Sigue a Jesús, no a Pablo.

La estrategia de desmembramiento bíblico de la iglesia emergente para legitimar la práctica homosexual y otras herejías

Gracias al Señor que el cristiano promedio entiende esto: que toda la Biblia es Palabra de Dios. Lo mismo si el lector lee Deuteronomio, que 1 Corintios o San Lucas, se presupone que, como dice el propio texto, “Toda la Escritura es inspirada por Dios” (2 Ti.3.16). Pero ¿qué pensarías, amable lector, si te dijera que el apóstol Pablo enseñó cosas que Jesús no aprobó? ¿Qué si te dijera que cuando menos Pablo estuvo distanciado del ministerio de Jesús lo suficiente como para decir cosas que realmente no encajan del todo en los cuatro evangelios? ¿Extraño, no?

Pues es esta la premisa de muchos emergentes al leer la Biblia: que el apóstol Pablo presenta, de algún modo, un Jesús distinto al Jesús de los evangelios. Que por eso es importante que Jesús sea “el principio hermenéutico” de la Biblia, es decir, que hay que leerla a la luz de Jesús y no del apóstol Pablo. Que a Pablo hay que mirarlo con los lentes de Jesús y no al revés. Si eres un cristiano que reconoce que la Biblia es Palabra de Dios de tapa a tapa estas ideas te resultarán repulsivas. Por eso quiero en este artículo complementario al anterior sobre la Iglesia protestante y el homosexualismo cultural (que puedes leer aquí), quitarle los adornos a esta postura desmembradora del Consejo de Dios y demostrar que implica hacerle una gran violencia al texto bíblico y arrastrar al estudiante a una especie singular de precipicio espiritual. Un hoyo profundo donde se afirman cosas contradictorias y donde es imposible conocer al verdadero Jesús.

¿No has notado que algunos creyentes del movimiento emergente casi no usan las palabras “Cristo” y “Señor”? Regularmente dicen “Jesús”. “Jesús dijo” “Jesús fue” “Jesús regresó”. Esto no es una mera casualidad. Desde Baur a principios del siglo pasado a la fecha, los teólogos liberales –para el caso, ‘progresistas’- han intentado refabricar a Jesús a partir de una técnica de aislamiento textual. Al principio se quiso despojarlo de todos los elementos sobrenaturales hasta que quedara un Jesús humilde, maestro de justicia, que pedía a los demás tener fe y ayudar a los pobres. Más tarde, se incluyó el carácter milagroso de Jesús aunque lo suficientemente atenuado como para que lo sobrenatural no opacara al Jesús humano y amable- en opinión de varios.

En esta labor los teólogos tuvieron que aislar al Jesús de los evangelios del Jesús de las epístolas. No hace mucho cierto líder emergente, discípulo de estas teologías, decía que las epístolas habían extraviado a la iglesia en una tendencia sectaria, exclusivista, hasta que llegaron los evangelios a “rescatar” a la iglesia. Se supone que las epístolas presentaban a un Jesús soberano y poderoso, lejano, mientras que los evangelios mostraban a un Jesús humano y cercano a la gente.

En opinión de varios emergentes modernos esta operación que aquí llamaré Epístolas contra Evangelios (en adelante, EvsE), y refiriéndome en particular a las trece epístolas paulinas, resultó en una nueva y adecuada forma de hacer cristología. Se estudia a Jesús desde su verdadera fuente primaria (los evangelios) y no desde cartas con una autoridad delegada y con ideas a veces hasta incompatibles con su enseñanza. Como Pablo usa términos como “Cristo” y “Señor” más a menudo que los escritores de los evangelios, entonces se procedió a utilizar la palabra “Jesús” entendiendo que su origen está en los escritos que muestran al Jesús humano, cercano y amoroso que las epístolas parecen ocultar.

Esta posición de EvsE, como veremos, carece del más elemental respeto por las reglas de la exégesis. Pero tiene gran aceptación entre la comunidad LGBTI y sus lobbies dentro de la Iglesia. Pero antes de explicar el porqué hay que desbaratar primero el error de la EvsE.


La pregunta fundamental que tenemos que hacernos es esta: ¿Lo que Pablo escribió y dictó autoritativamente en sus epístolas fue enseñanza de Jesús o fueron sus propias ideas y trasfondo cultural mezclado con algo de Cristo? ¿De dónde obtuvo Pablo la información que compartió -de nuevo- autoritativamente en sus cartas? ¿De su visión del mundo y sus prejuicios rabínicos o de la visión de Dios en Cristo Jesús, por revelación?

Pablo obtuvo la información que compartió acerca de Jesús de al menos dos fuentes fidedignas, una de ellas con enorme grado de corroboración y la otra de tipo infalible. La primera fuente la constituyen el grupo de amigos íntimos de Jesús durante su ministerio terrenal. La segunda, sus encuentros con el Cristo resucitado.

Antes de su conversión Saulo conocía los hechos de la vida de Cristo. Había estudiado el caso de tal manera que acabó odiando a los cristianos y trabajando para destruir a la Iglesia (cfr. Hch.1:1-3). Se tomó muy en serio esta labor como cualquiera cuyo celo le impele a documentarse para obtener el mayor éxito posible en su empresa. Esta fuente de información estaba viciada por su pasión contra la Iglesia. Así que se puede suponer que conocía el mensaje de Jesús y sus apóstoles como combustible de su desprecio.

Tres años después de su conversión Pablo fue a Jerusalén y se reunió con Pedro. Pasó quince días con él (Gál.1.18). Más tarde estuvo en contacto con Bernabé (Hch.4:36-37), luego con Juan Marcos (Col.4.10) y con Silas (Hch.15.27), todos de la Iglesia de Jerusalén. Juan Marcos se asocia con el apóstol Pedro (1 P. 5.13) y se le atribuye la redacción del segundo Evangelio bajo la predicación apostólica. Con todas estas personas, apóstoles y asociados a estos, Pablo tuvo la oportunidad a través del paso del tiempo de conocer detalles íntimos sobre la vida de Jesús, de preguntar, investigar, comparar datos, principios, dichos y palabras, eventos y significados sobre el ministerio terrenal del Señor.

También se puede citar el caso de Andróquino y Junias (Ro.16.7) a quienes el apóstol Pablo conoció, dos “muy respetados entre los apóstoles”, y que llegaron a Jesús antes que él. La información que le suministraron estos hermanos fue seguramente de alta calidad por ser de primera mano. El Concilio de Jerusalén (cfr. Hch. 15:1-29 con Gál 2:1-10) fue otro momento muy importante en el que el apóstol logró compartir con los demás apóstoles originales de Cristo conocimiento santo e inerrante. Así, repetimos que las fuentes a las que tuvo acceso Pablo fueron ciertas, fidedignas, exhaustivas y actualizadas.

Negar que estas fuentes fueron suficientes para que Pablo tuviera un conocimiento certero sobre la vida y obra de Jesús es negar la naturaleza misma de la educación. Una sola persona puede influir a otro por el resto de su vida. Un grupo de personas que comparten intereses comunes suele producir una fuerza increíble en torno a una misión. Lo vemos en grupos de escolares, en equipos deportivos, en grupos de trabajo, empresas y aún en las lamentables organizaciones criminales. Si esto es verdad entre gente cuyos intereses son ajenos a la inspiración de Dios ¡Cuánto más lo es bajo el poder soberano del Espíritu Santo!

La segunda fuente de información que tuvo el apóstol Pablo sobre Jesús fue el mismo Cristo resucitado. En el camino de Damasco (Hch.9:1 y ss.) Pablo (entonces Saulo) recibió la revelación de Jesús quien lo llamó al ministerio apostólico. En esta ocasión lo que sucedió es que los hechos que Pablo conocía sobre Cristo y que consideraba con odio asesino obtuvieron un nuevo significado. En palabras suyas:

Todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado. ¡Una vida nueva ha comenzado! (2 Co.5.17).

La transformación tuvo lugar y los hechos redentivos que sabía a nivel intelectual se realizaron en toda su persona con un efecto salvador por medio de la fe. Es en este sentido que dice que su Evangelio “no lo recibió de hombre alguno” en Gál.1.12, es decir, fue el mismo Cristo resucitado quien lo abordó en el camino a Damasco y que probó lo que se decía sobre él. Desde entonces, Jesús reveló al apóstol Pablo varias cosas que él debía saber para seguir adelante hacia la meta en su tarea evangelizadora. Por eso hallamos en las Escrituras que Pablo distingue entre instrucciones que recibió del Señor Jesús –refiriéndose aquí tanto a las fuentes apostólicas y de sus asociados como al encuentro con Cristo resucitado- e instrucciones que son de su propia experiencia pastoral (1 Co.7.12).


Entonces ¿enseñó Pablo sobre un Jesús diferente al de los Evangelios? Hay algo más que hay que decir. Cuando el apóstol fue a Jerusalén con Pedro y Santiago fue reconocido por tener “la misma fe que trataba de destruir” y los apóstoles alababan a Dios a causa de su ministerio (Gál.1.23). No existe en todo el Nuevo Testamento evidencia alguna que siquiera haga presumible que Pablo haya enseñado alguna novedad, o que haya añadido algún dogma o principio a la predicación verdadera sobre Jesús. El Jesús que predicaba Pablo no era un Jesús “omnipotente y distinto al Jesús humano de los apóstoles originales” (según los cuatro evangelios) como alegan los de EvsE. Era el mismo Jesús: un judío, como enseñó Pablo, descendiente de David, sujeto a la ley mosaica, con algunos hermanos y un ministerio entre los judíos. Un Jesús que además había realizado un generoso acto de amor y abnegación por los pecadores (FIL . 2.5 y ss.; Gál. 2.20), que era humilde y gentil (2 Co. 10.1; Ro.15:2-3) y que debía ser imitado (1 Tes.1.6; 1 Co.11.1). Pero al igual que en los evangelios también las epístolas retratan la persona sobrenatural de Jesús. Su poder, deidad, autoridad soberana y dominio sobre todo el universo. Es un error decir que el Jesús de los evangelios aparece “más humano” que en las epístolas. Es idéntico. Si no tuviéramos ninguna epístola de todos modos tendríamos que reconocer, por ejemplo, la omnipotencia de Jesús (cfr. Mt.8.23-27;28.18) a la par de su humanidad.

Aún más decisiva para asentar este asunto del mismo Cristo predicado es la declaración del apóstol en 1 Co.15:1-11, que constituye la luz exegética bajo la cual debe leer Gál. 1:11-12. Aquí Pablo declara enseñar “lo que recibió”, esto es, lo que los demás apóstoles hablaron sobre Jesús. Nada diferente. “Que Cristo murió por nuestros pecados tal como dicen las Escrituras. Fue enterrado y al tercer día fue levantado de los muertos, tal como dicen las Escrituras…”. En toda la literatura paulina no existe ninguna corrección o defensa acerca de quién es Jesús. Esto se debe a que no había nada que defender en este respecto porque tanto Pablo como los demás apóstoles conocían al mismo Jesús. Hubo un detalle controversial respecto de la libertad cristiana, una controversia con Pedro sobre práctica en relación a la ley mosaica. Pero no fue asunto de principios. Los apóstoles estaban de acuerdo en lo que debían enseñar. De hecho, fue la apelación de Pablo a la verdad que compartían todos los apóstoles lo que propició que Pedro comprendiera el reclamo. En Gál.2.16 le dice: “…sabemos que…” ¿quiénes sabían? ¡Todos los apóstoles incluido Pedro! Aquí es la unidad del mensaje sobre Jesús lo que define el punto de solución ante esta práctica parcial respecto a los judaizantes. Pedro acabó separándose de estos en el amor a la verdad. Jamás hubo un enfrentamiento fundamental entre Pablo y los demás apóstoles como han querido hacer creer los de EvsE.

La conclusión a la pregunta “¿enseñó Pablo sobre un Jesús diferente al de los Evangelios?” no puede ser otra que una rotunda negativa. La confiabilidad, unidad e integridad del mensaje de las epístolas y los evangelios está ligada indisolublemente. Si uno no es fiel al mensaje de Jesús el otro tampoco puede serlo. O ambos son fidedignos o ninguno. Además, una revisión de epístolas y evangelios dará como resultado que tanto los escritores de los evangelios como el apóstol Pablo estaban más interesados en la muerte de Jesús que en los detalles de su vida porque el corazón del mensaje cristiano siempre fue la redención de los pecadores. La muerte de Jesús trajo la expiación de los pecados y con ello la vida eterna por medio de la fe. Este eje central es compartido por igual en todo el Nuevo Testamento.


Es Pablo quien declara solemnemente que los que practican la homosexualidad no entrarán en el Reino de los Cielos (1 Co.6.9). ¿Es esta enseñanza incompatible con el mensaje de los evangelios? Hemos visto detalladamente que esto es imposible a no ser que neguemos al mismo tiempo la autenticidad de los evangelios. Si hubiera existido algún malentendido sobre esta materia Pablo no hubiera cerrado las puertas del Reino a los sodomitas. Tenía información de parte de los apóstoles y asociados, creyentes primitivos; tenía información revelada de Cristo mismo en su estado resucitado; y aún antes tuvo la información en sus investigaciones para destruir a la Iglesia. Ninguna de estas fuentes pudo evitar que el apóstol declarara que la práctica de la homosexualidad era un pecado que impediría a los gays entrar en el Reino de los Cielos.

Los de EvsE no tienen por tanto ninguna justificación real para enfrentar a Jesús con Pablo. No es procedente, luego de un análisis honesto, decir que “hay que seguir a Jesús y no a Pablo” tanto en este tema de la homosexualidad como en cualquier otro relacionado con el Evangelio. Los de EvsE no construyen verdadera cristología sino que la desvirtúan. Quieren restar importancia a la revelación que Cristo hizo de sí mismo en las epístolas. Y un poco peor: algunos emergentes dicen que “solo Jesús es la Palabra de Dios pero no el resto de la Biblia”. De esta última tontería proveniente de una revisión maltrecha del trabajo de Kart Barth no diremos nada en esta ocasión, sino solo que eleva los niveles de vergüenza que debería de sentir cualquier exegeta que se digne de realizar una labor seria e informada.

“Ver a Pablo con los lentes de Jesús y no al revés” es una regla tramposa. Porque Jesús y Pablo conforman una unidad de pensamiento en la revelación. En todo caso, el principio válido es que hay que interpretar la Biblia a la luz de la Biblia: Sola scriptura sui interpres. Ver los pasajes oscuros a la luz de los más claros. ¿Cómo no ir a las epístolas para entender los evangelios, e ir a los evangelios para entender las epístolas? La propuesta, sin embargo, de los EvsE progay no es esta sino procurar acallar la denuncia del pecado de la homosexualidad de parte del apóstol Pablo con el pretexto de que “Jesús debe guiar nuestra lectura bíblica”.

Te animo, amable lector, a revisar de nuevo esta información. Será útil no solo para enfrentar el desafío emergente pro homosexual sino otros males que amenazan con confundir a nuestras congregaciones.


Todas las citas bíblicas son tomadas de la NTV.

Imagen: Counter Currents Publishing

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    Blog de Juan Paulo Martínez Menchaca

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    Teólogo y escritor. www.patreon.com/jpaulomartinez

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