El verdadero partido es el del corazón

Los ciudadanos exigen al Gobierno que invierta más en Sanidad, introduciendo material sanitario en los recintos deportivos

E n milésimas de segundo cambia la vida de muchas personas. En lo que tardas en contar hasta tres, hay gente que, cuando vas por dos, ya no son iguales. Pasan de ser independientes a ser totalmente dependientes. Y esto, ¿a qué se debe? ¿Es el destino injusto? ¿Es Dios que estará enfadado? O, en lugar de pensar que son cosas que pasan,¿buscamos una solución? Esto es justamente lo que piensan los familiares y amigos de todos esos niños, adolescentes y hombres que sufren un paro cardíaco practicando su deporte favorito. Habrá que dar alguna explicación al padre que pierde a su hijo porque no hay ni un simple desfribilador en todo el recinto.

Los ciudadanos no entienden cómo después de los últimos sucesos en los distintos polideportivos, el Gobierno no haya actuado de inmediato invirtiendo más en Sanidad. Lo peor no es que no haya realizado algo al respecto ya, si no que no se espera un movimiento por su parte. “Un sábado por la mañana hay trescientas personas de media en cualquier recinto deportivo de la ciudad”, afirma Joaquín Esteve, conserje de las instalaciones del Juan Antonio Samaranch, pero no hay ningún especialista sanitario que pueda ayudar a alguien en caso de urgencia. Mientras llega la ambulancia, entra al campo y socorre al herido, pasan como mínimo diez minutos. Ese tiempo, según Juan García, médico de urgencias que trabaja en una ambulancia, es decisivo en la vida del accidentado.

Minutos que parecen horas

“No tardaron mucho las ambulancias pero a mí se me hizo eterno”, asegura Esther Martínez, hermana de Daniel, que sufrió un paro cardíaco viendo un partido de fútbol de su equipo.

Eran las ocho de la tarde en el Campo de la Constitución, cuando Daniel Martínez, un joven adolescente con toda su vida por delante, acababa de terminar su respectivo entrenamiento. Después de ducharse, decide quedarse a ver el encuentro que disputaba el Yeclano Deportivo. Mientras que estaba con sus amigos en la grada, algo comienza a ir mal. Se desvanece y queda totalmente inmóvil en el suelo, pero como él era una persona bromista, nadie se toma en serio la situación. Cuando van pasando los segundos y Daniel continúa tirado en la superficie , sus amigos empiezan a alarmarse.

A partir de ese instante, comienza el caos absoluto en el estadio. Esther se encontraba un poco alejada de la posición de su hermano y no sabía con certeza lo que estaba sucediendo. En el momento que lo visualizó entre todo el tumulto, salió corriendo hacia el lugar gritando: ¡Ayuda!¡Un médico! Pero por mucho que chillaba histérica, no aparecía nadie para socorrer a su hermano pequeño.

Cuentan los aficionados que las ambulancias tardaron horas en llegar hasta el terreno de juego, pero en realidad solo se demoraron diez minutos. Lo peor para Daniel es que no había ningún desfribilador instalado en el campo de fútbol, ni ningún médico para intentar reanimarle. Según especialistas como Juan García: “Los minutos que tardamos en llegar son clave, un especialista sanitario con su correspondiente material nos facilitaría mucho el trabajo y sería crucial para la vida del damnificado”.

“En el momento, que lo visualizó entre todo el tumulto, salió corriendo hacia el lugar gritando: ¡Ayuda!¡Un médico!”
Daniel Martínez Pérez tras el infortunio| Javier López

Ahora mismo, la vida de Daniel y la de sus familiares ha dado un giro totalmente inesperado. “Mi hermano ahora es completamente dependiente de nosotros, no puede hacer nada solo porque no puede ni hablar, ni caminar e incluso tenemos que darle de comer. Lo primero que hemos hecho es mudarnos a un lugar más tranquilo que para su forma de vida va a ser lo mejor. Además, hemos realizado reformas en la casa exclusivamente para él. Mi madre ha tenido que dejar de trabajar porque tiene que estar pendiente de él las veinticuatro horas del día”, explica la hermana mediana sobre la situación actual en su hogar.

Han gastado mucho dinero en operaciones, reformas y rehabilitación, pero no han recibido ayuda alguna del Estado. Estos desembolsos no los podría afrontar cualquiera, ya que si esto le sucede a una familia con limitaciones económicas no tendrían los medios suficientes para la rehabilitación de su pariente.

“Mi madre ha tenido que dejar de trabajar para estar pendiente de él las veinticuatro horas del día”, afirma la hermana del afectado

El Gobierno, el principal culpable

Tanto el médico del SAMU, Juan García, como Esther Martínez, hermana del lesionado cerebral, y Joaquín Esteve, conserje del recinto deportivo Juan Antonio Samaranch, coinciden en la idea de que el Gobierno debe invertir más en Sanidad. Una solución sería incorporar material sanitario en estos polideportivos para cualquier urgencia, ya que según el bedel, solo disponen del típico botiquín con agua oxigenada.

“Un especialista sanitario en el lugar sería crucial para la vida del damnificado”, explica el médico del SAMU

Esther Martínez no cree que el principal culpable de que su hermano sea dependiente es del Estado, pero si les responsabiliza que después de todos los casos que han ocurrido, no hagan nada para solucionarlo.

Juan García asegura que el actual equipo de gobierno o cualquier otro partido no va a invertir en Sanidad,porque además, es de donde más están recortando, y el presupuesto de instalar desfribiladores en los recintos deportivos tendría un coste muy alto.

¿Cuándo se dará cuenta el Gobierno que es más importante la vida de las personas que renombrar unas calles?¿Por qué no invierten en Sanidad, en lugar de preocuparse por el Valle de los Caídos?¿Cuánto casos han de suceder para que se pongan manos a la obra? En vez de hacer caso al típico refrán español que dice más vale prevenir que curar, ellos prefieren curar a gente que ya no tiene cura.

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