Otro año, mi niña.

730 días después, las letras envuelven tu regalo.

Te vi partir por un momento en un barco gris. Mi almohada aún conserva marca de uñas. Clavos de freno absoluto a unas manos que buscaban acortar la distancia ( y la partida ) con una llamada.

A la mitad de tu regreso te vi, eras tú… pero en las sombras. Era evidente tu crecimiento y aún más grande la posibilidad de que mi vaticinio no sería realidad.

A así 459 días después de escribir tu primer regalo, observé cómo tomaste la crin de la vida y decidiste que tu puerto de salida tenía que se otro.

Te volví a encontrar detrás de un vaso de cristal. Por un momento, alcancé a verte nuevamente…indeleble.

Allí estaba ese brillo que irradiaste bajo las estrellas de Zamá.

Y en ese momento de alquimia — mientras la tierra se movía — me volví a encontrar en el inicio de un camino en pausa.

El escondite era tu forma predilecta de convivir. Te buscaba a ti, alrededor de otras seis luminarias (unas menos brillantes que otras) que encontraron en mí, la bienvenida.

Observé las sombras envolverte y perseguirte. Fui testigo y ancla de tu maremoto. Tragaste agua salada, pero no te ahogaste mi querida niña exploradora.

Y una noche fría en medio de una montaña, apareciste de nuevo.

En un par de palabras, en lenguaje ajeno a tu cuna ( porque hablar de sentimientos para ti es otro idioma ) confirmaba tu boca, lo que ambos destilamos — hace varios solsticios — debajo de un puente y una luna, con un dedo entrelazado.

Natural.

Ahora te encuentro a diario. Entre el compás de tus caderas en penumbra, alrededor de luz de computadora, dentro de una cama sin sábanas, despertando sobre mi pecho, bebiendo café en la mañana, bailando alrededor de la playa, olvidando detalles durante el día, sentados en el sofá por las noches, respirando el vapor de un baño o cruzando fronteras en el aire.

Y es que cuando lo ordinario se transforma en extraordinario, confirmamos que somos arte.

¿Sabías qué 120 días toma un tulipán en florecer? Ver tus pétalos crecer es un espectáculo.

10,585 días llevas respirando vida y hoy en tu día, mi querida niña del año, es importante decirte que has florecido más de 88 veces de forma exquisita.

No tengas miedo a las estaciones, ni al invierno, ni a la evolución de tu ser.

Acuérdate , mi niña del año, que tu imperfección es elegante, tus defectos gracia, tus dudas orquesta, tus secretos bienvenidos, tus miedos míos y tu camino hoy… compartido.

Hoy vuelves a nacer en otro lado. Con compás, creciendo alas y con este loco. Hoy eres la niña del año. Vistiéndote de mí…poco a poco.

Y saber que somos. (Sos increíble)

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