Quitando mascaras.

Decepción, frustración, desilusión… Son varios los nombres que recibe el momento en el que la realidad decide esquivar nuestros sueños. Varios nombres para la experiencia agria que sustituye a la que habríamos deseado.

Y si nos ponemos exquisitos, también podemos utilizar la palabra “putada“. Si será por términos…

Ese dolor o sinsabor tiene tantísimos nombres porque se utiliza una palabra u otra en función de la situación que se produzca y de la persona que la padezca (Normalmente solemos ser los idiotas).

A todos nos afecta, porque las pequeñas o grandes ilusiones son algo difícil de evitar. Podemos reducir nuestros deseos o expectativas para no “llevarnos el chasco“ pero no eliminarlos.

¿Qué sentido tendría vivir sin esperar ni desear nada? Y, aunque lo tuviese, ¿sería lo más conveniente para nosotros?

Incluso los budistas (religión que ve en el deseo el mayor obstáculo hacia la felicidad) anhelan erradicar los deseos y alcanzar así la iluminación. Eso es algo que no entiendo bien, porque en su planteamiento subyace un enorme deseo: el de fulminarlo, ni más ni menos (pero bueno,ese es otro tema).

Es verdad que una puede ahorrarse sufrimiento evitando hacerse determinadas ilusiones y también hay que admitir que, a veces, sobrellevar el dolor de la decepción es durísimo .

El corazón se hace trizas. Sentimientos y pensamientos de desolación total toman él control durante un tiempo (te sientes gilipollas, porque te han vuelto a engañar) Hasta que, lentamente, comenzamos a curarnos (realmente es resignación, soy gilipollas que le voy hacer).

Se percibe el proceso como tan lento y tan largo, que incluso crees que jamás llegará a curarte (es lo que tiene estamparse con la pared de alguien sin escrúpulos, sentimentalmente hablando).

Después, tanto el escéptico como todos los demás, sobrevivimos (Que remedio). La decepción es como un ciclón que arrasa con la esperanza, un fenómeno que protagonizará algunos días de nuestra vida. Quizás se ensañe especialmente, destruyendo los pilares de la confianza en nosotros mismos o en los demás y además deja al 0% tu autoestima.

Sin embargo, igual que ocurre con otros fenómenos devastadores, se marcha para dejar paso a días tranquilos. Días para hacer el recuento de daños y comenzar la reconstrucción…

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