Para Guillermo del Toro Gómez

Por: Dr. Jossalberto Briceño Sáenz

Mi nombre es Jossalberto, soy doctor en cinematografía. Hace unos días que el gobierno chino me dio mi pasaporte permitiéndome salir de China. He estado prisionero durante diez años. Me encuentro en este momento en los Ángeles California escribiendo esta historia. Dedico este fragmento de mi vida a Guillermo del Toro como un intento más por recibir su ayuda. “Que el terror y el horror se queden en los libros, en el cine y en el arte y dejen de estar presentes en la sociedad latente y viviente”.

Angkor Wat (parte I)

En Cambodia, a la entrada del templo de Angkor Wat, había dos monjes. Ataviados con túnicas rojas, impedían la entrada a las mujeres con ropas escotadas. No sólo se trataba del sexy canalillo, tampoco permitían ropas que dejaran ver los tobillos.

–No se puede entrar descubierto, al templo de Angkor Wat –dijo, en ingles uno de los monjes.

Las siete japonesas, en ropas de marinero, vestían faldas cortas y mini calcetas blancas. Todas ellas se apresuraron a seguir las ordenes. Inmediatamente se subieron las calcetas, que casi no se veían al principio porque las tenían enrolladas. Jalándolas se convirtieron en mayas blancas que les llegaron hasta los glúteos. Por otra parte, las minifaldas se convirtieron en vestidos. Para completar el estilo pedido, se pusieron aquellos suéteres escolares muy bien escondidos que llevaban en las mochilas.

–¿WHAT? — pregunté, ya que no me habían quedado muy claras las reglas de entrada.

–Angkor Wat. –repitió el monje el nombre del templo como respuesta a mi pregunta mientras todos se movían las ropas.

–¡WHAT! –Ahora exclamé. No eran dudas sobre las reglas de entrada. Mi pregunta era una expresión de sorpresa obligada: no podía creer el que les exigiesen a los turistas, usar ropas determinadas en la entrada.

–Angkor Wat. –Nuevamente fue la única respuesta a mi exclamación.

–¿Qué tan poderoso es su Dios? –Les cuestioné. Como aquellos dos monjes no entendieron, quise ver que tanta fe tenían ellos.

–Puede curar enfermedades al ver los órganos del cuerpo humano. A simple vista puede ver cuál es el que está dañado –dijo el monje de la derecha.

–Puede viajar a cualquier lugar del Universo, a la velocidad del pensamiento y concederte fortunas inimaginables. –Agregó el monje de la izquierda.

–¡Lo sabe y lo ve todo! –hablaron los dos juntos.

–No, pues no, lamento desilucionarlos, pero creo, que no lo puede ver todo. –Comparando la ficción con la fantasía les dije que “Supermán no puede ver a través del plomo, pero tu dios, ni siquiera puede ver a través del algodón u otras tela. Creo que Supermán es más chido y más dios que el tuyo. Además, Supermán núnca tiró baba o algo más por Luisa Lane pero tu dios no controla muy bien las hormonas ya que con un poco de piel al descubierto ya es suficiente como para ponerle como loco”.

–¿WHAT! –Entre exclamación e interrogación me respondieron los dos monjes al mismo tiempo y… –¡Zas! aquel monje de la derecha enojado me censuró y esa es la historia de como me impidieron entrar al templo de Angkor Wat.

Mientras me retiraba de la puerta el monje de la izquierda corrió para alcanzarme y tratar de hablar conmigo.

–¡No te vayas! –me dijo–. ¿Me podrías platicar más de tu dios?

Yo no diseñé ni dibujé a Supermán y por esa simple razón nadie va a ver mal el que se hable positivamente de él en un escrito. Pero ¿qué podría pasar, si se escribe sobre uno mismo?

Ceremonia Sangrienta (parte II)

Me encuentro en una oficina del piso diez del edificio Guang Hua de la universidad de FUDAN. En los pisos once y diez se encuentra el departamento de guionismo para cine y televisión. Mi director de tesis me llamó 15 minutos atrás pidiéndome ir inmediatamente a su oficina.

La puerta se mantiene abierta, dejándose ver el rótulo blanco con letras negras en las que se leé: Profesor Zhou Pin.

Dentro de la oficina hay dos escritorios. La pared del fondo está completamente ocupada por un librero de madera con puertas de vidrio. Los dos escritorios se encuentran semillenos por las tesis de los actualmente estudiantes del profesor Zhou. Hay siete sillas que son frecuentemente usadas por los visitantes, y como única decoración de la oficina se encuentra un termo con la tasa para té, y una foto que no es de su familia.

Pudo haber puesto fotos de su hogar o de él mismo con otros profesores en actividades escolares; incluso la foto de Mao Tze Dong, como lo hacen la mayoría de los chinos. Pero no, tenía en su lugar la famosa foto de 1973 de Zhou Enlai, una foto a colores tomada por el reportero italiano Giorgio Lotti. Cada vez que veo aquella foto, sueño en el día en que el nombre de mexicanos se encuentre bajo las fotos de Tim Mantoani. Fotos de personajes mundialmente famosos por sus destacados trabajos como reporteros internacionales. Pero, ¿cuántos buenos reporteros internacionales mexicanos tenemos? Aún falta mucho para tener un Jeff Widener mexicano.

–¡Estás cada vez más gordo! –¿Qué forma de hablar es esa? Eso ni siquiera es un saludo. Claro está, que en promedio los chinos ganan en barbarie. La verdad es que me tiene cansado la forma irrespetuosa de hablar de la gente. En vez de saludar, patean a cualquiera que vean y no le puedan decir ¡guapísima! Los ignorantes buscan la verdad dentro de aspectos visuales, la razón se encuentra en las formas y no en los contenidos. Gente que no puede mirar directamente a los ojos y decir buenos días, buenas tardes o buenas noches; no les pidas que te llamen por tu título de doctor en cinematografía y literatura porque te insultan. Gente con ojos inquietos que sólo saben juzgar por exteriores y escupir en todas direcciones cualquier cosa que nunca pasó por la cabeza.

¿Quién puede decir esas frases y usarlas como un saludo? No importa que sean conocidos o recientemente presentados. Los “no” saludos como “¡estás bien negro!”, “¡te estás quedando calvo!” sólo pueden provenir de personas sin moral e idiotas. No se dan cuenta que sus comentarios mal educados denotan su predilección por los prejuicios visuales. Es como decirle a un inválido “¿te has dado cuenta de que no tienes piernas?”, al enfermo con cáncer “¿cuánto tiempo le queda de vida?” o al presenciar a dos hombres besándose y señalándolos, preguntar “¿Quién es el joto?” y “¿quién es la marica?” Ni soy ni quiero ser un Lei Feng para citar todos los ejemplos que existen.

–Estuve en Cambodia la semana pasada –dije. Pude haberle contestado “¡le apesta la boca!”, “¡tiene los dientes chuecos!”, “¡qué viejo se ha puesto!”, “¿ha usado viagra?” o incluso “¡podría decirme con cuántas estudiantes se ha echado un polvo!” Pero no lo hice, cada vez que lo tuve enfrente mantuve la boca cerrada. La verdad es que no siempre lo haré; pero nuevamente, esta vez volví a tratar de llevar el tema a un nivel más evolucionado–. ¿Ha estado en otros países profesor?

–Te he pedido que vengas a mi oficina ya que varios de tus compañeros me han dicho que estás buscando colaboradores para desarrollar cortometrajes. –No dijo algo sobre mi comentario de Cambodia. Un chino no escucha porque sólo sabe hablar, y hablar no es sinónimo de saber comunicarse. En la comunicación con un chino falta la parte de la retroalimentación. El chino sólo dice lo que se le ha enseñado a decir. No son pensamientos propios. Los crearon a imagen de los humanos, pero decidieron convertirse en simples bocinas que repiten las enseñanzas provenientes de Jefes, personas en el poder y personas con dinero. No existe una verdadera conversación. Esa es la razón del porqué nunca te contestan a las preguntas que tú haces. En su egoísmo las únicas preguntas que importan son las de ellos.

–“Tú no quieres hacer cortometrajes”, — dijo. Una de las formas más desagradables de hablar con un chino es… su forma, tiene las características del truco de control mental Jedi. Pero más que Jedi es de Sith. ¡Vivimos en un mundo en el que abundan los Sith!–. “Eso no es lo que te gusta realmente”. “No estás destinado para hacer cortometrajes”. “Ya hay otros estudiantes que lo están haciendo, tú debes hacer otras cosas” –.

Prácticamente en cualquier lugar puedes encontrar frases de control mental Sith “Yo no soy la chica que te gusta”, “a ti te gusta otro tipo de mujeres, yo no soy el tipo que tú quieres”, “debes buscarte a otra mujer, una que no sea yo”. Qué tan sencillo sería el sólo decir la verdad, pero no. Por egocentrismo y para consolarse a sí mismos la gente prefiere distorsionar la realidad para finalizar con frases como “Hay que hablar de forma indirecta para no romperle el corazón a las personas. La verdad los destrozaría”.

–¿Puede explicármelo mejor?, no entiendo sus indirectas. –dije, ¿qué más podría decir yo en ese momento?

–Te lo voy a decir directamente. No se te permite desarrollar cortometrajes porque solamente la escuela y los estudiantes chinos pueden desarrollar cortometrajes de calidad. –Frases dichas por mi director de tesis del doctorado en guionismo de cine, representante a cargo de la carrera de cinematografía en la universidad de FUDAN

–Profesor Zhou, mi doctorado es sobre guionismo y literatura de cine. He estudiado toda mi vida cine. No entiendo el porqué de prohibirme desarrollar cortometrajes. Le pido a usted su apoyo. –dije.

–Eso se debe a que tú no tienes el talento suficiente para hacerlo. Solamente los chinos tienen la capacidad creativa de desarrollar cine. Lo que puedes hacer es ayudar a la escuela y a los estudiantes chinos a desarrollar sus proyectos de video. Pero eso de que andas tú sólo haciendo videos no está bien, necesitas ser dirigido. –“Qué frases tan nacionalistas y racistas” pensé.

–Usted es mi profesor y en lugar de apoyarme me pide no trabajar de lo que he estudiado toda mi vida. Por otra parte, creo que lo que yo haga con mi tiempo libre es cuestión propia. Ni usted ni nadie puede ni debe prohibir a otros el desarrollar su propio arte. –Así fue como contesté ya que nada cambiaría. La colmena de avispas no tenía miel y dijera lo que dijera no importaría. ¡Un estudiante extranjero núnca tendría el apoyo de una universidad China!

–A ver, dime, ¿qué tipo de cortometrajes quieres hacer? –El profesor Zhou preguntó y me arrepiento de contestarle ya que solamente hizo aquella pregunta para buscar algo con que molestarme.

–He escrito unos cuantos guiones de terror y ciencia ficción. Los nombres son… –No me permitió terminar.

–¡Que cochinada es esa! Ves que sí necesitas dirección. Si escribes terror significa que eres una persona terrorífica; por otra parte, si tú escribes ficción significa que no estas dentro de la realidad y la realidad es que China necesita que hables bien de ella y que comuniques al exterior todo lo bueno que hace China y nada más. Si lo que quieres es hacer películas; muy bien, pero lo debes hacer en tu país elaborando documentales sobre China y lo grandioso que es el gobierno de China” –muy seguro de sí mismo decía el profesor Zhou.

–Disculpe profesor Zhou, me tengo que retirar, he quedado con otras personas para comer. –Aquella era una mentira. No estaba dispuesto a seguir escuchando frases sith

Después de aquel día, pedí apoyo a PROMEXICO pero ni siquiera aceptó el darme una entrevista. La embajada de México en Beijing y el consulado de México en Shanghai, tampoco me dieron su apoyo diciendo “no lo hagas en China; cuando regreses a México hazlo”. Le envié e-mails en Chino y en Inglés a TODAS las compañías de cine o estudios de cine de China, Taiwan y Hong Kong; También les hablé por teléfono. Me tomó ocho meses el contactarles a todos y esos meses fueron el tiempo que me tomó el darme cuenta, que no me darían su apoyo. A todos les envié mi guion y casi nadie me contestó. Muy pocos me respondieron y la respuesta siempre fue “lo sentimos, pero sólo desarrollamos proyectos provenientes de chinos”.

Tuve que desarrollar mi proyecto en forma individual. Y así fue como hice mi cortometraje Ceremonia Sangrienta. Nunca pensé que lograría convertirse en el primer cortometraje de terror con el mayor número de audiencia en China y menos aún que dicho cortometraje introdujera la cultura del Halloween a China. Todo fue para mí una gran sorpresa. Me emocionó mucho el que todos los medios chinos hablaran de forma subjetiva e indirecta sobre mi cortometraje “¡qué estúpidos!” Siempre pensé al ver y leer lo que publicaban sobre mi corto. También los califique de racistas por su afán de negar el éxito, de un estudiante internacional en China.

Durante tres meses caminé con miedo por la ciudad de Shanghai ya que todos los medios de comunicación de China publicaron las fotos y los posters de mi corto. Yo sólo esperaba a que en algún momento sonara mi teléfono y la voz de algún productor de alguna compañía de cine me pidiera una entrevista para hablar sobre los derechos de mi cortometraje. Nunca ocurrió.

No me extrañó que borraran mi video junto con todos los de mis blog y páginas de internet que demostraban el éxito arrasador de mi cortometraje. Incluso, no fue raro que me arrestaran para interrogarme y prohibirme salir de China. También me prohibieron desarrollar más cortometrajes. No me espanté en lo más mínimo, sólo me enojaba más el ver lo idiotas que eran los burócratas racistas que tratan de ocultar el sol por siempre con un dedo de la mano. Me decepcionó que ningún medio de comunicación en la Ciudad de México reportara el hecho de que un cortometraje mexicano del 2012 llegara a convertirse en una noticia nacional dentro de China. Ni a la embajada de México en Beijing ni al consulado en Shanghai les importó, a pesar de que les envié correos. Les envié todo el material necesario; no sólo a los medios de comunicación de México incluso a las escuelas de cine o instituciones cinematográficas de México. Nadie dijo algo. Las envidas que causan el malinchismo hacia personas de su misma nacionalidad o pertenecientes al mismo grupo lingüístico es lo que realmente me aterra y siempre me ha horrorizado.

Se dice que la esperanza es lo último que muere en un individuo. Personas que continúan amando a pesar de la separación, padres que se quedan esperando a que los hijos regresen de la guerra años después de que ya ha acabado, etc. Bueno; yo espero que Guillermo del Toro Gómez pueda leer este cuento para que así me dé apoyo en mi carrera de cine que es mi sueño y el porqué de haber ido a China.

Ahora que no te he hablado de Supermán ni de Star Wars, dime que piensas de mí y mi corto Ceremonia Sangrienta.

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