#ComoDueleChile

Hoy Chile está herido, pero no lo sabe.

Chile debiese estar triste, debiese bajar sus banderas a media asta y llorar, pero no sabe estar triste, Chile sólo sabe aparentar que está mejor que el de al lado. Y no hablo de la “larga y angosta” franja de tierra.
Hablo de la sociedad chilena, hablo de mí, hablo de ustedes, hablo de nosotros, de todo aquel que nació y se crió en esta sociedad de mierda que tenemos.

Salí de Chile hace más de un año y me avergüenza decir que antes pensaba como la mayoría de mis compatriotas. Pensaba a través del odio. Pensaba desde dentro de la burbuja, pensaba o simulaba pensar, me negaba pensar, no me inmiscuía en lo que sucedía, era más fácil decir “no me interesa” o “esto nunca va a cambiar”.
Pero si va a cambiar y, lamentablemente, parece estar cambiando para peor. Estamos involucionando pero aun así nos creemos campeones. Como siempre.

No estoy refiriéndome a la mafia política y empresarial que nos gobierna, ni a todos los casos de corrupción que siempre han existido pero que ahora, sin poder encubrirlo más, la prensa está mostrando. No me refiero a eso que es más de lo mismo y de lo que todos hablan hoy en día, creyéndonos ahora, los más honestos por estar mostrándolo. Cuando ese mismo que juzga y apunta con el dedo al político, es el mismo que en su oficina se lleva los suministros a su casa, o presenta una licencia falsa para faltar al trabajo. Juzgamos, juzgamos y juzgamos pero somos parte del sistema. Somos una mentira. Somos unos seres acefalos, nos creemos pensantes pero no lo somos.

Eso es Chile, un país no pensante. Dominado, dormido, drogado con lo que la televisión muestra, con el odio que una sociedad reprimida nos transmite. Con el moralismo e hipocresía arraigada en las raíces de todas las familias chilenas.

Ya lo dije en alguna otra columna, las dictadura nos cagó, nos hizo niños con miedo, que van a ser castigados por cualquier motivo, por pensar, por ser feliz, por exigir lo que nos prometieron, por querer esa alegría que venía y que nunca llegó. Esa alegría que pararon en seco, en 1990, cuando la democracia llegó de la mano de los mismos empresarios que apoyaron la dictadura y que nos ha seguido gobernando hasta la actualidad. Donde la Presidente da un anuncio de importancia nacional como un cambio completo de gabinete a través de un canal privado, del empresario más rico de Chile, en vez de darlo a través de la televisión pública.

Pero no me voy a meter en política, esto va más allá. La política en Chile seguirá donde está porque es la sociedad la que está adormecida por estos mismos políticos hipócritas y moralistas.

Ayer 14 de mayo se convocó a movilizaciones a nivel nacional por la Reforma Educacional que viene pidiendo audiencia desde 2006, con la Revolución de los Pingüinos, nombre que le dio la prensa para denostar al movimiento y así meter en las cabezas robotizadas de la sociedad, que “son pendejos capeando clases”. Quitándole importancia a un movimiento que sucedió en Francia en 1968 o en México en el mismo año.

Un movimiento cuyo único objetivo es que la sociedad piense, que la sociedad se eduque y así crezca, mejore la calidad de vida y seamos realmente un país desarrollado como aparentamos ser.

Con 150 mil asistentes sólo en Santiago finalizó ayer la marcha convocada por la Confech y el Colegio de Profesores. (Carabineros nuevamente bajó las cifras a 50 mil asistentes). Un marcha exitosa, donde la gente se toma las calles para reclamar un derecho básico como es la educación, haciendo de la calle una fiesta, con lienzos, bailes, cánticos y mucha alegría.
Pero esa alegría se iba a extinguir desde una calle del puerto de Valparaíso.

Dos jóvenes que participaban de la marcha fueron asesinados tras recibir disparos por parte de otro joven de 22 años, que vivía en una casa en la que un grupo de manifestantes intentaba rayar y colgar panfletos cuando finalizaba la manifestación en Valparaíso. — Según dicen informes no oficiales.

Diego Guzmán (24) y Exequiel Borvarán (18) son los nombres que desde ayer pasarán a la historia, abriendo una herida profunda pero aun desconocida en Chile.

diegoyexequiel

A Diego y a Exequiel, no los mató el tipo que defendía la limpieza de la fachada de su casa. No los mató otro joven de 22 años. Los matamos todos. Los matamos como sociedad. Los mataste tu y los maté yo. Por no hacer nada. Por dejar que estas cosas sucedieran desde 1973 en adelante, por dormirnos y no exigir, por someternos y no pensar. POR NO PENSAR.

Los mató la sociedad que creamos, o que dejamos que nos crearan, donde entrar a la universidad y vanagloriarse de la selección de alumnos (PSU) y de quien paga el arancel más caro sirve sólo para decirle al vecino “mi hijo estudia en tal lugar y pago tanto” y así creerme más importante.

Los mató la sociedad que permitió que se crearan leyes que protegen más la propiedad privada que la dignidad de las personas, los mató la sociedad del miedo que sobrerespeta y teme a la autoridad. Donde te tildan de comunista si reclamas tus derechos básicos, sólo por exigir que el gobierno al cual votaste te dé lo que te promete. Donde seguramente también por escribir esto me dirán comunista.

Porque en Chile o eres comunista o eres facho. No eres persona.

No saben como duele estar fuera y ver que esto sucede en tu país, como se me aprieta el corazón y la garganta al escribir esta columna. Es triste, muy triste ver que nos comieron la cabeza a tal punto de defender el asesinato de dos chicos que sólo estaban en la calle marchando.

Porque es un derecho y un deber salir a la calle, la calle es de todos, la calle es democracia, la calle es alegría. Pero en Chile salir a la calle es ser un vándalo e inmediatamente llega Fuerzas Especiales de Carabineros, NO para resguardar el orden de la ciudadanía o de los manifestantes, sino que llegan a dispersar a la gente, a castigarlos por estar en la calle, a tomarlos presos y molerlos a palos.

Eso no es democracia señores, esa es la cultura del miedo que gobierna nuestro país.

La misma que me hace leer en las redes sociales comentarios del tipo “si los mataron es porque algo estaban haciendo” o “yo también los mataría si me tocan mi casa”. No saben como duele leer todo el odio que nos enseñaron a tener. Toda la inhumanidad que tenemos dentro sin darnos cuenta y que creemos se disipa cuando nos compramos el ultimo celular o un auto nuevo.

Esta vez no fueron Carabineros los culpables, fue un tipo normal defendiendo lo suyo, porque le hicieron creer que los que están afuera son malos, son vándalos y que algo malo le van a hacer, le hicieron creer que tiene que defender lo suyo, porque le costó trabajo tenerlo, le hicieron creer que esos chicos debiesen estar trabajando o estudiando en vez de estar “vagando” en la calle. Porque eso son: vagos, flojos, sucios y comunistas.

Los medios, el gobierno y la sociedad no quieren que se dé cuenta de que son jóvenes estudiantes que quieren que el país crezca y que la gente piense. No ellos, no sus padres, no sus primos, porque ahí la cosa ya está perdida, sino que sus hijos. Están marchando para que las próximas generaciones puedan pensar, sepan elegir y puedan salir a la calle cuando algo no les gusta y volver a sus casas tranquilos. No como Diego y Exequiel a quienes sus viejos se quedaron esperando y no llegaron.

A Diego y Exequiel los mató una sociedad hija de puta, una sociedad disfrazada de demócrata y moderna, de país desarrollado. Donde lo único que prima es el aparentar, el ser más que el de al lado, donde tener es más importante que ser, donde salir a la calle está mal y donde jóvenes marchando por la educación son delincuentes y vagos.

Tenemos que despertar de este dopaje intrínseco que tenemos. No está bien que nos multen, no está bien que nos peguen, no está bien que nos quedemos en casa, no está bien que no pensemos.

Tenemos que actuar y aprender de esta herida que aun no entendemos, de esta herida que algún día cicatrizará y nos hará más fuertes. Ahora más que nunca hay que pensar.

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