Las Españas que se miran a través del espejo del tiempo
“Es que el materialismo nos ha invadido, se dice: es que el egoísmo nos mata: que han pasado las ideas del deber, de la gloria, del honor nacional; que se han amortiguado las pasiones guerreras, que nadie piensa más que en su personal beneficio.
Profundo error; ese conjunto de pasiones buenas y malas constituyen el alma de los pueblos, vivirán lo que viva el hombre, porque son expresión de su naturaleza esencial.
Lo que hay es que cuando los pueblos se debilitan y mueren su pasiones. no es que se transforman y se modifican sus instintos, o sus ideas, o sus afecciones y maneras de sentir; es que se acaban por una causa más grave aún : por la extinción de la vida.
Así hemos visto que la propia pasividad que ha demostrado el país ante las guerras civiles, ante la lucha con el extranjero, ante el vencimiento sin gloria, ante la incapacidad que esterilizaba los esfuerzos y desperdiciaba las ocasiones la ha acreditado para dejarse arrebatar sus hijos y perder sus tesoros; y amputaciones tan crueles como el pago en pesetas de las Cubas y del Exterior -rescates bancarios y otros agravios soportados por el contribuyente medio resultado de desmanes politicos-, se han sufrido sin una queja por las clases medias, siempre las más prontas y mejor habilitadas para la resistencia y el ruido.
En vano la prensa de gran circulación, alentada por los éxitos logrados en sucesos de menor monta, se ha esforzado en mover la opinión, llamando a la puerta de las pasiones populares, sin reparar en medios y con sobradas razones muchas veces en cuanto se refiere a errores, deficiencias e imprevisiones de gobernantes: todo ha sido inútil y con
visible simpatía mira gran parte del país la censura previa -aunque oficialmente no existe como tal-, no porque entienda defiende el orden y la paz, sino porque le atenúa y suaviza el pasto espiritual que a diario le sirven los periódicos y los pone más en armonía con su indiferencia y flojedad de
nervios. No hay exageración en esta pintura, ni pesimismo en deducir de ella, como en el clásico epigrama, que una cosa tan bellaca no puede parar en bien.
Hay que dejar la mentira y desposarse con la verdad; hay que abandonar las vanidades y sujetarse a la realidad, reconstituyendo todos los organismos de la vida nacional sobre los cimientos, modestos, pero firmes, que nuestros medios nos consienten, no sobre las formas huecas de un convencionalismo que, como a nadie engaña, a todos desalienta y burla. “
Francisco Silvela, político, escritor abogado y académico español 1898
Es una popular afirmación el decir que “Quien olvida su Historia, está condenado a repetirla”, las palabras de ese discurso, fiel reflejo del estado de un país en trance por una crisis social, política, económica, militar y de valores desgraciadamente recuerdan demasiado a momentos actuales. Una España que lleva más de 100 años enferma, con ciertos momentos de mejoría notables pero aquejada de un mal interno persistente como el enfermo que, con su tratamiento y medicación, ha conseguido un grado de vida altamente satisfactorio pero adolece aún por el uso de paliativos en lugar de operar y extirpar el mal.
El efecto inevitable del menosprecio de un país respecto de su propio edificio de valores y su estructura de Estado es el mismo que en todos los cuerpos vivos produce la anemia y la decadencia de la fuerza cerebral: primero, la atonía, y después, la disgregación y la muerte.
La degeneración de nuestras facultades y potencialidades ha desbaratado buena parte de nuestros territorios, nos ha relegado a ser segundones en un escenario global, perder buena parte de nuestra capacidad naval, militar y tecnológica; pero aún es más grave que la misma corrupción y endeblez del avance de las extremidades a los organismos más nobles y preciosos del tronco, y ello vendrá sin remedio si no se reconstituye y dignifica la acción del Estado.
Honor, Dignidad, Tolerancia, Unidos en Diversidad
Miremos al pasado para buscar nuestro futuro, nuestros valores y nuestra dignidad para no perdernos en la insondable orfandad moral con trágico resultado que empieza a avanzar por Europa.