Vejestorios teológicos

Yo padezco senilidad teológica. Soy un vejestorio por dentro. Soy tan rancio como el Credo de los Apóstoles. En mi antiquísimo pensamiento conservo aún una predilección arrobadora por los escritos de los reformadores, puritanos, pactantes y hugontes. Entre las arrugas de mis ideas hallo constantemente la remembranza de los himnos cristianos. Así que tienen de frente a un escritor espiritualmente de antaño. Soy como la abuela que cuando enfermaba se curaba con hierbas…

Por eso algunos me consideran un tradicionalista. Más exactamente un religiosos tradicionalista. Y lo soy. Soy un religioso tradicionalista porque creo en la astillada religión de la tradición apostólica. Si tú vienes a mi con un disco de música, un libro o una predicación te aseguro que la juzgaré de acuerdo con el pasado. Yo vivo en el pasado de la revelación que se hace presente en la vida de Cristo en mí. Te diré que me gusta o no según se amolde a ese pasado milenario cuando Dios obró portentos y dejó después registro escrito de ellos en ese viejo libro que llamamos Biblia. Sigo leyendo sus páginas llenas de principios, ideas y conceptos viejos, ya muy viejos, pero que se tornan vivos al leerlos. Sigo leyendo la vida.

No te molestes si algún día este religioso escritor tradicionalista del pasado escribe algo contra tus novedades. Lo nuevo que inventes en cuanto a Dios me resultará naturalmente detestable. Amo tanto lo viejo que no puedo abrirme a principios, conceptos e ideas que un día se te ocurrió crear y pensar que eran de Dios. Yo estoy seguro, desde antes de que me las digas, que no lo son, que son tuyas y no del cielo. Comprende que como muchos viejos soy muy terco y aferrado. Para mí la vida está allá atrás, en la revelación apostólica y profética que por una razón sobrenatural me mantiene con vida en la actualidad. ¿Curioso, no? Un pasado que da vida en el presente y también al futuro.

Cuando me veas escuchar y disfrutar algo de hoy fíjate bien porque seguro se trata de otro vejestorio teológico como yo. Así como tú atraes a gente que inventa novedades teológicas, gente creativa que está cansada de lo viejo -de viejos como yo- que anhela nuevas experiencias, nuevos principios y formas fe, así también yo me junto con otros viejos que desprecian ese ímpetu -para nosotros profano- de añadir a la vida cristiana tus ideas «frescas» y nunca enseñadas por los apóstoles y profetas.

Por eso te doy la razón. Soy eso que dices: un vejestorio teológico, un religioso tradicionalista, uno que sigue con eso que te parece trillado de «andar dentro de los linderos antiguos». Desearía que todos fuéramos tales, así como la abuela deseaba que todas las mujeres se hubieran dado al recato como ella. ¡Qué lindas tradiciones! ¡Qué amante religiosidad!