Las Ganas!

Me desperté una mañana como de costumbre, con los calzones hechos nudo y sin el más mínimo intento de cubrirme otra parte del cuerpo.

Me desperté sin saber a ciencia exacta que día de la semana era, con una extraña sensación en el pecho, me desperté en silencio una mañana para descubrir que no había nada.

No había cafe en la cafetera, no había comida para el gato, no había sol y tampoco quedaba alcohol en ninguna de las botellas que estaban regadas por toda la casa, no habías tú en tu lado favorito de la cama y el cajón donde escondías tus perversiones y secretos estaba vacío.

No había cosa tuya, ni cepillo de dientes en el baño, no había trastes limpios, ni ropa limpia, ni una nota de despedida, no había nauseas, ni dolor de cabeza, no había sonido en la regadera y no estaba sonando un disco eternamente.

Hiciste una maleta temprano con cuidado de que yo no escuchara, pusiste todo con cuidado dentro, las promesas, las malas caras, las puestas de sol, las borracheras, las notas musicales, las notas de compra, las fotografías firmadas, las entradas al teatro y los recuerdos prestados.

Cuando pude llegar a tumbos al baño, oriné, sin pensar en nada por un largo rato.

El sabor a sangre y saliva de la boca, el frío del azulejo por la mañana, me acompañaban.

Me mojé la cara como de costumbre todas las mañanas, trataba de buscar algo reconocible en el espejo, y fue en ese momento que descubro que te llevaste mis ganas.

Podías haberte llevado ¡Todo! ¡Todo!

El techo, la cama, la corbata arrugada, el gato, el reloj, el tiempo, las palabras, ¿Pero las ganas?

¡Se necesita ser muy hijo de puta para llevarte las ganas de alguien! para dejarlo en ¡Nada!

Soy ortodoxo y pierdo lo que los demás suelen perder así que:

Recorrí todos los bares, recorrí todas las camas, y tuve que aprender a conjugar el verbo extrañar en todas sus formas y desformas posibles.


Sonaba muy bajito La Chispa de Mi Mente -Turf