Tres años sin María

Aquella semana tenía turno de tarde, la jornada laboral se alargo como era habitual más de lo deseado y llegué bien entrada la madrugada del viernes a casa. Tenía decidido de antemano que no iba a ver la primera sesión de libres del Gran Premio de Japón en directo pero había dejado abierta la posibilidad de ver la segunda sesión. La hora de llegada a casa no sirvió de acicate para levantarme temprano para hacerlo, sino más bien todo lo contrario. Con el tiempo uno empieza a priorizar las escasas horas de descanso sobre casi todo lo demás. La Formula 1 podía esperar unas horas y existía la opción de ver ambas sesiones del tirón en diferido vía la web de Antena 3.

Suelo dormir poco y mal, además no soy dado a levantarme tarde incluso aunque la hora de acostarme haya sido una nada recomendable. Aun así, cuando desperté ambas sesiones del viernes habían finalizado. Lo primero que hice nada más pisar el suelo fue dirigirme donde tengo mi escritorio, encender el ordenador de sobremesa y con la dificultad que entraña hacerlo sin gafas y con los ojos velados e hinchados por la falta de sueño, teclear la dirección de la web de Antena 3 dispuesto a dejarla cargando mientras visitaba el baño para quitarme al menos las legañas, pero no llegué a despegarme del monitor.

Sin sentarme y con una mano sobre el ratón, busque con la otra las gafas para confirmar que lo que estaba leyendo en grandes letras en la pantalla era lo que creía y no producto de mis problemas de vista. Quite los libros y revistas amontonados en la silla arrojándolos de cualquier forma a otro lado y me deje caer sobre el asiento pausadamente. Las primeras palabras que salieron de mi boca en forma de un susurro lento y triste aquel viernes 11 de octubre de 2013 fueron y perdonen el mal gusto un “No jodas”.

María se había ido, para siempre.

Fui al baño a lavarme la cara pero caí en la cuenta de algo. Busque mi móvil y le envié un mensaje de ánimo al bueno de Julio Morales, editor por entonces en las retransmisiones de Formula 1 de Antena 3, mensaje que pedí hiciese extensivo al resto del equipo que tantas veces había trabajado con María en sus reportajes. Fue la segunda cosa que hice aquella mañana, la tercera fue esta vez sí, librarme de mis legañas. Por desgracia sé lo que es perder a un compañero de trabajo, tener que apechugar con ello y acudir al “tajo” al día siguiente, algo que no deseo pasar a nadie. Puede que esto no me convierta en alguien capaz de meterse en la piel de nadie en estas situaciones, pero podía hacerme una clara idea de cómo debían sentirse Julio y el resto del equipo de F1 de Antena 3. Un mensaje de ánimo era lo único que pude enviarles. Poca cosa dadas las circunstancias, la verdad es que uno se siente verdaderamente inútil en situaciones así.

María se había ido, para siempre. Esa María a la que debo confesar no conocer hasta que firmo con Lotus para representarlos en algunos eventos, llegando incluso a realizar una jornada de test en Paul Ricard subida en un Renault R29 en agosto de 2011 convirtiéndose en la primera española en subirse a un Formula 1. La misma María que en 2012 siendo ya piloto probador de Marussia dio pie a varias bromas de las que debo reconocer fui participe cuando se rumoreó, pese a no disponer de la superlicencia, que sería la sustituta en el Gran Premio de Europa disputado en Valencia de un indispuesto Timo Glock.

María que sufrió aquel maldito accidente el 3 de julio de 2012, que sobrevivió y lucho para volver y contarlo, pero no de cualquier manera, sino para hacerlo con su amplia e interminable sonrisa, dando con cada una de las frases que usaba para hacerlo una lección de vida, la cual consideraba en sus propias palabras que “era un ratito, un regalo”, palabras que plasmo en un libro titulado “La vida es un regalo” y que no pudo presentar por que falleció tres días antes. Un libro que recomiendo leer pese a tener alguno de los pasajes más duros que he leído en mi vida, pero una lectura necesaria si de verdad uno quiere saber de primera mano todo lo que luchó María.

Tan solo cabe desear que jamás se repita algo similar a aquel maldito 3 de julio de 2012, aunque por desgracia apenas un año después de dejarnos María, Jules Bianchi sufría en Suzuka un tremendo accidente de cuyas consecuencias jamás se recuperaría, María sería la primera que lucharía por ello y en cierta manera se lo debemos.