!A jugar!
“Ya no coman tanto, les va a hacer daño”, exclama Nancy, Mamá de Ximena y María Luisa, dos niñas que viven en la Colonia Leyes de Reforma en Iztapalapa, una de las delegaciones con mayor taza de actos vandálicos, según datos de la Policia de la Ciudad.
“Mamá ya mero son la una y el partido inicia puntual”, comentó María de 13 años de edad. Su hermana “Xime” tiene 12 y ambas estudian en la Secundaria Técnica Número 51.
Salen de la casa con rumbo a la Unidad Deportiva que se ubica frente al Bachilleres 7. Las pequeñas portan el uniforme de la Selección de Francia, el mismo que utilizó Zidane en aquella final del 98, cuando derrotaron a Brasil y se alzaron con la copa.
Por un lado Ximena, muestra un rostro angelical, de piel clara, con un estilo que representa ternura, un listón en el cabello, sonrisa encantadora y unas pestañas largas que algunas mujeres envidiarían. Marí, con piel morena, cabello lacio, de estilo retador, pero con una belleza de una mujer en pleno desarrollo.
La cancha de fútbol rápido se encuentra en pésimas condiciones, la alfombra desprendida en algunas partes del campo, graffitis y un logo de la Delegación resaltan. La árbitro pita el inicio del encuentro de la categoría mixta, en su primera jugada Ximena despoja de la esférica a un niño que le dobla la estatura, da un toque y regresa a la banda derecha. Mari se proteje cada que un balón viene a ella evitando el “balonazo”. Nancy sacude la malla que divide el campo y la grada, apoya a sus hijas con la frases: ¡Con fuerza! ¡No te dejes! ¡Corre! y ¡Síguelo!.
Al medio tiempo las hermanas han defendido su terreno de juego, pero el marcador las tiene con empate a un gol. Salen del campo y todo cambia, finamente el partido culmina 5–1 en contra.
Regresan a las gradas con una sonrisa, mientras Xime se arregla su listón que sostiene su cabello, María Luisa patea el balón, ambas se sientan y comentan el partido en juego. De regreso a casa pasamos por el frontón, uno de los deportes más populares en la Ciudad de México, “yo tengo una foto con el Momo, campeón del mundo”, comenta la mayor y Ximena lo complementa “lo feo es que hace poco se suicidó”.
A lo lejos se encuentra un tianguis, de esos que a simple vista no te atraen. Hace unos años mi tía solía vender juguetes en ese tianguis, la mercancia provenía de una iglesia. El negocio duró por más de 20 años y mantuvo hasta 6 bocas. Nada fácil para mi tía que falleció de cáncer en el estómago, derivado a la nula alimentación de niña. Aún recuerdo que hace algunos años solía visitar a mi tía, me encantaba ir al tianguis y observar el movimiento, ahora sólo volteo a observar sin evitar recordar aquel lugar que ocupaba el puesto.
Nancy les compra helados después de cada partido, ellas corren para hacer la fila. No pasan desapercibidas por los niños, quienes voltean y se asombran de verlas con espinilleras, medias y tenis para fútbol.
Yo he quedado sorprendido, pues a su edad combinan la vanidad con el deporte, sin olvidar el espíritu de niño que llevan dentro. De pronto preguntan Jair, ¿Viste el partido de México contra Estados Unidos de ayer?, molestas dicen “el Chicharito tuvo una sólito, hasta yo la metía, es bien menso”, sonreímos y seguimos caminando. Hay algo en común, todos volteamos sin que nadie nos vea. A lo mejor recordando aquel puesto de una mujer que supo ayudar a sus hermanos, entre ellos mi padre. Alguien que cada que puede enciende una veladora “Gracias a ella pude estudiar”, toma mi hombro y lo aprieta, su voz tiembla y una lagrima rueda por su mejilla.