Otra taza de café

Mentira que han pasado 50 minutos entre estas palabras y el momento en el que agua estaba caliente para mi café. ¿A quién le mando cartas ahora? ¿Al chico canadiense que sigue viajando por el mundo; al fauno del norte; a los que se fueron y vinieron; a los ojos claros, o a mí?

He mirado la pantalla durante varios meses tratando de escribir lo vivido, de contarle a cada uno lo que pasaba, de dejarles cartas al azar, pero las noches pasaron una a una, entre películas, canciones, té, café, frío… No he podido y no sé qué pasa con este bloqueo. O tal vez sí.

Todo está fluyendo, con caminos extraños, pero fluye y me dejo llevar y estoy apostando a todos los sí que me voy encontrando. Creo que me da miedo contar los planes o festejar mucho, porque como ya ha pasado, en un segundo se pueden desplomar.

Ahora hay muchos hombres, muchas historias de relaciones, muchas historias de mujeres. Tengo un montón de libretas que no sé si aguantarán lo que tengo preparado. Al menos, éste es un primer paso para desatar mis dedos y volver a la bella rutina de contarte lo que va pasando.

Voy por otra taza de café, por favor no te vayas, prometo que mis horas de insomnio quedarán plasmadas en este pequeño lugar.

Con café y amor, Carmen.

*Cartas que nunca envié.

Textos sobre ficciones y realidades, propios y ajenos. Gracias imaginación, gracias amigos, gracias vísceras, gracias viajeros, gracias queridas letras. Gracias corazón.

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