Vuelta al Ernio

Entre los ríos Urola y Oria se levanta el Ernio, uno de “los miles” más conocidos y ascendidos de Gipuzkoa. A él suben aficionados a la montaña, por puro placer deportivo-místico, y también decenas de personas en las romerías que se organizan en el mes de septiembre. Es un pico de fácil acceso, con varias vertientes aptas para prácticamente todos los públicos.

En torno al Ernio hay decenas de carreteras; algunas vacilan más que otras porque, en parte por falta de medios y en parte por sentido común, aquí muchas carreteras se siguen adaptando al terreno… y no al revés. Gipuzkoa no es solo tierra de montañeros; los que andamos en bicicleta tenemos en esta zona multitud de opciones para diseñar recorridos entre valles y a través de montañas que se convierten en delicia para la vista… y en infierno para las piernas.

Para mí más que para otros, porque cuando la carretera sube de cierto porcentaje los más de 90 kilos que uno pesa se notan. El físico y la física, poco que hacer.

Una de las rutas que más me gustaron este pasado verano la comenzamos (un grupo de 8 personas con niveles parecidos salvo un par de nosotros que van de charleta) en Zarautz, pueblo de la costa guipuzcoana conocido por dos cosas: Karlos Argiñano y el surf. Para mi tiene otras a destacar: fue un pueblo de verano clásico aristócrata, venido a menos en esa exclusividad -representada por su ya centenario Real Club de Golf-, y a más en la cantidad de veraneantes que durante las últimas décadas han elegido este como lugar para pasar el período estival.

Además es un lugar, como tantos otros sitios de su alrededor, con buen producto para disfrutar de la gastronomía, y enclavado entre dos montañas que le regalan una playa de 2.000 metros excepcional, amplia y cómoda. Muy para ir con la familia, los niños y pasar el día si el tiempo lo permite.

Elegimos subir por Meaga, subida clásica entre cicloturistas y también entre profesionales -se sube en la Clásica y en la Itzulia-, dirección hacia Aizarnazábal (GI-2633). Tras superar el repecho que nos acerca a Iraeta, giramos casi 180º hacia Aizarna (GI-3730) que, según la Wikipedia, fue la primera población de la zona. Tip etimológico: Aizarnazabal en euskera es “llano de Aizarna”, lo que entra dentro de toda lógica pues esta está en la ribera del Urola y, como pasa en estos casos, permitía más facilidades en la vida de los habitantes de la zona.

Aquí, en este cruce y tras 12 kilómetros, empieza lo serio. Etumeta es el primer escollo a destacar del día, siendo una subida escalonada, relativamente cómoda porque, salvo el inicio del primer tramo -hasta Aizarna, donde hay fuente, por cierto-, no salva el terreno con pendientes muy altas. Un total de 9,7 kilómetros con un descenso y falso llano que divide la ascensión en esos dos escalones (uno de 3 km. y otro de 5 km., ambos al 6% aproximadamente). Buena carretera… y con un descenso (perfil de la otra vertiente de altimetrias.com) técnico, muy bonito y en el que debemos guardar precauciones; la bici coge velocidad, hay zonas sombreadas y curvas en las que podemos encontrarnos, por absoluta causalidad, porque no son muchos, algún vehículo de frente. Cuidado siempre, que no llevamos un dorsal puesto.

Arriba de Etumeta, mirando en sentido contrario a cómo hemos subido.

A destacar dos cosas que merecen la pena, pero que exigen desviarnos y volver sobre nuestros pasos: que a la izquierda, llegando al final del segundo escalón y tras un par de herraduras, está la capilla de Santa Engrazia, y el desvío a la Ermita de Erdoizta, bajando hacia el río Granada, donde hay un par de caseríos para comer en familia.

Concluido el descenso en el que, gracias a mi peso y mi relativa pericia, disfruto como un enano, nos encontramos de frente con la GI-2634 (que va desde Elgoibar hasta Tolosa, cruzando valles) y vamos dirección Errezil (Régil), siempre picando hacia arriba encontrándonos poco a poco con la segunda ascensión del día: Iturburu. Ascensión típica también de la Clásica, muy constante y de ritmo. Si no puedes más con el hedonismo, una parada para llenar bidones (hay fuente en Errezil) o para tomar una CocaCola en la taberna, a pie de ruta, Letea no te decepcionará.

La vista desde Letea, con Errezil justo abajo.

Tras sus casi 7km. (sin contar un par más de regalo que pican desde el cruce) al 5%, un descenso largo hasta Tolosa pasando por Bidania -y un repecho, digamos, generoso-. Es este un descenso rapidísimo, con muy buena carretera donde la bici puede coger velocidades con picos cercanos a los 80 km/h., si no más. Tras afrontar con precaución varias curvas, dejamos la 2634 girando a la izquierda adentrándonos en Tolosa.

Es Tolosa el municipio más relevante del interior de la provincia, al menos históricamente. Es sabida su relevancia desde siempre como centro administrativo, cultural y económico, y es conocida ahora por sus alubias, algún que otro producto más y alguno de sus célebres convecinos. Merece la pena remontar el Oria desde San Sebastián para conocerla.

Pero este no será ese día, pues siguiendo el río, saltando de un lado a otro por varios de los puentes que lo cruzan, recogemos el guante que nos lanza el pueblo de Anoeta (tip ciclista: lugar que vio nacer a Abraham Olano) y subimos hasta Alkiza (4,4 km. al 6%). Tercera ascensión del día, quizás la más sencilla pero con 2 tramos algo duros: uno de aperitivo y otro de postre, justo coronando el puerto a la altura de la Parroquia de San Martín ya en el centro del pueblo que responde al mismo nombre.

Subiendo Alkiza a mi ritmo, no al de Martín.

La bajada, también rápida y divertida, pero con la complicación de tener que sortear a dos niños que jugaban con sus perros a mitad de calzada, nos deja en la GI-2631. La tomamos dirección Asteasu porque, tal y como estaba planeado, la gracia está en rodear el Ernio por la ruta ciclable con bicicletas de carretera más cercana al pico.

En Asteasu, amaiketako mediante y tras rellenar los botellines en una fuente del centro, comienza la última dificultad del día. Al menos la última “puntuable”. La subida a Andazarrate son 6km. al 6%, constantes y con sombra en su mayor parte. No es una subida excepcionalmente bonita -porque no se pueden comparar las vistas a ninguna de las otras-, pero que, por ser la última y saber lo que viene después se afronta con otro talante. Es, sin ninguna duda, el último gran esfuerzo antes de un largo descenso “de dar pedales” de casi 20 km.

Ese descenso, que comienza en el cruce de Andazarrate hacia Iturrioz (una de las vías más conocidas para subir al Ernio a pie), tiene como pueblo de paso Aia. Imposible no nombrar la tradición ciclista del pueblo, acrecentada estos últimos años gracias a la Itzulia y la subida al Muro. Es una bajada preciosa porque, entre otras cosas, rompe por el Parque Natural de Pagoeta, dejando a un lado y otro merenderos. A apenas 3.000 metros del final del día, y tras subir el último repecho, el de la cementera, nos damos de bruces con la N-634. Zarautz queda a minutos.

La ruta no pasa por esta vista, pero bien merece ponerla y darle los créditos a Begoña Lumbreras por la imagen.

Cuando llegamos el cambio de ropa es obligatorio. La marea, entre bajamar y pleamar, no recuerdo si bajando o subiendo, nos permite un baño en el que dejar respirar las piernas con el agua del Atlántico. Una CocaCola. Una merluza en salsa verde. Un poco de fruta. Piernas en alto y una siesta. Como nuevos y con un rutón entre pecho y espalda que, a quien más y a quien menos, le hace sentir ciclista por la dureza y lo bonito del trazado.


Track en Strava de la ruta:

Desnivel acumulado (aprox.): 1.700 metros.

Ascensiones:

Meaga | 3,9 km. al 3,5%. APM: 18

Etumeta | 12,9 km. al 3,7%. APM: 101

Iturburu | 6,7 km. al 4,6%. APM: 46

Alkiza | 4,4 km. al 6%. APM: 53

Andazarrate | 5,8 km al 6%. APM: -