Demorado…
No llegaste. Por más que miré a la puerta, ni bajando a toda la corte celestial te invoqué.
¿Que nos pasó? De soldado del amor a guardiana de tus pendejadas, tan rápido como leer tú: “llego más tarde, perdón”.
Pero siempre pasa, nos disolvemos en tus disculpas, en tus excusas, en tu pasado que hace más ruido que las cadenas de mis fantasmas, que cada vez son menos.
Y sí. Me sigues desmoronando a caricias mi corazón de mazapán, ¿Cuándo te volviste mi enemigo si peleábamos en el mismo bando? De sanar mis heridas a apuñalar mi espalda, con indiferencia, con cicatrices, sin un “nosotros”, sólo con otro perdón acumulado, hasta parece que me volví la santa patrona de tus excusas.
Mejor te las devuelvo y para la otra prometo no volver a querer sin salirme de la rayita.

