Star Wars o, Cómo aprendí a amar la bomba y dejar de preocuparme

Escribo este artículo en un calentón, después de escuchar por enésima vez las críticas de un muy buen amigo mío a la nueva Star Wars: The Force Awakens. Como muchos otros, sus quejas van encaminadas al excesivo parecido de su trama principal con la del Episodio IV, pero también a algo más: a mi amigo le gustan las precuelas y echa en falta cosas que vimos allí. No, mi amigo no es un pobre loco ni mucho menos; más bien todo lo contrario. Sabe perfectamente que no son grandes películas, pero al contrario que muchos otros, entiende qué cosas George Lucas supo hacer bien en ellas.

Para poder valorar el Episodio VII de J. J. Abrams, no podemos olvidar que se trata de la séptima entrega de la saga más exitosa de la historia, solo un eslabón más en toda esa cadena que es la franquicia de La Guerra de las Galaxias. Para poder valorarla, tenemos que analizarla como película y como parte de un todo mayor. Por eso, antes de sacar conclusiones debemos que entender qué es exactamente Star Wars.

Las precuelas de Star Wars. Qué salvar y qué no.

Reconozcámoslo: a cualquier amante del cine las precuelas le parecen películas mediocres tirando a malas, y a los que les gustan las películas originales de Star Wars, incluso dolorosas. Pero nadie puede negar que son películas divertidas y hasta cierto punto espectaculares, del tipo que te quedas a ver si las pillas en la tele aunque ya te las sepas de memoria. Sin embargo, contienen algunos detalles de calidad que requieren de un visionado más atento, y que una legión de expertos esgrimirán para defenderlas a capa y espada, cosa que no pueden decir la mayoría de las millones de películas mediocres que hay por ahí. Veamos algunos de las más importantes.

  1. Obi-Wan Motherfuking Kenobi:

Podría escribir un artículo entero sobre por qué Obi-Wan es probablemente lo mejor de Star Wars, pero intentaré ser breve. A parte de la excelente interpretación de Ewan McGregor — la única buena en un reparto que sufre de la incapacidad de Lucas para dirigir actores — , está que el actor escocés supo estudiar los gestos y la forma de hablar de Alec Guiness en su interpretación del Obi-Wan de las películas originales para darnos un personaje creíble dentro de la continuidad. Sus muletillas o la forma que tiene de mesarse el bigote cuando piensa son iguales de una trilogía a la otra.

Por otra parte, Obi-Wan es un personaje hacia el que todos sentimos familiaridad a pesar de que las películas apenas revelan nada sobre él. ¿Cómo es posible? Pues sobretodo, porque no tiene nada que ocultar. Se trata de un tipo de personaje muy raro de encontrar: el perfecto sacerdote. No es un tipo al que la gente admire por su virtud o sabiduría como a Yoda, ni un Eddard Stark de la vida al que todos reconozcan por su honor. Es solo un monje que hace lo que tiene que hacer. Estamos tan acostumbrados a ver personajes con lados oscuros (valga la redundancia) que alguien que se comporte decentemente sin ser el héroe de turno es refrescante. Cuando su trabajo entra en conflicto con sus sentimientos por su amigo y discípulo, sabe qué tiene que escoger y lo hace. Es lo mínimo que se les puede pedir a tipos que predican eso, ¿no?

El otro día comentaba con un amigo cómo Tarantino es capaz de construir personajes tan buenos, extremos y creíbles a la vez, y hablando descubrimos algo que a veces pasa desapercibido: sus películas están llenas de situaciones tontas que se repiten una y otra vez y que no contribuyen en absoluto a que la trama avance. No hay que despreciar el efecto que esto tiene en la audiencia. La vida está llena de cosas que pasan porque sí, sin que tengan más relevancia, y ver eso en una película nos hace otorgarle un voto de credibilidad. Esto le pasa a Obi-Wan. No sabremos nada importante de él, pero sí que va a bares, que no le gusta volar, y que las armas de fuego le parecen “incivilizadas”. Ya está, tenemos un monje espacial en el que podemos creer.

2. Guiños a la historia (la de verdad):

George Lucas decía que se había inspirado en las estructuras de las tragedias griegas y shakesperianas para hacer Star Wars, y no, no mentía. Este vídeo demuestra a qué se refería cuando decía que quería que rimase como un poema. Pero a la vez, la tan odiada trama política de Star Wars está basada en cosas muy reales que ocurrieron en nuestro mundo. La aparición del Imperio Galáctico sustituyendo a la República es exactamente lo que ocurrió cuando Julio César subió al poder, al igual que Napoleón Bonaparte. Los dos acabaron con la democracia envueltos en aplausos, y comenzaron sus propios regímenes tiránicos.

Lo mismo sucede con la desaparición de la Orden Jedi y la Orden del Temple. Después de enemistarse con el Papa y el rey de Francia, los poderosos templarios, que defendían a los peregrinos que viajaban por tierras musulmanas y que eran capaces de dar créditos bancarios a todo el que lo solicitara, fueron traicionados y exterminados por sus antiguos aliados, que los cubrieron de falsas acusaciones y forzaron al exilio a los pocos supervivientes.

3. Un mundo menos noble para tiempos más civilizados:

Todos sabemos que Star Wars es una historia sobre buenos muy buenos que luchan contra malos muy malos. Pero la “nueva trilogía” supo darnos una primera ornada de personajes que tonteaban con los dos lados de la Fuerza. La Federación de Comercio solo son unos pobres comerciantes que no están contentos con la situación fiscal que la República ofrece a sus negocios, el Conde Dooku se une al Lado Oscuro en principio porque cree que la democracia está corrupta, y la Orden Jedi podría no ser tan íntegra como parece. Algunos fans muy atentos han apuntado a cómo Mace Windu trata de matar a Palpatine porque “es demasiado poderoso para dejarlo vivir”, el mismo argumento que Palpatine usa para convencer a Anakin de que debe matar a Dooku.

Las precuelas nos traen una historia más parecida a las sagas épicas que a los cuentos a los que se parece la trilogía original, con un mundo mejor construido y conflictos más realistas. Salvo en Canción de Hielo y Fuego, no recuerdo muchas más historias de fantasía en las que en una guerra ningún bando sea bueno ni malo. Y qué narices, Coruscant, el planeta-ciudad, mola.

J. J. Abrams vs. la película más difícil de la historia

Y llegamos al año 2015, con una nueva trilogía en ciernes y una absoluta revolución en el universo de Star Wars que creíamos conocer. Tras la compra de Lucasfilms por Disney llegaron las primeras decisiones polémicas: el Universo Expandido, la colección de libros, cómics y videojuegos que hasta ahora nos contaban todo lo que no había aparecido en las películas pasaba a convertirse en Star Wars Leyends, una forma suave de decir que nada de aquello había sucedido en la historia de verdad. Pero no podemos culpar a Disney; el propio George Lucas nunca leyó una sola de las cientos de novelas de la colección, y manifestó que jamás las había considerado parte del canon. Lo cierto es que fue el mejor movimiento posible si querían seguir haciendo películas: el extraordinario número de obras no dejaba sitio para ambientar nada más, y la fluctuante calidad de las novelas y sus no pocas contradicciones (a fin de cuentas, estaban escritas por una legión de escritores diferentes) hacía imposible adaptarlas. Eran un sacrificio necesario.

Y aquí es donde encontramos a Abrams, entre el miedo de los aficionados a que hiciera algo tan mediocre como las precuelas y la ira de los puristas por cambiarles los esquemas a los que se habían acostumbrado. Los ojos del mundo sobre él. Pero es un director solvente y experimentado, heredero de Spielberg y criado ante la Trilogía original. Sabe cómo reaccionar a estos retos. Cuando uno ve The Force Awakens y los videos que miles de youtubers subieron hablando de qué errores había cometido Lucas al hacer las precuelas, se da uno cuenta de que el tío sabe escuchar. Incluso se ha permitido homenajear el Universo Expandido al utilizar algunas de sus tramas, como los Caballeros de Ren o la traición de uno de los hijos de Leia y Solo. Yo lo imagino delante del gigantesco vídeo de RedLetterMedia sobre los Episodios I, II y III tomando notas para su película. El Despertar de la Fuerza parece cortar lazos con todo lo que trajeron las nuevas películas, en especial con sus errores, y eso se nota en cómo ha pasado con éxito la prueba de la expectación. Pero qué podemos decir, apenas hemos echado un vistazo breve a este nuevo mundo. Igual nos equivocamos y volvemos a tener coreografías vacías de esgrima en la siguiente.

El Despertar de la Fuerza: más de lo mismo (en el buen sentido)

**Spoilers a continuación, advertencia**

La crítica y el público, salvo un porcentaje más o menos reducido de aficionados jóvenes, han sido unánimes: El Despertar de la Fuerza es una buena película. Pero es curioso, porque conforme pasan los días desde su estreno, no dejo de ver críticos —sobretodo anglosajones— que afirman que cuantas más veces la ven, más les gusta. ¿Por qué? Pues porque es una película redonda y simple, sin tonterías: aventuras a la vieja usanza. Porque está llena de pequeños detalles y subtexto, como el hecho de que todos los miembros de la Primera Orden son jóvenes (incluso los altos mandos, me sorprende que nadie haya hecho ningún comentario al respecto), o Kylo Ren golpeándose la herida para provocarse dolor y permanecer en el Lado Oscuro, o la iluminación de su rostro cuando ejecuta a Han Solo, o simplemente personajes tan maravillosos como el soldado de asalto TR-8R. Pero sobretodo porque conforme uno toma perspectiva, el parecido con Una Nueva Esperanza deja de ser importante. A fin de cuentas, todas las películas de Star Wars repiten una y otra vez la misma historia. Anakin, Luke y Rey son tres personajes involucrados en la historia por casualidad, todos viven en planetas desérticos, siempre hay una batalla espacial al final de las películas y un duelo con espadas láser en el que muere un mentor, todos pierden brazos y sufren heridas, los protagonistas siempre son grandes pilotos, todos los droides llevan mensajes secretos. Todos los conflictos duelen porque ocurren en la familia. Ese es el tema de La Guerra de las Galaxias, ¿no?

Abrams sabía que tenía la espada de Damocles sobre su cabeza, y nadie le puede culpar por ser conservador (¡incluso ha usado un mapa del tesoro pirata!) para evitar un torrente de ira. Tenía que ir a lo seguro o la trilogía estaba condenada, y aún así, ha tomado decisiones interesantes. Ante la más que segura comparación entre Darth Vader y su nuevo villano, ha decidido crear uno que literalmente se compara con él, e incluso vive a su sombra. Ha dejado numerosas incógnitas por resolver, como si Snoke es de verdad así de grande, o por qué C3-PO tenía un brazo rojo, y promete mostrarnos más sobre el origen de Sith y Jedi. E incluso ha optado por hacer de ésta la entrega con más humor hasta la fecha.

Cuando las precuelas aparecieron, su recepción fue extraordinariamente positiva (en serio, recomiendo leer críticas del 99 a La Amenaza Fantasma), mientras que El Imperio Contraataca, la mejor valorada de todas, fue vapuleada en TODOS los grandes medios (también recomendable, ver cómo los críticos más snob se ponen en evidencia siempre es gracioso). Da igual que El Despertar de la Fuerza tenga personajes bien construidos, o que sus escenas de acción lleven el inconfundible sello del Abrams más experimentado. Da igual que con tanto hype la película no se haya resentido. Lo verdaderamente importante es la impresión que dejará en nosotros con el paso del tiempo, y eso depende de las veces que acudamos de nuevo a ella, y de las entregas que están por venir.