Tiempo de Compartir

por Martín Zurschmitten - Alumno del PFJDBA


Empecemos a charlar

Cuando somos chiquitos y pedimos que nos compartan la tijera, nos conviden una galletita o nos presten la pelota de fútbol, le preguntamos a nuestro compañeros del “cole”: ¿Me prestás…?, ¿Me convidás…?, ¿Puedo usar…? Todo esto sin olvidar, bajo ninguna circunstancia, los famosos “por favor” y “gracias”, tan amados por nuestros padres. Es indiscutible que la educación y los buenos modales son esenciales en todas las sociedades. Sin embargo, es necesario apreciar cómo estas maneras de pedir las cosas quedaron totalmente obsoletas en el mundo del Internet y la colaboración, donde compartimos información sin enterarnos, nos piden cosas personas que no conocemos, e interactuamos sin pensar en el “por favor” o “gracias”.

Este es el mundo actual, dominado por las fronteras líquidas, los territorios desconocidos y la competencia global.
Vivimos en una aldea global.

Pongámonos los sombreros
“A la cima de una montaña se puede llegar por varios caminos. Unos son más fáciles que otros, pero nadie va por todos a la vez”, Edward De Bono.

A la hora de analizar este fenómeno de la Era de la Colaboración, que a mí me gusta llamarlo “tiempo de compartir”, creo que va a ser útil y divertido utilizar el método de los seis sombreros elaborado por Edward de Bono, uno de los expertos en creatividad de mayor renombre mundial. Cada uno de los sombreros tiene un color, el cuál le da el nombre y la función:

  • Sombrero blanco: es neutro y objetivo, se relaciona con hechos objetivos y cifras.
  • Sombrero rojo: aporta el punto de vista emocional.
  • Sombrero negro: es precavido y cuidadoso, señala los puntos débiles de las ideas.
  • Sombrero amarillo: es optimista, incluye la esperanza y el pensamiento positivo.
  • Sombrero verde: indica creatividad y nuevas ideas.
  • Sombrero azul: tiene que ver con el control, los objetivos y las conclusiones.
Método de los seis sombreros según Edward de Bono.

Ahora que ya conocemos y tenemos todos los sombreros listos para usar, veamos que nos dice cada uno de ellos.


Vení con datos, hechos y cifras
“Las cifras no mienten, pero los mentirosos también usan cifras”, Anónimo.

Cuando me pongo el sombrero blanco, la motivación para investigar y encontrar hechos y números significativos que expliquen el fenómeno del compartir, sale a la luz. El hecho que las personas compartimos todo cada vez más puede parecer evidente. Sin embargo, el sombrero blanco no se conforma con eso, quiere pruebas. Un claro ejemplo de este crecimiento es la aparición de una nueva economía que mueve cada vez más gente y dinero, de la que muy pocas empresas participan: el mundo de los mercados de intercambio entre pares. Para ejemplificar esto vamos a usar viñetas, como al sombrero blanco le gusta:

  • Según The Economist, el segmento de alquiler de bienes entre pares movió US$ 26.000 millones en 2013.
  • Según WOBI, Fon, una comunidad en la que sólo con poner tu red WiFi a disposición de la misma, se consigue acceso a millones de redes en todo el mundo, ya cuenta con 8 millones de puntos de conexión en el globo.
  • La cantidad de bicicletas que se comparten en el mundo mediante sitios online es de 517.000, según WOBI.
Las Bolsas de Valores impulsan el desarrollo económico y financiero de los países.

El hecho de compartir no sólo se da entre pares, sino que también las empresas buscan involucrarse en esta realidad. Casi dos tercios de las empresas del mundo que adoptan una plataforma de tecnología social aspiran a colaborar más allá de sus propios muros, para compartir ideas e información con clientes y proveedores. Por su parte, la creciente capacidad de conectarse crea una enorme reserva de participantes: el 30% de los usuarios de Internet se manifiesta dispuesto a innovar de manera activa utilizando tecnologías sociales, es decir, interactuando con otras personas.

“Las cifras no mienten”, dice el sombrero blanco, y como mentirosos no somos, debemos reconocer que la Era de la Colaboración está presente y en crecimiento.

Yo digo lo que pienso y punto
“No somos responsables de las emociones, pero sí de lo que hacemos con ellas”, Jorge Bucay.

Ahora que tengo puesto el sombrero rojo, las cifras ya no me importan o, mejor dicho, no las voy a tener en cuenta por un momento. Como ya dijimos, es innegable que la tecnología está cambiando la forma de interactuar con los demás, de comprar y consumir bienes. Sin embargo, creo que el efecto más relevante de los avances disruptivos que se fueron dando en las últimas décadas es el planteamiento grupal y global de lo que queremos, ya no como países, sino como “planeta Tierra”.

Considero que llegamos a un punto en la historia, dónde todos y cada uno de los habitantes tenemos que ser líderes y agentes de cambio positivo en lo que nos toca.

La sustentabilidad, el medio ambiente, los grandes problemas de pobreza y desigualdades, y las guerras, son los temas que hacen replantearnos si estamos haciendo lo correcto o no, si estamos utilizando los recursos de la manera adecuada o simplemente nos preocupamos por nosotros mismos. Creo firmemente que las economías descentralizadas nos están dando la oportunidad de dejar de lado el egoísmo y pensar en el futuro como un equipo que somos. Es cierto que queda mucho, o todo, por hacer, pero la Era de la Colaboración trae consigo las economías descentralizadas, obteniendo como resultado una economía colaborativa, capaz de transformar, no sólo la calidad de vida de las personas, sino también, y más importante aún, la forma en que pensamos el futuro del mundo, entre todos, como equipo.


No todo es color de rosa
“Mi pesimismo no es sino una variedad del optimismo”, Jean Cocteau.

Todo puede parecer perfecto y maravilloso, las economías descentralizadas pueden parecer la solución a todos los problemas económicos y sociales de nuestro tiempo y, como mencioné cuando tenía puesto el sombrero rojo, la solución hasta de los problemas morales.
Sin embargo, ahora me puse el sombrero negro, y todo se volvió oscuro. Los nuevos modelos de negocios desafían cada vez más las regulaciones estatales, generando desconfianza en los organismos de control del Estado, y amenazando el rol del mismo en la economía. Un claro ejemplo de esto es el enorme vacío legal que hay, principalmente en los países en desarrollo, con respecto a Internet y el comercio electrónico.

Por otro lado, todo parece al alcance de la mano, pero nos estamos olvidando de las desigualdades económicas y sociales del mundo actual. A pesar de estar en aumento, el porcentaje de población mundial con acceso a Internet es muy bajo, por lo que el surgimiento de las economías descentralizadas puede agrandar aún más las brechas entre los que más y menos tienen.

Por último, el punto débil más relevante del “tiempo de compartir” es, sin lugar a dudas, la confianza. Una cosa es creer que un conocido nos enviará a domicilio un juego que compramos por Internet, y otra muy diferente es permitir que un extraño duerma en nuestra casa o se lleve prestado nuestro bien más valioso: el auto.

“Compartir de la manera a la que nos referimos sólo funciona cuando está la reputación de por medio”, señala Josh Felser, fundador de Freestyle Capital. “No hemos visto ningún enfoque de mercado masivo que combine intercambio y confianza distribuida”, agrega.

Saber que se puede, querer que se pueda
“Sólo se puede avanzar pensando en grande, sólo se puede triunfar mirando lejos”, Ortega y Gasset.

Ahora sí podemos pensar en positivo, ya que tenemos en nuestras cabezas el sombrero amarillo. Para realizar un mejor desarrollo de los beneficios que se obtienen en la Era de la Colaboración, voy a dividir a los “beneficiarios” en tres: individuos, empresas y sociedad.

En primer lugar, en estos tiempos, dónde todos compartimos todo, el principal beneficio para las personas es el acceso a la información. Lo único que necesitamos para alquilar una casa, comprar un libro o vender un juguete viejo es una computadora y conexión a Internet. Este acceso casi instantáneo, y la interconexión con cualquier parte del mundo se traducen en un mejoramiento en la calidad de vida de las personas. Como explica muy bien Muhammad Yunus, fundador, entre muchas otras empresas sociales, del Banco Grameen, la educación puede llegar a lugares y aldeas remotas si las familias tienen acceso a Internet y las personas comparten sus conocimientos y habilidades.

En segundo lugar, teniendo en cuenta la opinión de Jacques Bughin, las empresas cuyos modelos de negocios están centrados en las tecnologías sociales, alientan la participación de los usuarios y aceleran la innovación. Esto puede significar luego, una mejora del flujo de ideas de productos, y un impulso del rendimiento de la I&D, es decir, un aumento de la rentabilidad.

Por último, pero no por eso menos importante, los beneficios sociales consecuentes de la Era de la Colaboración son transformadores. Creo que las oportunidades de crecimiento, tanto económico como social, pueden ser impensadas si las personas trabajamos como equipo, con un objetivo en mente, y priorizando aquellas necesidades que son más importantes. En este sentido, la información compartida y las economías descentralizadas darán lugar al protagonismo de los pobres con iniciativas, de los jóvenes con ganas de cambiar el mundo, y de los emprendedores entusiasmados.

Creatividad: inteligencia divirtiéndose

“Sé el cambio que quieres ver en el mundo”, Mahatma Gandhi.

Sin lugar a dudas, los grandes cambios en la historia de la humanidad surgieron como consecuencia de un accidente o de la creatividad. Esto puede parecer exagerado o demasiado simplista, pero resulta útil para entender la importancia que tiene el desarrollo de nuevas ideas. Si queremos que el “tiempo de compartir” sea algo positivo debemos fomentar la creatividad, e incentivar aquellas ideas que pueden parecer locas en un principio, pero que también pueden ser el comienzo de un cambio, no sólo económico, sino también socio-cultural. Así, para ejemplificar, las empresas sociales son el resultado del poder creativo que tenemos los humanos, que puesto al servicio de los demás, es transformador.

“Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”, Albert Einstein.

Dos más dos, puede ser cinco
“Empieza por lo necesario, luego por lo que es posible, y te darás cuenta que estás haciendo lo imposible”, San Francisco de Asís.
En la Era de la Colaboración, hay que empezar a asumir riesgos para proyectar un futuro mejor.
Teniendo en cuenta los diversos enfoques de cada sombrero, ahora que tenemos el azul podemos plantear las conclusiones. El mundo está cambiando, y no podemos hacernos los distraídos. A pesar de que la Era de la Colaboración puede traer consigo algunas dificultades y riesgos, creo que si las personas nos comprometemos con el futuro de todos, este “tiempo de compartir” puede ser uno de los pasos finales para la consolidación y la madurez social del planeta. En este sentido, es necesario que en nuestras familias, con nuestros amigos, en nuestros trabajos, barrios, ciudades, y países, trabajemos como un equipo transformador.

Referencias:
  • De Bono, Edward. Seis sombreros para pensar. Paidós, Buenos Aires, 2013.
  • Landa, L. y Dellamea G. Hora de compartir. WOBI, Enero 2014.
  • Bughin, Jacques. Sin Fronteras. WOBI, Julio 2012.
  • Alonso, Viviana. Explosión de Conocimiento. Gestión, Octubre 2011.
  • Sacks, Danielle. Lo mío es tuyo. Gestión, Octubre 2011.
One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.