La Iglesia protestante: ¿Puerta abierta al homosexualismo cultural?

La infiltración neo-marxista en la Iglesia cristiana y la depravación sexual

Desde la caída (Gn.3) se han desarrollado múltiples formas de odio contra Dios. Una de las formas de desobediencia más comunes fue la práctica de las relaciones homosexuales. Por siglos los pueblos paganos normalizaron y aún sacralizaron las relaciones gays ante lo cual el Señor y Dios las maldijo (Lv.18.22;Gn.19:1-29) y mandó a los suyos a no pecar del mismo modo porque su pueblo debía ser santo (18:1-5), es decir, distinto y apartado para él.

La Iglesia ha registrado por siglos varias controversias. Unas cristológicas y otras eclesiásticas y soteriológicas. En todas estas ha primado la promesa de Jesús de que su Iglesia no sería jamás vencida (Mt.16.18) teniendo por resultado los credos, declaraciones de fe y catecismos, entre otros documentos que si bien no son inspirados por Dios sí son iluminados por el Espíritu Santo (cfr. Sal.119.105; 1 Co.2:9-11,16). De esta manera, por ejemplo, el arrianismo, el pelagianismo, el docetismo y un sin número de herejías han sido desvinculadas de la fe verdadera entregada una vez y para siempre a los santos (Jud.3). Pero de entre todas estas controversias jamás la Iglesia, hasta hace poco menos de un siglo, vio que la moral y ética sexual cristiana tuviera que ser revisada en lo que toca a la práctica homosexual.

Mientras las controversias históricas surgieron desde dentro de la Iglesia, el lío sobre las relaciones gays surgió fuera de ella. El principio de la búsqueda de legitimación cristiana de la homosexualidad está en el ateísmo y no dentro de la fe del pueblo de Dios. Sin embargo, ahora tenemos supuestos pastores y maestros cristianos que enseñan lo que nunca aceptó -por milenios- la comunidad de creyentes: que la homosexualidad es una dádiva de Dios. ¿Cómo se infiltró esto en nuestras iglesias locales? Veamos.

El principio de la búsqueda de legitimación cristiana de la homosexualidad está en el ateísmo

Todo comienza con el marxismo. ¿Es posible? ¿No fue Marx el que dijo que “la religión (incluida la fe cristiana) es el opio de los pueblos”? Engels, un ideólogo fundamental del marxismo, enseñó que cuando apareció la propiedad privada la mujer se convirtió en propiedad del hombre. La familia patriarcal –pensaba- fundó las reglas de opresión contra la mujer. En esta tesitura otra ideóloga marxista, Simone de Beauvoir, sostuvo que la revolución marxista soviética lograría el acceso al divorcio, al aborto y al cuidado de los hijos por parte de “la colectividad” (o sea, todos nosotros pagándole al gobierno como administrador) para que la mujer pudiera trabajar sin abandonar completamente a sus hijos. Elisabeth Badinter abonó a este plan de destrucción de la familia al elaborar la teoría de que el instinto materno es un mito. Para ella, la maternidad es alienación de la mujer: un resabio de la esclavitud que la mantiene atada y sin poder lograr la igualdad con el hombre. Debía la sociedad proceder a la “desmaternización” en aras de la equidad.

¿Qué tiene que ver esto con la legitimación de la homosexualidad en la Iglesia? Estos esfuerzos por lograr la igualdad siguieron degenerando en otras ideologías y teorías como la de la androgenización de la sociedad: la creencia de que las personas venimos al mundo como bisexuales y que por medio de la cultura se termina colocando a unos como mujeres y a otros como varones, con independencia de los órganos sexuales y la información cromosomática biológica. Así, los roles hombre-mujer se pueden intercambiar. La familia heterosexual se convierte tan solo en un producto cultural entre muchos otras formas de relación e identidad como la homosexualidad, la transexualidad y otras disforias de género. La pederastia también se incluye dentro de las conductas aceptadas porque su reprobación no puede ser sino un producto de la presión de la cultura que va cambiando con el tiempo. Ahora todos somos exactamente iguales y cada uno es lo que quiere ser en términos de identidad y práctica sexual.

Los tres principales enemigos del neo-marxismo –como apunta Nicolás Márquez- son la familia, la tradición y la Iglesia porque en ellas se gestan los principios de autoridad, de propiedad privada y de cohesión espiritual. Si esta revolución ideológica quiere triunfar debe atacar y desbaratar estos tres pilares sociales. Pues bien, la ideología neo-marxista, de origen ateo, que al mutar dejó el discurso de armas contra los ricos y lo cambió por la revolución ideológica convirtiendo a los colectivos minoritarios en carne de cañón (v, gr, indígenas y gays) apuntó todas sus baterías a propagar su ideología desde todas la áreas de la “superestructura” social (el derecho, la filosofía, la educación, la religión, la política, etcétera), dentro de la cual, por supuesto, estaba la Iglesia. Esta, como la gran opositora del marxismo y sus ateos, fue embestida desde fuera y le fue inoculado progresivamente el veneno a través del activismo dentro de los gobiernos y medios de comunicación: políticos, legisladores, jueces, magistrados y ministros, revistas, anuncios comerciales, telenovelas, películas, foros, y prácticamente cualquier lugar de influencia comunitaria.

Poco a poco varios hombres y mujeres vendidos a esta tarea neo-marxista comenzaron a revisar la Biblia y a releerla con los lentes ideológicos referidos. Se dieron cuenta de que la mujer no podía acceder al ministerio pastoral, de que los homosexuales no podían casarse en la Iglesia y de que su estilo de vida no era aceptado, que los niños estaban recibiendo esta doctrina desde muy temprana edad y que el concepto de soberanía de Dios y autoridad masculina en el hogar y la Iglesia se seguía predicando. Estos ideólogos hallaron mucha resistencia en la Iglesia Católica Romana pero no así entre los protestantes. Como la Iglesia protestante no tenía un eje rector autoritativo en materia de fe que no fuera la Biblia, se dieron cuenta de que reinterpretando los pasajes bíblicos claves sobre la sexualidad que la Iglesia había tenido claros desde el principio podrían convencer a la gente de que dicha ideología era “la voluntad de Dios”. En cierto sentido, el lobby LGBTI dentro de la iglesia es un movimiento sectario, con sus dogmas y sus reglas del juego, su cerrazón y su condena. Dentro del protestantismo la ideología neo-marxista obtuvo oposición solo desde el fundamentalismo, tanto reformado como pentecostal y dispensacionalista.

El ala dentro de la Iglesia en la que estos ideólogos lograron una importante aceptación de la ideología neo-marxista fue el llamado movimiento emergente, la iglesia que buscaba ser sensible a lo social, que inventó la teología contextual y que la usó como herramienta hermenéutica para asestar golpes contra lo que el ‘progresismo cristiano’ comenzó a denominar “tribalismo” “status quo” “el pasado glorioso pero irrelevante” “la cerrazón fundamentalista” “la falta de misericordia” y “la Iglesia ciega ante el verdadero amor de Jesús”, entre otros. Esta iglesia emergente, ‘progresista’, liberal –entre otras maneras en que se le ha denominado- halló a su vez en los jóvenes su militancia principal. Por eso se organizaron para realizar reuniones atractivas a los muchachos que atravesaban por la natural insurrección de sus años. Explotando esta rebeldía común y pasajera se acomodó a la perfección la introducción de la teología pro LGBTI, pro aborto y pro feminismo, así como otros aspectos como el reciente interés por la ecología y otras causas sociales. Fue entre emergentes protestantes que Gandhi se convirtió en modelo, que la vieja negación de la expiación penal de la Biblia recobró su energía bajo el pretexto de que los que la afirmaban “no entendían el amor de Dios y estaban sedientos de sangre” (NT Wright, por eso, es uno de los teólogos que ha encontrado mayor aceptación entre ‘progresistas’). También fue aquí donde la negación de la infalibilidad, inspiración e inerrancia de la Biblia se catapultó y se dio nueva vida al desmembramiento teológico entre Jesús y el resto de las Escrituras, particularmente el divorcio con el apóstol Pablo.

En el siguiente artículo vamos a tratar este último tema para explicar cómo esta nueva teología progay separa la revelación de Jesucristo del resto del texto bíblico y cómo enfrenta a Jesús con las enseñanzas del apóstol Pablo, en un intento fallido por construir una cristología sin la Palabra de Dios. Por lo pronto, quede asentado aquí que si alguien le ha permitido crecer a la ideología neo-marxista en los últimos años ha sido la Iglesia protestante a través de la Iglesia emergente. No es raro por ello que esté siendo la iglesia romana la que esté liderando el pie de guerra contra la ideología de género en todo el mundo mientras que los emergentes siguen librando su lucha a favor del “matrimonio homosexual” en el nombre del amor de Dios, la humildad “teológica” y “el descubrimiento del Evangelio”.


Fuentes consultadas:

www.aciprensa.com/familia/genero2.htm

https://prensarepublicana.com/la-izquierda-promueve-homosexualismo-nicolas-marquez/

Imagen: Cleveland.com