ESCEPTICISMO, SEMÁNTICA Y HUMILDAD

Me apetece escribir de algo que me viene apasionando mucho de un tiempo a esta parte.

Se trata de la confrontación que se puede observar entre la medicina y las terapias complementarias o, mal llamadas, alternativas. O, más bien, la que observamos entre los partidarios de ambas.

El tema me sugiere ciertas cuestiones, como por ejemplo -¿Cuál es el motivo de dicha confrontación? ¿No es, a caso, el escepticismo de un científico, a ser posible carente de sesgo, lo que posibilita el planteamiento de nuevas hipótesis, incluso cuando estas cuestionan lo aceptado hasta la fecha? ¿No es, a caso, el desarrollo personal y de la humildad ante la vida, la motivación de la mayoría de las terapias complementarias, siendo la salud un resultado de este trabajo?-.

Pero antes de entrar en materia, quiero reafirmar mi compromiso con la verdad y con la realidad, por las que siento un amor apasionado y, eminentemente, platónico. Y no se me ocurre mejor manera de hacerlo que reconocer mi sesgo; aunque, a decir verdad, admiro la medicina y experimento con las terapias energéticas y otras complementarias -¿paradójico quizá?-.

Mi opinión al respecto, que, por otro lado, fundamento en una “siempre escasa” indagación y experimentación, es que dicha confrontación existe porque interesa. Así de simple. Por desgracia, me he topado con información de un sinfín de charlatanes y estafadores que se enfundan la capa de “chaman” con el objetivo de vender panaceas y milagros; y, por contra, un núcleo duro y obtuso, casi rocoso, de científicos que desechan, de manera automática y radical, la posibilidad de que existan fundamentos lógicos que sustenten hipótesis al rededor de todas estas terapias.

No sé si por anhelo o esperanza, diría que dicha confrontación tiene fecha de caducidad. Además, no se me ocurre una mejor manera de avanzar en el camino del entendimiento de la salud que aunando esfuerzos, con humildad e inteligencia. Otro asunto es que esto sea sencillo.

Es aquí donde cabe plantearse la situación de una manera nueva, analizando cuales serán las claves para que, el acercamiento del que hablo, se produzca.

A mi juicio, la humildad es la primera de esas claves. Se me hace fácil imaginar que muchos de los místicos, los charlatanes, sufrirán un enorme desengaño al exponerse a la evidencia y, por otro lado, que otros tantos científicos obtusos, entrarán en cólera para, a continuación, experimentar un frustrante estupor. En este sentido, apuesto a que serán aquellos que acepten ideas nuevas y sepan reconocer errores, los que lideren este cambio hacia la integración.

Esto me recuerda otra de las claves, la semántica. Valorar el verdadero significado de las palabras nos puede ayudar mucho en este cambio, acercándonos a uno de los problemas que lo impiden, la incertidumbre. Es el modo en el que gestionamos la incertidumbre, lo que aboca a muchos a presentar sus hipótesis como teorías constatadas o probadas científicamente, sin serlo realmente; y a otros, a desechar tajantemente cualquier hipótesis por ser controvertidas sin haber sido refutadas. Por ello, fijarnos en la importancia que le damos a las expresiones, nos hace posible ver la falta de seguridad y certidumbre que uno puede experimentar al plantearse cuestiones para las que no tiene respuesta, conduciéndonos a que le restemos valor a una hipótesis por llamarla así, hipótesis, o a considerarla menos importante por ser eso, una hipótesis; cuando toda evidencia científica, antes que evidencia, fue imaginada y cuestionada como tal.

Afortunadamente, sí podemos contar con investigadores abiertos a cuestionar lo actualmente aceptado y, a su vez, con expertos en las diferentes terapias complementarias suficientemente compresivos y pacientes como para otorgarle a la ciencia el tiempo y el espacio que merece.

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