Querida Seño

Una mañana como otra cualquiera, una bien reconocida profesora de primaria castiga a uno de sus alumnos, debido a su mal comportamiento, de cara a uno de los rincones del aula. Jornadas laborales indistinguibles de la anterior se suceden a lo largo de días, semanas y, eventualmente, meses y años. El día de su jubilación, después de disfrutar de un homenaje en reconocimiento a su labor educativa, y reencontrarse con numerosos estudiantes de generaciones anteriores que en tan alta estima la mantienen, la profesora recoge a solas sus efectos personales de su escritorio, escenario de todas sus clases impartidas. Es entonces cuando la maestra recae de nuevo en la existencia de aquel menor al que, despistada o pendiente de otra cosa, nunca llegó a levantar el castigo. Sin embargo, al dirigir su mirada hacia el rincón al que envió al estudiante, no es el joven lo que sus ojos se encuentran, sino tan solo un pequeño y estropeado esqueleto, cuyos huesos, tornados grises, han comenzado ya a descomponerse en forma de polvo. Horrorizada, la profesora grita ante el fruto de su descuido, la única mancha en su, por lo demás, impecable carrera como pedagoga.

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25/05/17

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