Mi playlist rayado

¿Y por qué carajos lo es?

Hoy quiero hablar de mi lista de reproducción favorita del momento… y no, si creen que esto es porque no tengo nada más importante que hacer se equivocan, es sólo porque nunca aprendí a prorizar. (Lo sé, eso es hermoso y super atractivo en un hombre, jaja).

El asunto es que creo que las canciones nos hacen revivir cosas, sentirlas, o que podemos generar cierto aprecio o apego por ellas… y bueno, esta es mi lista. Tengo una lista de reproducción perfecta con la que quiero intentar escribir algo.

Creo que este playlist en especial es el más significativo porque es el que más escucho: entiéndase, mi favorito. Y quiero “dibujarme” musicalmente, si es que se puede. Esto será sólo un intento de algo: No sé de qué.

En síntesis son ocho canciones y ese es el tiempo perfecto para muchísimas cosas… Recomiendo esta lista para todas ellas, pero en especial: para sólo escucharla (abandonen ya el estúpido multitasking y vivan felices)

Les presento a “My precious”. (Y escúchese en el mismo orden o, sencillamente, no vale).

No. 1.

No fue bueno, pero fue lo mejor (de Bunbury)

Esta canción es la que mejor explica que la vida nunca es buena del todo. Me pueden ver feliz o alegre siempre, pueden pensar que “a ese tipo nunca le falta nada” o que “hace lo que más le gusta” y “lo que le da la gana”; a veces me verán dormido, otras de mal humor y, creo que, casi siempre, un tanto odioso y malencarado… pero el caso es que es una realidad: nada es perfecto. La vida de nadie lo es.

Esta pieza es mi himno preferido para los días mediocres, para los momentos inciertos y para las tristezas auto-inducidas; todo eso que todos tenemos y que, en lo personal y desde mi perspectiva masoquista: me encanta.

“No fue bueno, pero fue lo mejor… todo, casi todo, salió de otra manera” (o sea, como siempre).

No. 2.

Crimen (de Gustavo Cerati)

La típica canción de ducha. Podría asegurar que el 75% de las veces que cada persona me haya visto en la calle, lo ha hecho en un día en el que ya había escuchado o me disponía a escuchar esta canción (en el caso de que nos veamos en el bus o en cualquier otro tipo de viaje).

Esta es la pieza que he cantado más de mil veces a gritos (todos tenemos una), y, sentida o sin sentirse, siempre es, sin duda alguna, una de mis canciones favoritas, punto.

“Mi ego va a estallar, ahí donde no estás… ¡Los celos, otra vez! ¿Qué otra cosa puedo hacer? Si no olvido, moriré. Y otro crimen quedará, y otro crimen quedará… sin resolver”.

No. 3.

Amigos (de Fito Paez y Moska)

Esta canción es la típica canción del momento; es muy nueva, salió este mismo año, “hace poquito”. Esta es esa canción que siempre tenemos en los playlists; esa que bien puede quedarse en la lista para siempre o irse en cualquier momento, pero que, a día de hoy, es la consentida y la que mejor nos sube el ánimo porque nos gusta y nada más…

La resumo en una frase:

“Y si el infierno te quemó…”, pues yo creo y presupongo que el infierno nos quema a todos.

No. 4.

Rehenes (de Calamaro)

De las más recientes de Andrés Calamaro, me fascina la vos de este tipo porque es pésima. Es un borracho, inculto, irreverente, arrogante, reventado y maleducado; quizás por eso me gusta su música, refleha todo eso y me identifico a la mitad con cada poco de ello… jaja

No es una obra maestra musical, es sólo una canción que dice:

“Entonces, era la libertad, a veces mataría por cinco minutos más” (y sí, “Cinco Minutos Más” es otra de mis canciones favoritas de siempre, aunque no esté en esta lista).

No. 5.

Las Estrellas (de Vicentico)

Mi lado cursi, romántico, abstracto y sin sentido salido de las más putas pinches películas de Disney tenía que salir en algún momento: Secreto a voces.

Esta canción es precisamente el reflejo más preciso de mis aspiraciones en la vida, es sentimentalmente mi retrato y, sí, lo admito, siempre lo he dicho: hay pocas cosas en el mundo más “cheesies” que mi personalidad.

“Quiero que sepas que te estoy buscando desde mil vidas atrás… ya te crucé tantas veces en la ciudad. Voy preguntándole a las estrellas cómo serás de verdad, dicen que cierre los ojos para soñar…”

No. 6.

Tú no sabes quién soy (de Jarabe de Palo)

Esta, por otro lado, es el contrapunto de “Las Estrellas”. Esta es la “canción de reproche”, esa que sale siempre que los cuentos no tiene finales delices. Todos tenemos una y siempre hace falta para la terapia de cantarle al resentimiento per se.

Jarabe de Palo, por cierto, es uno de mis grupos “domingueros”; esos para activarme, a medias, a las doce mediodía y justo después de despertarme en los fines de semana jaja (¿Gusto culposo dormir tanto? No lo creo).

Pero en fin, “¡Tú no sabes quién soy!”

No. 7.

Mi mejor versión (de Leiva)

La “pegajosa” de la lista. La típica canción “de chicle de menta” (que es el único tipo de chicle que me hace adicto y que no me llega a empachar).

La escucharía mil veces sólo por cantar: “No busques mi mejor versión, se la ha llevado el aire…” (LES JURO que no tengo una mejor versión y me gusto como soy)

No. 8.

Ella es bonita (de Natalia Lafourcade) (LA ÚLTIMA)

Esta es una canción que me encanta y me hace reír mucho cuando la escucho. Me hace reir, básicamente, porque es como una carta que me debieron haber escrito hace mucho tiempo y que me debieron haber entregado fotocopiada una, varias, o muchísimas veces… creo que muchísimas.

Pues sí, “Ella es bonita…”, pero la bonita no siempre es la mejor… A veces simplemente no.