La confusión de Cleary y el liberalismo

Recientemente, a propósito del lanzamiento del libro de Alberto Mayol y José Miguel Ahumada, Economía política del fracaso: la falsa modernización del modelo neoliberal, la Dra. Eda Cleary escribió una columna criticando la opinión sobre el libro del economista Klaus Schmidt-Hebbel. La autora menciona a Karl Popper, a Étienne de La Boétie y a Jürgen Habermas para juzgar confusamente ciertos elementos de la crítica de Schmidt-Hebbel.

Primero, la autora cita al final de su reflexión a Étienne de La Boétie. Ese joven y muchas veces olvidado autor es sencillamente brillante: critica el despotismo y valora la libertad sobre todas las cosas. Él indaga los motivos por los cuales las personas se dejan regir por alguien y dice sin tapujo: “Es el pueblo quien se esclaviza y suicida cuando, pudiendo escoger entre la servidumbre y la libertad, prefiere abandonar los derechos que recibió de la naturaleza para cargar con un yugo que causa su daño y le embrutece”. Cleary, aun cuando le aconseja a Schmidt-Hebbel leer a este grandísimo autor, se atreve a criticar la propiedad privada y la desregulación de los mercados. Ambos elementos son fundamentales para evitar la servidumbre voluntaria en la que la misma autora parece querer que acabemos. De La Boétie con toda seguridad estaría en desacuerdo con el modelo estatal, estatalizante e industrializador nostálgico de las políticas que Mayol y Ahumada pretenden instalar.

En segundo lugar, la autora parece confundida. Critica con ahínco el “modelo neoliberal”, pero por otro lado, se atreve a pedir que sea más liberal, pero solo en aquello que parece convenirle. Como dije antes, critica la desregulación de los mercados, pero habla de faltas a la libertad de expresión. ¿No sabrá Cleary que el hecho de que ella haya escrito la columna que yo critico demuestra que hay un derecho de propiedad por parte del dueño de El Mostrador?

Además en su texto se intuye un problema retórico. No es posible entender si está criticando exclusivamente a Schmidt-Hebbel, a las élites, al “modelo” o a todo al mismo tiempo. Es más, para hacerlo la autora se escuda en Thomas Piketty, cuyos datos no dejan de causar suspicacias y que han sido refutados rotundamente por economistas como Deirdre McCloskey, Xavier Sala i Martin e incluso un estudiante del MIT. Todo lo anterior produce cierta confusión.

En tercer lugar, hay aspectos en los que sí estoy de acuerdo. A nuestros sistemas político y económico les falta libertad. No son liberales (y cada vez lo son menos). Hay ciertas libertades garantizadas (por ejemplo, la libertad de expresión, de asociación, parcialmente la libertad de empresa). Prueba de esas libertades es que la autora puede (y yo también) hacer tamaña crítica al sistema. Si quiere saber de faltas a las libertades, la invito a visitar Venezuela, Argentina o Cuba, o repasar la historia de la RDA o la Unión Soviética, que un socialista consecuente como Orwell criticó de manera explícita.

Es cierto: hay barreras de entrada para la iniciativa política y económica; hay serios problemas para validar el derecho de autoposesión inherente al ser humano; hay un sistema político que tiende a la oligarquización. Pero para alcanzar esa mayor libertad que clama la autora es preciso justamente eso: más libertad.

Ella, al señalar que nuestro “modelo” no pasaría la prueba del ideal de “sociedad abierta”, está actuando con una falta de honestidad. Tanto ella como yo sabemos que Karl Popper buscaría un modelo donde haya mucha más libertad, y eso incluye la desregulación de los mercados, la ampliación de los derechos de propiedad y la defensa de los derechos de autoposesión (con todo lo que ello implica).

¿De qué clase de libertad nos habla la autora? Parece que de una donde se impone la tiranía de la mayoría –que según ella estaría bajo cierto estado de “malestar económico”– y donde el Estado crece más y más atacando nuestras libertades. Esta es la misma libertad en la que nos quieren sumir Mayol y Ahumada, y su séquito de estudiosos del malestar.

La libertad liberal es la que De La Boétie y Popper defendieron. Dice De La Boétie: “¿Puede darse condición más miserable que no poseer cosa propia, dependiendo únicamente del capricho de otro la conservación, la libertad y aun la vida?”. Invito a Cleary a releer a dicho autor. Puede que se sorprenda.


Originally published at www.elmostrador.cl on July 8, 2015.

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