Cuando te hacen creer

Diseño gráfico de Paula Rojo

Ayer disfrutamos de ‘Barcelona 92’ en los Teatros Luchana. Ayer, 17 de agosto. Un año después del atentado en las Ramblas. Veintiséis años después del octavo día de resaca de aquellos juegos olímpicos. En un año ha dado tiempo a azuzar los sentimientos de pertenencia a uno u otro bando, tras decenios de calculada siembra de cizaña. Pero desde el fastuoso evento también ha dado tiempo para la formación de toda una generación. Barcelona, Cataluña, España… el Mundo son lo suficientemente diferentes a entonces.

El reciente final de la Guerra Fría no había acabado con los conflictos; a escasas dos horas en vuelo desde Barcelona se iniciaba la guerra de los Balcanes. No hacía falta ir más lejos. Había cuestiones sin pulir desde el sueño romántico de los nacionalismos. También en España. Porque, en realidad, todo orden viene de arriba, como toda orden. Mientras, el día a día, unos chavales que crecen ajenos a las batallas por el poder. Unos chavales que crecen hasta convertirse en formidables actores veintiséis años después. Actores que encarnan el día a día de cualesquiera personajes en aquella Barcelona de final del siglo pasado.

Es lo que merece la pena creerse: el día a día.

Es lo que ves, es lo que oyes, es lo que sientes, es tu vida, y no la de otros. Es el teatro, empero, son el recluso y su novia en el vis a vis, la guiri y el españolito enamoradizo, el taxista, la divorciada, el exconvicto. Son los personajes que tenemos cerca, en carne y hueso, diversos, sexuados, complejos, valiosos. Son ellos y eres tú paseando por Barcelona en 1992, afrontando la cotidianidad, pase lo que pase en los podios o en los despachos. El escenario puede ser un catre y un taxi. No hace falta mucho más. Fermín Cacho pasa de largo. Nueva medalla para España. Salpican comentarios sobre el deporte como salpican sobre las banderas.

Nada es lo que parece si no te lo hacen creer. Y anoche creímos a actores gigantes que rondan los veintiséis años.