Esencia/Esencial

Por Mariano R. Pineda

Como el creador integral que es, José Luis Peña Martínez define su forma de expresión artística de manera harto sencilla y parca, cosa que admiro –y posiblemente envidio– ya que esa destreza es algo que los críticos, se los confieso, rara vez poseemos, mea culpa.

Texto curatorial de Mariano R. Pineda

Sin embargo, aun respetando a pies juntillas sus argumentos, hay un punto en el cual tiendo a diferir de él: José Luis suele definir como apreciación esencial la percepción más directa y natural de nuestro entorno, en la cual personas y demás elementos son captados –por el ojo, o por la cámara– de la forma habitual, desinhibidamente instintiva, podría llegar a decirse que hasta de manera un tanto neutra.

En relación a su propuesta artística, confieso que me identifico más con el significado literario, inclusive el filosófico y el alquímico, tanto del sustantivo como del adjetivo, en el cual el término esencia/esencial tiende a vincularse con el contenido energético de los seres y de los objetos, quizá el elemento más misterioso, empero común, del universo.

Mi sensación es que la obra fotográfica de José Luis Peña Martínez no pretende, per se, esquivar lo figurativo para ir en búsqueda de una originalidad complaciente, obvia, banal: su arte es lo suficientemente amplio, ambicioso, exhaustivo, coherente y estructurado como para que la respuesta –simple para él, compleja para mi– no tenga un sustrato firme, el cual pueda aplicarse por igual a su creación sonora, gráfica y fotográfica.

Llama poderosamente la atención que José Luis se atreve a remar contra corriente en las dos especialidades artísticas que practica con tan enorme devoción. En la música electroacústica es capaz de convertir una manifestación de desarrollo cronológico en un estado contemplativo, a momentos, inclusive, inamovible: en el mantra perfecto, en el mantra universal.

Por el contrario, su fotografía busca la esencia cinética de la energía, de la luz, inclusive de la sombra. En ambas manifestaciones demuestra que las herramientas del artista sólo pasan a ser extensiones de su cuerpo cuando dejan de obedecer los dictámenes paternalistas de un manual, de un libro especializado, de un curso de formación “profesional”, del establishment o de la tradición y se ven impelidas a obedecer las sabias sugerencias que emanan de la tan elusiva, determinante y alquímica esencia energética que habita en el verdadero creador.