Para los fiascos las chispas

(La ilusión no anuncia los factibles fracasos)

Por primera vez estoy soltero y a gusto en diciembre. En realidad, esto es algo que hasta ahora me atrevo a confesar, pero que resume perfectamente ese sentimiento mío de que nunca me haya gustado la soledad (como tampoco andar sin andar buscando a alguien)… Soy el típico caso de “Ted Mosby”. Y lo digo sin decirlo con arrepentimiento, ni mucho menos.

Por el contrario, hay algo que me parece “mágico” en esa emoción extraña y estúpida de creer que al cabo y podés encontrarte con chispas en sitios oscuros; con algo inesperado y perfecto, con una mujer que saque lo mejor de vos y todas esas estupideces… Diría que es una maldición gustosa esa de ilusionarse cada mañana por algo que no sabés si va a llegar o no.

Pero, ¿por qué escribo de esto? El caso es que he perdido esa sensación últimamente, o quizás que la siento distinto; sinceramente no lo sé. La ilusión te hace ganarte pedacitos de lotería y, como con la lotería, ganar no es siempre lo más común. La sensación de que ganar es factible es algo que contraemos como una enfermedad con el boleto. Como una enfermedad, repito.

Últimamente me pasó algo extraño con eso, creo que por fin crecí o algo por el estilo, pero el caso es que entendí las cosas de una manera distinta. Mi ilusión dejó de ser estúpida y quiero contar esa historia, simplemente porque es superación personal (o algo así, yo que sé).

Para poner las cosas en su respectivo contexto, diré que llevo seis meses de no salir en “una cita” con nadie, ni intentar nada con nadie — lo que quiera que eso signifique - y eso me pareció absurdamente curioso porque, como dije antes, soy el típico caso “Ted Mosby” (busco desesperadamente algo que ni siquiera sé que es).

Es algo más extraño de lo que nadie podría imaginar y lo juro porque soy bastante baboso con estos temas y, para peores (o mejores), conozco mujeres estúpidamente bonitas. Al menos las suficientes para siempre encontrar alguna nueva para obstinarme con ella hasta hacer que ella se obstine conmigo, de mí o que nos obstinemos juntos, pero algo ¿cambió?

Resulta que después de un megafiasco, aprendés a tener más cuidado con todo eso… eso creo.

La última vez que me precipité a algo me di cuenta del error que cometía hasta que fue verdaderamente tarde. Demasiado tarde y, claramente, una vez que pasás por el sitio de ser el villano que no supo en lo que se metía hasta que se metió hasta la cocina, no querés volver a caminar por el mismo sitio. Querés evitar tropezarte con la misma piedra; o mejor dicho, ser aplastado por ella.

Precipitarse es un problema gigante y no pensar bien las cosas puede hacernos cometer una bestialidad de errores uno tras otro y que, juntos, luego pueden amargarnos la vida o amargársela a las personas que nos rodean.

Pero, entonces, ¿Qué cambió o cómo me di cuenta de que algo cambio? Pues, hace unos días me puse a pensar en alguien: la típica persona que casi todos tenemos que es como “ese match perfecto que todos querrían ver con nosotros, entre nuestros amigos, padres y hasta nosotros mismos también” y, pues, a pesar de que, en este preciso instante, ambos estamos “disponibles”, pues no.

Yo que, en otro momento, habría caído en las ganas y no en el pensamiento, recordé que las cosas no funcionan así.

Para que entiendan el contexto: ella es una chiquilla si acaso uno o dos años menor que yo, con una educación perfecta, agradable, bonita, sincera, con unos ojos soñados y con una sonrisa que aliviría las consecuencias de una tercera guerra mundial (eso sin contar que, además, con una posible suegra que distaría de ser un martirio, sino que todo lo contrario).

- Espero que suene tan perfecta como me ha llegado a parecer -.

Pero no. El máster de la ilusión no cayó por iluso esta vez.

Verán, cuando uno se da cuenta de lo que en realidad es conocer a una persona: todo cambia. Cuando uno ha estado en la posición de decir: “Yo creí que vos me gustabas hasta que te conocí”, hastá ahí aprendés lo que de verdad implica intentar algo con la “ella” de cualquier historia.

En este caso, pues, ella es hermosa. No podría decirlo distinto ni aunque quisiera maquillar la frase, esa es la palabra que le va. Sin embargo, es un poco inmadura, todavía le gusta salir muchísimo más de lo que a mí me gusta y aún habla de ese tipo de cosas de las que uno debería aburrirse justo unos meses después de salir del cole (a ella le ha tomado más tiempo y yo, afrontemos los hechos, ya no estoy para esas cosas).

Simplemente, ella parecería una opción perfecta, como siempre que nos ilusionamos los que jugamos de ilusos, pero en realidad no lo es… Sin importar lo frío que esté diciembre, ni lo rápido que se haya recuperado mi ex de nuestra ruptura, simplemente lo sé jaja (va con filo este párrafo).

Ese es el engaño de la ilusión; a veces nos hace creer que podría existir pólvora con quien ni siquiera podríamos amarrar una bonita conversación de dos minutos y medio; o en este caso, con quien desearíamos que fuera un poquito distinta para que fuera “perfecta” y no, no se vale cambiar a nadie.

A veces, realmente, lo que tenemos es que caer en la realidad y pisar el polvo de una vez por todas, aunque eso nos joda un poco la vida (frase que me salió más acertada y explícita de lo planeado).

Cuando la veo, juro que pienso que es la mujer más indicada para mí, no mentiría con eso. No todos los días te encontrás con alguien que tu propia mamá te recuerda que existe cada vez que la ve. No sé por qué siempre he tenido esa impresión, pero siempre he sentido que tendría que pasar algo con ella en algún momento, pero ese momento no es ahora y tal vez nunca lo será.

Por más que incluso cuando he estado con alguien o cuando ella (o ambos) hemos estado en otras relaciones lo haya seguido pensando; simplemente, no hay que forzar las piezas.

El asunto es que parecer y ser son dos cosas demsiado distintas y que, aunque ella es una mujer bonita, linda, ideal, perfecta, o lo que sea… a veces hay que pensar en esos “contras” que la ilusión a veces nos borra; como el hecho de que yo no podría hablar de artículos de Upsocl, tomarme 50 fotos pa’l Face o ser famoso en Snapchat. Repito, afrontemos los hechos, yo ya no estoy para tantas pendejadas y quizás ella todavía sí… jaja

A veces crecer implica no creernos lo ideal que parece lo que todavía no es real. Todo se resumía así.
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