
Cosas que solo te pasan en el barrio chino
Hace un tiempo atrás, mientras compraba un poco de queso mantecoso y cien de jamon crudo en un super recostado sobre las orillas de mi barrio , un chino sabio y viejo, al parecer dueño del lugar, me dijo: “de que se te enfermó el alma?”. Me pareció tan extraña su pregunta que lo miré con cara rara. Se rió un poco (bajito y sin mostrar los dientes como se rien los chinos) y me volvió a preguntar: “Si, el alma, de que se te enfermó?”. Entonces el que se rió fuí yo. Le hice un gesto con la cabeza como queriendo sacudirme la pregunta, notablemente molesta para mi y le dije: “Uf, de tantas cosas!…no se por donde empezar…” Lin, asi se llamaba el hombre (me enteré mucho después) me dijo “Vé…ahi esta el problema!…no sabes por donde empezar!…te vuelvo a preguntar: de que se te enfermo el alma?…vos sabes lo que te digo!”. A esta altura de la charla, el aire se puso un poco mas espeso. El oriental no tenia la menor intención de dejarme salir de ese brete sin escuchar una respuesta “masomenos” lucida. O por lo menos sincera. Respire profundo, un poco resoplando. Lo mire fijo a los ojos mientras sentía como el queso mantecoso que tenía en la mano comenzaba a pedirme heladera. Tome un poco mas de aire y le espeté lo siguiente: “Mirá…vos me estas preguntando algo muy mio…algo que apenas puedo saber…yo trato de entender que cosas me estan pasando…pero la verdad!…preguntarme “de que se me enfermó el alma”!…no lo pensé…no me lo pregunté…nunca…es mas…no se si tengo alma!…que se yo…no lo puedo ver…”.

Terminé de decir todo ese texto y respiré aliviado. El chino me miró a traves de unos salames picado grueso que sudaban grasa por doquier. Se puso un poco serio y con los ojos mas achinados que nunca y señalandome con el cuchillo para cortar fiambre, habló: “Sabes que pasa…esa es tu enfermedad del alma…todo lo que me dijiste, sale de vos…ese ego que sale de vos es tu enfermedad del alma…sos buen hombre, se nota, pero un poco de ese ego te esta empañando el espejo…no te estas viendo bien…y su supieras todo lo que tenes para ver!…serian muchos rayos de luces…esas luces que tenes en los ojos…que ni tus anteojos impiden que se vean…soltá ese ego malo…vos sabes de lo que te hablo…no sos tonto…y no te enojes por lo que te digo…repito: sos una buena persona…te necesitamos bien…y seguro que lo estas haciendo…pero aflojá…haceme caso…aflojale al ego…”. No pude reaccionar. Quede tieso mirando el queso Cheddar y una longaniza tan colorada que parecia hipertensa. En apenas segundos, Lin, me sacó una radiografía tan real que me partió en cincuenta pedazos. Solo pude decirle: “Gracias…” El me miró sonriendo (una vez mas) y me dijo: “Cuanto llevas de queso de máquina”?”. Esperé que terminara de cortar el queso. Anoto en el paquete el precio y me lo dio. Yo le extendí mi mano para agradecerle una vez mas. Sonrio, me guiñó un ojo al extremo(porque en los ojos chinos, guiñar es casi hacer que el ojo desaparezca) y le dijo a la señora que esperaba su turno detras mio: “Si, que va a llevar?”

Me alejé del super con el jamón, el queso y el alma un poco mas curada. La sensación de extrañez me acompaña desde aquel dia. A veces, las cosas no son como uno las imagina. y ahi está la cosa. Fue ese momento, ese lugar, ese chino y la fiambrería. Cada tanto me lo cruzo en el templo donde vamos a meditar. Me saluda de lejos y sonrie, mientras me hace un gesto, golpeandose con el puño de mano a la altura del corazón y con la otra me señala. Nunca comí un queso tan sabroso como aquel queso mantecoso del chino del super que orillea las cuadras de mi barrio. Tenia gusto a ego masticado. Un ego bueno. Y un chino magico.