Se oyen las sirenas. Ellas no lo saben, no se dan cuenta, pero se oye cómo graznan a través de cuerpos que ya son solo un simple peso en un mundo que les engulle sin querer, trasmiten un mensaje indescifrable esos que están por devoción a estar, esos que me odian.
Yo ni me siento a escuchar. 
No tengo ni oídos.

Pero la verdad es que será siempre mi canción.