La Boda del Pueblo, o la mercantilización de las emociones.

Al ver la foto donde el, de rodillas, le pide matrimonio a ella, no pude evitar sonreír. Sonreír porque a pesar de no ser un adepto de las tradiciones patriarcales, no me quedaba más que rendirme ante la representación de un amor aparentemente genuino. Entre tanta podredumbre, es refrescante ver cristalizado algo tan sublime.

Pero la sonrisa me duró poco menos de dos horas, cuando en un grupo de WhatsApp mandaron algunas imágenes relacionadas a eso. Donde ya alguien había creado cerca de una docena de cuentas de Instagram para la boda bajo el nombre de “La Boda del Pueblo”, los hashtags brotaron, y a la vez, todo tipo de marcas comerciales, grandes o pequeñas, comenzaron a unirse a la llamada celebración. De por sí los oportunistas me dejan mal sabor de boca, por eso no me los trago.

Al menos los novios van a recibir una notable cantidad de regalos y beneficios. Sin duda el lado bueno del asunto. Pero me preocupa el efecto de esta iniciativa en la sociedad. La constante mercantilizacion de las relaciones humanas es lo que nos ha llevado a mucho de lo que vemos hoy. Desde el llamado “chapeo”, hasta los atracos, pasando por la infidelidad, corrupción y todo tipo de fenómenos sociales.

Cuando se mercantilizan las cosas comienzan a tener un precio en metálico y de ahí parten varias formas de empezar a lidiar con ellas. Calcular riesgo vs beneficio. Comparar valor entre una relación u otra. Etc. con el tiempo esos esquemas de pensamiento se van reproduciendo y solidificando en la mente y el imaginario social.

Pero esa búsqueda de “eficiencia” de los mercados es anti humana. Como dice Edward Luttak: “Todo lo que valoramos en la vida humana existe en el reino de la ineficiencia — amor, familia, apego, comunidad, cultura, hábitos tradicionales, cómodos zapatos viejos.”

Todas esas cosas conllevan, de cierta forma, una pérdida, ya sea económica o física (que a la larga termina siendo económica), porque implican sacrificios de varios niveles. Por ejemplo: Haces cosas por tu pareja, que si las ves fríamente, seguramente te dejan pérdidas económicas, pero lo haces porque le quieres. Y eso te llena.

Entonces cuando tu enfoque en la vida es mercantil, comienzas a ser menos humano. Todo lo ves como una transacción de ganar o perder. Y quieres ganar.

Lo que nació de un sentimiento puro de amor entre esas dos personas, ya se está contaminando con toda esta invasion de las marcas buscando relevancia al tratar de cooptar las emociones que el amor desplegado por ellas generan en quien los ve.