Vínculos

Que las redes sociales han facilitado que tengamos más relaciones sociales es indiscutible. Otro tema es de qué tipo son esas conexiones con aquellos que aparece de la nada y con la que acabamos teniendo un vínculo a base de mensajes y de pocos cafés. Nos consideramos amigos de gente a la que hemos visto tres veces contadas y con las que no habremos pasado más de seis o siete horas en total. Pero con las que hablamos casi todos los días durante varios momentos de una jornada, con el intercambio de rutinas de cada uno como tema principal. ¿Se pueden hacer amigos así hoy día? Yo creo que sí. Es una evolución. Nos permite ser más selectivos a la hora de elegir con quién queremos compartir nuestro tiempo, sin imposiciones sociales o familiares. Los agoreros que critican las redes para estrechar lazos suelen ser ignorantes, tecnófobos o carrozas que no dudan en decir que estamos atontados por ir mirando el móvil cuando vamos en el metro o el autobús. De los ratos que la gente lee no dicen nada. Y es que parece que antes se hablase con el que se sienta al lado de cuestiones profundísimas y que esto se lo hayan cargado los smartphones.

Pero esta inmediatez y acceso permanente al otro tiene un lado malísimo. Puedes saber en todo momento dónde, cómo, cuándo y con quién está. Si te ha dicho la verdad de lo que iba a hacer o lo que no. Vamos, que puedes identificar con facilidad si el nivel de complicidad en la relación es similar o si los intereses de cada uno van por caminos distintos. Es ese control de dobles tick azules, de última conexión o de tuits escritos mientras esperas respuesta por otro lado lo que puede socavar ese nexo. En algunas ocasiones, puede que sentir que a uno le ignoran sea injusta con respecto al otro. Y en otras, te permite abrir los ojos sobre si deberías dar tanta importancia a según qué personas. Es la magia de la inmediatez.

También hay cosas que no han cambiado en esencia, pero sí en contenido. Conozco gente que ha pasado a ignorar a otros por conseguir un trabajo cuando antes se pegaba a esos mismos en busca de ayuda. Lo de volverse gilipollas por cobrar 2.000 euros es algo que vimos muchos que estábamos en el instituto durante los años de la burbuja inmobiliaria. Pero la precariedad y la situación laboral actual provocan que ahora se te vaya la cabeza por cobrar mil. No se me ocurre mejor ejemplo para ilustrar el cambio de modelo que estamos experimentando. Luego están aquellos que te dicen lo del “a ver si quedamos”, “nos vemos pronto”, y otras coletillas habituales, pero que por más que les propones fechas y alternativas dicen que no pueden. O los de “en tanto tiempo nos vemos”, cuando se puede intuir perfectamente que es una excusa bastante mala.

Centrarte en lo que te joden esas situaciones te impide pensar en los que realmente sí valoran gastar parte de su tiempo mutuamente. Al final, si se quiere, se puede. Si alguien te quiere ver, lo vas a notar, y viceversa. Nadie ve a otro a disgusto o por compromiso (salvo en casos contados). Lo de quedar con alguien para quitártelo de en medio no es tan habitual como se suele pensar.

Es cierto que hay mucha gente a la que se aprecia y se quiere ver pero con la que surgen pocas oportunidades de encuentro. No hablo de impedimentos geográficos, que también. Simplemente por ritmos o rutinas no se coincide. Pero los dos que forman parte de ese vínculo saben perfectamente que la intención existe y que no hay desaires. Esto también existe, a pesar de lo dicho previamente. El problema es cuando una de las partes no lo siente así, y ocurre uno de los casos anteriores.

Todos hemos pecado de pasar de alguien y del “ya nos veremos”. WhatsApp puede potenciar la sensación de que estamos haciendo un desplante a otro. Es maravilloso poder hablar con alguien a quien acabas de conocer o de quien estás lejos al segundo. Es genial poder elegir tus propias amistades sin tener que pensar en si encajarán en tu grupo de amigos habitual (si lo tienes) o si gustará a tu familia. La autonomía que te da internet es uno de los regalos que nos ha dado la tecnología. Pero, al final, este control y esta capacidad de charlar al instante de los móviles y las redes también tiene sus aspectos negativos. Especialmente si mostramos reciprocidad en ciertos momentos y pasamos del todo a la nada en cuestión de días. Lo que no debería cambiar, por mucha tecnología que tengamos, es la honestidad. Y si no te interesa alguien para ni tomar un café, díselo. Así todo el mundo ahorra tiempo y preocupaciones.