Noctámbulos

El Sol, ya débil, nos obsequia la última chispa de hoy.

El cielo tiñe su inmensidad de melancólicos rojo, naranja y amarillo, ofreciéndonos su mejor obra de arte para deleitarnos mientras esperamos el regreso del manto de estrellas que nos acobijará hasta el comienzo de un nuevo día.

Los objetos se hacen uno con las sombras, y en ellas se refugian las almas solitarias que no le temen a la oscuridad.

El silencio llena los espacios para regocijo de quienes habían estado esperando el día entero por unas horas de sueño, y de aquellos que simplemente gustan de dejarse llenar los oídos y el corazón con sonido a nada.

Los rayos de Luna atraviesan las ventanas de los insomnes para cantarles canciones de cuna, mientras que un ejército de desvelados está en los últimos preparativos para salir en la búsqueda de otros que, al igual que ellos, no desaprovechan el momento. Porque a partir de este momento el mundo les pertenece.

Desde sus balcones, varias almas anónimas son espectadoras del desfile de diminutas luces danzarinas que tiene lugar bajo sus pies cada noche, mientras incendian sus penas en el último respiro del cigarrillo que precede el turbulento y abrumador viaje diario al interior del subconsciente.

Lejos del bullicio de las urbes, las criaturas del bosque abandonan sus escondites para hacer de las suyas, jugar y ser lo que son: salvajes, y libres, y hermosas.

Y en lo simultáneo de la vida, aquellos que en otras ocasiones hemos sido un poco de todos los anteriores, hoy no somos ninguno y desde el confort de nuestros hogares nos permitimos un momento que sea sólo de nosotros. Bebemos soledad contenida en tazas de café, dejando fluir las ideas al compás de las horas que parecen estirarse, hundiéndonos en la quietud y la nostalgia que tanto caracterizan a esta parte del día, mientras descubrimos con cada segundo que pasa que en realidad no estamos solos, porque siempre contaremos con la compañía de canciones y pensamientos tan oscuros y misteriosos como la misma noche.

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