Como si fuera cera.
¿Cómo es que de pronto, y sin darnos cuenta, la vida hace un giro inesperado, de forma que, nos sensibilizamos con cada acción que pasa?
Tengo la confianza para afirmar que las experiencias vividas no son insuficientes para comenzar a hacer una introspección.
Situaciones que antes parecían insignificantes, comienzan a tomar especial valor, y por el contrario, pierdo el interés en aquellas que algún día me quitaban el sueño. Algo está pasando.
Investigo y me doy cuenta que conforme estoy viviendo, se va transformando y moldeado mi subconsciente, y por ende, mi conciente va atrás de él sufriendo los cambios. Entonces comienza la inquietud porque me resulta aterrador pensar que hay un juego de maquinas y controles en mi cerebro que me manejan. A tal punto que quedo convencido que no soy un cuerpo únicamente físico que se mueve por inercia, sino por conexiones; conexiones de cualquier índole.
Y que estamos sujetos a la intemperie.
Por lo tanto, entiendo que no me puedo remitir a la mecánica de mis articulaciones, ni a la bioquímica de mis neurotransmisores, para otorgarle una explicación a la mente, a lo consciente, y al que se ha convertido en mi mayor arcano: el subcosciente. Ese silencioso y misterioso acompañante que está ahí, que habita en nosotros durante toda la vida pero es indecifrable y nos domina, al punto que vivimos inmersos a lo que él quiera con lo que nosotros le otorgamos.
Más que biología, somos pensamiento. Más que pensamientos, somos experiencias. Y más que experiencias somos seres maleables que nos entregamos a lo que nos rodea fuera de nuestros límites para transformarnos.
El cuerpo físico es medible en unidades de área y es tangible, pero no sucede así con el pensamiento; es tan volátil que mientras pasan los segundos, se va alejando cada vez más del cuerpo con la única finalidad de buscar la forma de explicarse por qué hace lo que está haciendo (cómo si la explicación se la otorgara a lo ajeno) y para entender para qué lo hace (cómo si la explicación se la atribuyera a sí mismo).
Entonces, me parece injusto juzgar a un ser por el criterio que tenga hoy, dado que sus argumentos varían conforme experimenta infinitas variables; la forma de observar a su al rededor cambia con él todo el tiempo y no está inmerso a creer toda su vida lo que ha creído, ni está destinado a vivir de la misma manera hasta sus últimos días.
Una textura o un olor hacen el cambio.
Las cosas que parecían insignificantes en algún momento, pueden resaltar, porque sin darnos cuenta, nuestro subconsciente está siendo moldeado con cada acción, sensación, emoción y un largo etcétera de golpes que sufrimos.
Al final, lo único que queda es aceptar, cuando volvemos a ver para atrás, y nos damos cuenta que las cosas han cambiado, y aunque no siempre estemos de acuerdo con los cambios, tenemos que agradecer porque eso demuestra una única cosa: estamos vivos, y mientras vivimos vamos a estar transformándonos y descubriéndonos.
