A las 12:14 — [ Amor de mi herida ]

Él se levantaba antes que tú abrieras los ojos. Compartían aire, frío, calor y café por la mañana.

Él sabía que no te gusta hablar por las mañanas y que la ternura no se sirve con el desayuno.

Él conocía tus diferentes sombras. Todas le fascinaban. Desde tu incontrolable hambre de ser, hasta tus pesadillas despierta.

Él procuraba estar ahí cuando brillabas. Vaya que eres luz. Y cuando el brillo se tornaba en oscuridad, él tomaba tu mano y te llevaba de vuelta a casa.

Él no era perfecto. Te hizo llorar. Él lloró el doble.

Él no tenía mucho pero todo lo que tenía era tuyo. De luna a luna. Trozos de amor esparcidos en un castillo de 40 metros cuadrados era tu realidad.

Él aprendió de tu amor por las plantas y los animales. Ternura desconocida. Jugaban con un perro de cerámica y juntos vieron crecer un trébol por la ventana.

Él era esclavo de la monotonía de la ciudad. Desconocía la libertad. Tu cincel fue labrando extremidades con agallas para brincar.

Él te miraba con ojos de futuro y vejez compartida. Te mirabas más hermosa de abuela. La maternidad no era un plan en conjunto.

Él te quiso regalar el sol y el mar. Te lo dió. Nadaron en mar abierto, saborearon tierras lejanas y contaron estrellas.

Él está lejos. Tú también. Hoy una aplicación le muestra — en un par de líneas — que estás viva.

Él se levanta antes de que tu abras los ojos. Respira aire frío y se sirve un café desabrido. Es el último día del año.

Él te escribe un saludo, un te quiero y un te extraño. Lo lees. Tu compañía demanda más atención que una línea digital.

Él recibe un gracias (a medias) y un “feliz año” forzoso. Espinas certeras por medios digitales. Tendencia nueva el poder adquirido de la ingratitud por mensajito.

Él espera que sean las 12:00 para desearte Feliz Año. El reloj marca la hora y la esperanza es disparada. Envíado.

Él espera . Su mensaje cargado de mundo recibe el espacio en blanco como respuesta. Nada.

Él -que te conoce de pies a cabeza- sabe que no estás sola. Hoy buscarás su cara en otro rostro y sus brazos en otro cuerpo. Duele.

Él sigue esperando. Son las 12:14 y por cada minuto que pasa acribillas cronológicamente las memorias sembradas. Corte preciso y de raíz.

Él esperará horas… y un poco más. Todo será en vano. Cuando salga el sol abrás acabado con lo que fue y lo que sería.

Él no te verá envejecer. No verán la luna ni tomarán café por la mañana. Él se volverá otra historia a la hora de ir a la cama.

Feliz Año amor de mi herida.

Show your support

Clapping shows how much you appreciated Jos Liebr’s story.