“Mi hija es gay y Dios la ama”
Navegando por Internet me encontré en una página una fotografía que reflejaba un pensamiento común y que llamó mi atención desde una óptica teológica. Una madre alzaba un letrero que decía: “MI HIJA ES GAY DIOS LA AMA Y SU MADRE TAMBIÉN DIOS ES AMOR” (sic).

Esta consigna a favor de la homosexualidad, a pesar de su tenor pro LGTB, no contenía en estricto sentido ningún error. Su inscripción era correcta. ¿Cómo?
Dios ama a los homosexuales porque Dios es amor. Esto se puede comprobar bíblicamente con facilidad. Que Dios es amor se lee en 1 Jn.4.8, y que Dios ama a los homosexuales se infiere de Jn.3.16 donde se lee que Dios amó al mundo de tal manera que envió a su Hijo Jesús para que el que en él creyere tuviera la vida eterna.
Sin embargo, aunque en estricto sentido el cartel es bíblicamente correcto es seguro que en el aspecto amplio esta madre de familia está en un error mortal. Esto también es más o menos sencillo comprobarlo bíblicamente. La Palabra usada en 1 Jn. 4.8 y Jn. 3.16 para traducir «amor» es ágape, transliteración que refiere un amor sacrificial. El amor de Dios hacia el mundo caído es un amor abnegado: el amor con que Cristo se despojó a sí mismo humillándose hasta la muerte de cruz (Fil.2:5–8). Cuando el Señor dice que no ha venido al mundo a condenarlo sino a salvarlo está declarando que ama al que ha venido a redimir (Jn.3.17) en su primera venida. Esa hija gay es amada por Dios porque a través de Jesús sus pecados pueden ser perdonados. También por amor es que el Señor llama al arrepentimiento (Mt.4.17) y ordena al perdonado: “Vete; desde ahora no peques más” (Jn.8.11).
Así que el amor de Dios es singular: ama en Cristo crucificado por nuestros pecados y ama al enseñarnos cómo debemos de vivir de ahora en adelante, muertos al pecado y vivos para Dios (Ro.6.11).Que la práctica homosexual es pecado es claro en la Escritura. No es posible desvirtuar una dirección bíblica tan contundente (Ro.1:26–27). 1 Co.6.9–10 y Ef. 5.5 sostienen que la herencia del Reino de Dios no será para los homosexuales que sigan practicando la inmoralidad sexual. Para Dios la única fidelidad santa en términos íntimos es la que ocurre en el matrimonio entre un hombre y una mujer (Heb.13.4).
El amor de Dios por el homosexual es salvación del pecado de la homosexualidad. No es salvación en el pecado. Cuesta mucho creer esto porque en nuestra cosmovisión romántica del amor este perdura exento de juicio. Para el común de nosotros el amar significa “no juzgar” y “aceptarlo todo”, incluyendo la homosexualidad. Pero si ese hubiera sido el caso, las amonestaciones bíblicas sobre santidad, pecado y condenación estarían de más. El amor de Dios en uno mismo “…se alegra con la verdad” (1 Co.13.6), y la verdad es que Cristo nos llama a ser santos. Así concluye el apóstol Pedro:
“[Y] El mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por sus heridas fuisteis sanados.” 1 P. 2:24 . LBLA.
Así es el infinito y dulce amor de Cristo. El Dios de amor. No tengo ninguna duda de que Dios ama al pecador. Algunos se enfrascan virulentamente en esto y dicen que Dios no ama sino que odia al pecador. Pero cuando Jn.3.16 dice que Dios amó al «mundo» (cosmon) usa el mismo término que se lee en 1.10, 7.7,14.17 y 15:18–19 del mismo evangelio y que apunta a todo lo que se opone al Señor. Así se colige que este amor por los caídos es maravilloso e inusual. Por tanto, estamos delante de un misterio: la implacable ira de Dios sobre el homosexual impenitente y el llamado del amor de Dios para el homosexual, para que se arrepienta y le busque con todo su corazón.
La fiesta en el cielo no es por el justo sino por el pecador que abandona su pecado y fía en Cristo como Salvador y Señor. Pero esta madre de familia tiene que entender el amor de Dios según la Palabra. Entonces su letrero será esperanzador y no una penosa perversión de la verdad.