Escribir pensado.

Hace mucho tiempo -tal vez a los quince años- llegué a la conclusión de que pensar no servía para nada. O bueno, si sirve; para trasnocharse, para preocuparse y para deprimirse. Dejé de pensar casi tres años, literal pensar. Eso me llevo a una amnesia significativa, cada momento que se supone importante lo perdía y se iba por una por una alcantarilla quién sabe para dónde… Hace poco volví a pensar. Pero no era tan malo como recordaba, porque tal vez lo que conjeturaba no era lo mismo. Ahora pienso en un futuro, no en el ahora -pienso que el presente es la copia barata de un libro llamado destino vendido en la esquina por diez mil pesos- pero el futuro es otra cosa. Pensar el futuro requiere tomar un cuaderno e ir escribiendo párrafos día a día; es decir, ser el propio creador del destino, no se si me haga entender. No es jugar a ser Dios, nada de eso, es más bien escribir sobre hojas y lapiceros que él junto misteriosamente para escribir algo. Y eso hago yo al pensar en un futuro; escribo y escribo… Escribo nosotros, escribo Samu.

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