Acostumbro a decirte en susurros que te quiero. A besarte dulcemente. A morderte cuando quiero follarte, no sea que te quepa alguna duda. Acostumbro a andar descalza, y levantar los pies del suelo. Me gusta secarte las lágrimas con las yemas de los dedos, para acariciarte. Y bailar bajo la luna nueva, reir, comer y beber hasta que el cuerpo dice basta. Me gusta dormir contigo. Me gusta dormir sin ti. Amo sin límite alguno. En exceso, por si acaso dura poquito. Y ahora mismo, estoy aprendiendo a vivir, después de algún tiempo de estar muerta.