patreon.com/jpaulomartinez

Welcome to a place where words matter. On Medium, smart voices and original ideas take center stage - with no ads in sight. Watch
Follow all the topics you care about, and we’ll deliver the best stories for you to your homepage and inbox. Explore
Get unlimited access to the best stories on Medium — and support writers while you’re at it. Just $5/month. Upgrade