UN ENFERMO EN VIETNAM

Llevo un poco más de una semana viviendo en Hanoi, la capital de Vietnam. Esta semana es cuando mejor encuentro las diferencias entre todo lo que sé, lo que es costumbre para mí y lo que veo a mi alrededor. Todo es novedad. Todo es impactante. Todo me llena de miedo, emoción, sorpresa o curiosidad.

Dentro de todo el mar de emociones, quiero compartir un aspecto que me pareció singular. Se trata de la manera en la que los Vietnamitas lidian con los enfermos.

Peter, una de las personas encargadas de la organización de la que soy voluntaria, cayó enfermo con fiebre desde hace una semana. Este hombre no vive en el mismo apartamento que yo, su casa está a 30 minutos en moto (principal medio de transporte en Vietnam). En la organización, tienen 3 apartamentos en distintas partes de la ciudad, con diferentes voluntarios y encargados para cada uno. El día que Peter vino a una cena en nuestro apartamento, lo primero que hizo fue encerrarse en un cuarto y no salir de ahí por 4 horas, Nim que es la mujer vietnamita que administra nuestra casa, se quedó con él. Después otros dos vietnamitas se les unieron. Cuando los demás íbamos a preguntar por qué estaban ahí, nos contestaban que Peter no se sentía bien y que tenía fiebre.

Al día siguiente la casa amaneció vacía. Ninguno de los vietnamitas que nos acompañaban cada día estaba ahí. Cuando le mandé un mensaje a Nim, me contestó que todos habían ido a ver a Peter, porque estaba enfermo. Le pregunté si creía que era algo grave, que amerite internarlo en el hospital. Ella me dijo que no, que sólo seguía con fiebre y por eso todos estaban acompañándolo. Esto se repitió los siguientes tres días. Todos los días y noches, tres personas tomaban el camino de media hora a casa de Peter porque estaba enfermo.

Una de las extranjeras con las que vivo (alemana), me dijo que le parecía raro que todos fueran a verlo, ya que Peter vivía con su novia, que era capaz de cuidarlo mientras estaba en esa condición. Al cuarto día, le pregunté a Nim si tenían que seguir yendo a casa de Peter hasta que se recuperara, ella me dijo que sí. Cuando la cuestioné del por qué, simplemente nos contestó que estaba enfermo y por eso necesitaba a sus amigos. Necesitaba tener cerca a todos los que lo quieren.

La alemana, contestando fielmente a su estereotipo, le dijo que esto era incorrecto y estaba mal. Que cuando estás enfermo lo que necesitas es descanso, es dormir y estar solo. Si acaso, tener a una persona que te ayude a cocinar, pero no se requería más. El chico de Estonia apoyó a la alemana. Yo también.

Me quedé pensando. Cuando te enfermas, la mayoría de las veces se te exige que te aisles, porque es lo correcto. Es lo cívico. De otra forma, te arriesgas a contagiar a alguien. Yo aprecio mucho las horas de descanso, donde puedo simplemente ver Netflix y no levantarme de la cama. Esa es mi receta para curarme, llevo ya varios años haciéndolo. Sin embargo, recordé la primera vez que me enfermé y estaba lejos de mi mamá, la persona que toda mi vida me cuidó cuando me sentía mal. Recordé lo triste que estaba, lo mucho que añoré su comida, lo mucho que me hizo falta tenerla cerca para que me pasara el vaso con agua y pudiera tomarme la medicina o incluso que me regañara por no ponerme suéter. Recordé lo vulnerable que me vuelvo cuando algo no está bien dentro de mí, que las enfermedades te tiran al suelo, en todos los aspectos, hasta en lo anímico.

Lo cierto es que soy afortunada. Porque las enfermedades tienen dos dimensiones, una es psicosomática y tiene mucho que ver con tu estado mental, lo que piensas, lo que sientes. Estas enfermedades son las que pueden recurrir a curas placebo, los milagros, la medicina alternativa, inclusive los amigos o familia. Pero también las puedes curar con medicina y tratamientos. Existen otras puramente biológicas que se salen completamente de nuestro control mental. Es necesario tratamiento, medicina, la cura del veneno, la operación. Sea una o la otra, yo tengo la fortuna de poder pagar un doctor que me dé lo que sea necesario para recuperarme.

Eso me hizo pensar en que Vietnam es uno de los países más necesitados que he visitado. Aquí todo es más barato que en México, lo cuál nunca había visto. Aquí los chinos usan a los vietnamitas porque son mano de obra barata (LOS CHINOS), aquí nadie tiene como opción principal ir a un doctor cuando tiene fiebre, aunque lleves tres días con ésta. Esta es una cultura que recae mucho en el cariño, apoyo, amor de los amigos y familia para curar enfermedades. Es una sociedad que necesita apostarle a lo psicosomático, porque los demás caminos están bloqueados. Aquí vale más una comida deliciosa, preparada por el mejor cocinero de entre todos los que conoces porque es como tomar una pastilla, o al menos es la opción más cercana que tienes a una medicina.

Al quinto día de fiebre todos siguen visitando a Peter, llegan cada día a cenar y se van en la noche para regresar de madrugada, dormir un poco, levantarse, bañarse e ir de nuevo con él. Dicen que va mejorando, por fin. La alemana y el estonio siguen desaprobando que lo visiten tanto tiempo. Yo estoy, como casi siempre, en la línea gris. Sin saber bien qué es lo correcto.

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