La auténtica lección del video de Farage

“Viral” es poco. Todo el mundo ha visto este video de Nigel Farage, líder del extremista UKIP, aceptando que una de las promesas de la campaña por el Brexit de la que formaba parte no era cierta. La inmensa mayoría de gente ha tomado su respuesta como un ejemplo de lo poco que mantienen su palabra los políticos. Algunos incluso lo elevan a ejemplo de populismo por excelencia. Sin embargo, yo creo que el video de Farage nos cuentra una historia un poco distinta. Habla de coaliciones insostenibles.

Cuando uno ve el video por segunda vez se da cuenta de que Farage está muy tranquilo. No piensa que esté ante una pregunta difícil, ni incómoda. No cambia su tono. Sabe perfectamente lo que hace. ¿Por qué? Porque Nigel Farage lleva tiempo explorando la posibilidad de privatizar el sistema sanitario. De hecho, en un momento de la entrevista afirma que él nunca apoyó ese mensaje específico de la campaña “oficial” del Brexit, por la cual se siente, dice, “en el ostracismo”.

Es verdad que esta campaña ha tenido problemas gravísimos de credibilidad en sus cifras, pero este minuto de gloria apunta además a otro aún más profundo: sencillamente, la coalición a favor de la salida de la UE no era coherente en otras muchas cosas. El voto del Brexit ha estado sesgado hacia las clases más modestas y las personas con menor cualificación. Precisamente aquéllas que, en principio, más se benefician de un sistema de sanidad universal bien equipado y financiado. Pero Farage y el UKIP no representan necesariamente el voto de toda esta gente. Ni su agenda tiene por qué coincidir en el largo plazo. Pero mantener la ficción del acuerdo amplio, vago, en el que todos ganamos aunque no se sepa bien qué, era imprescindible para conseguir el apoyo de la mitad más uno en el reféndum. Eso sí: una vez se ha conseguido, toca reactivar las intenciones propias. Por eso Nigel Farage estaba tranquilo. Porque sabía que el momento de esa entrevista iba a llegar.

Moraleja: cuando la discusión nacional terminó, el dilema de cuánto dinero gastamos, en quién y cómo, seguía allí.

Hay quien argumenta que redistribuir dentro de un solo país es más sencillo que con la globalización. Yo no lo tengo claro, la verdad. Lo que sí sé es que si tus compañeros de viaje, quienes llevan el peso de tu campaña, están situados a tu derecha, no puedes esperar que dejen de estarlo cuando se rompen las filas de la batalla.

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